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Lectura 278 de 365

Jeremías 17-18 · Salmos 63

Letra: Normal

Jeremías 17

1El pecado de Judá está escrito con un estilete de hierro, grabado con punta de diamante sobre la tabla de su corazón, en los ángulos de sus altares.

2Así sus hijos recuerdan sus altares y sus cipos bajo todo árbol frondoso, sobre elevados oteros,

3en los cabezos del campo. Todos tus haberes y tesoros voy a entregar al pillaje, por haber pecado en los cerros, en todo tu territorio.

4Haré que abandones tu tierra, la heredad que yo te otorgué; te haré esclavo de tus enemigos en un país desconocido, pues arde mi ira como fuego y va a estallar contra vosotros.

5Esto dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.

6Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita.

7Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza.

8Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto.

9Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce?

10Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones».

11Perdiz que incuba huevos ajenos es el que hace fortuna injustamente: en la flor de sus días lo abandona y acaba su vida como un necio.

12Trono de gloria, excelso desde siempre es el lugar donde se alza nuestro templo.

13Señor, esperanza de Israel, quienes te abandonan fracasan; quienes se apartan de ti quedan inscritos en el polvo por haber abandonado al Señor, la fuente de agua viva.

14Cúrame, Señor, y quedaré curado; ponme a salvo, y a salvo quedaré, pues a ti se dirige mi alabanza.

15Ellos me dicen: «¿Dónde está la palabra del Señor? ¡Que se cumpla!».

16Pero yo no te he presionado para que tú envíes desgracias; tampoco he estado deseando la llegada de un día infausto. Tú sabes lo que dicen mis labios, pues antes estuvo en tu presencia.

17No seas para mí causa de terror, tú, mi refugio en los días aciagos.

18¡Que fracasen mis perseguidores, no sea yo quien fracase! ¡Que sientan ellos terror, no sea yo el aterrado! ¡Haz que les llegue el día aciago, quebrántalos con doble quebranto!

19Esto me dijo el Señor: «Ve y ponte ante la Puerta de Benjamín, por donde entran y salen los reyes de Judá, y ante todas las puertas de Jerusalén.

20Dirás a la gente: Escuchad la palabra del Señor, reyes de Judá, todo Judá y habitantes de Jerusalén que entráis por estas puertas.

21Esto dice el Señor: Guardaos muy bien de transportar cargas en sábado y de meterlas por las puertas de Jerusalén.

22Tampoco saquéis carga alguna de vuestras casas en sábado, ni hagáis ningún tipo de trabajo. Antes bien, reconoced la santidad del sábado, tal como ordené a vuestros padres.

23Bien es verdad que ellos no escucharon ni aprendieron; al contrario, endurecieron su cerviz y no escucharon ni aprendieron la lección.

24Pero si vosotros me hacéis caso —oráculo del Señor— y no metéis cargas por las puertas de Jerusalén en sábado, si reconocéis la santidad del sábado y no realizáis en él trabajo alguno,

25entonces veréis cómo entran por las puertas de esta ciudad reyes que se sentarán en el trono de David, montados en carruajes y a lomos de caballo, acompañados de sus ministros, de la gente de Judá y de los habitantes de Jerusalén; y esta ciudad estará siempre habitada.

26Entonces llegará gente de las ciudades de Judá, del distrito de Jerusalén, del territorio de Benjamín, de la Sefelá y del Negueb a ofrecer holocaustos, sacrificios, oblaciones e incienso, y a traer víctimas de acción de gracias al templo del Señor.

27Pero, si no me hacéis caso, si no reconocéis la santidad del sábado y no dejáis de transportar cargas y de meterlas por las puertas de Jerusalén en sábado, prenderé fuego a sus puertas, un fuego inextinguible que consumirá los palacios de Jerusalén».

Jeremías 18

1Palabra que el Señor dirigió a Jeremías:

2«Anda, baja al taller del alfarero, que allí te comunicaré mi palabra».

3Bajé al taller del alfarero, que en aquel momento estaba trabajando en el torno.

4Cuando le salía mal una vasija de barro que estaba torneando (como suele ocurrir al alfarero que trabaja con barro), volvía a hacer otra vasija, tal como a él le parecía.

5Entonces el Señor me dirigió la palabra en estos términos:

6«¿No puedo yo trataros como este alfarero, casa de Israel? —oráculo del Señor—. Pues lo mismo que está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel.

7Si en algún momento hablo de arrancar, arrasar y destruir un pueblo o un reino,

8pero resulta que ese pueblo se arrepiente de su maldad, también yo desistiré del mal que pensaba hacerle.

9Y, al contrario, si hablo de construir o plantar un pueblo o un reino,

10pero resulta que ese pueblo hace lo que me parece mal y no me escucha, entonces también yo desistiré del bien que había pensado hacerle.

11Así que di a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén: “Esto dice el Señor: Yo soy el alfarero, y estoy dando forma a una desgracia y urdiendo un plan contra vosotros. Que cada cual abandone su mala conducta y mejore su proceder y sus acciones”.

12Pero seguramente te dirán: “De eso nada. Seguiremos haciendo lo que nos hemos propuesto, actuaremos según nuestro perverso y obstinado corazón”».

13Pues bien, esto dice el Señor: «Preguntad por tierras de gentiles quién escuchó cosa igual: algo espantoso ha cometido la doncella, capital de Israel.

14¿Faltará en los riscos escarpados la nieve que cae sobre el Líbano? ¿Se agotarán las aguas crecidas, las aguas frescas y corrientes?

15Pues bien, mi pueblo me ha olvidado y ofrece incienso a una nada. Tropiezan en sus caminos, en los senderos de siempre, y se aventuran por sendas, por caminos no allanados;

16y así desuelan su tierra, objeto de burla eterna; todo el que pase se espantará, se burlará moviendo la cabeza.

17Como viento solano los aventaré delante del enemigo; volveré la espalda por no verlos el día de la desgracia».

18Ellos dijeron: «Venga, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».

19Hazme caso, Señor, escucha lo que dicen mis oponentes.

20¿Se paga el bien con el mal?, ¡pues me han cavado una fosa! Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera.

21Pues entrega sus hijos al hambre, que queden a merced de la espada, y sus mujeres viudas y sin hijos; que los hombres mueran asesinados, los jóvenes acribillados en la guerra.

22Que se oigan gritos en las casas cuando envíes salteadores de improviso, pues cavaron una fosa para atraparme, escondieron trampas a mi paso.

23Señor, tú conoces muy bien sus planes homicidas contra mí. No pases por alto su crimen, no apartes de tu vista su pecado. Que caigan derribados a tus pies, atácalos cuando estalle tu cólera.

Salmo 63

1Salmo de David. Cuando estaba en el desierto de Judá.

2Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

3¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!

4Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

5Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote.

6Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

7En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti,

8porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo.

9Mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

10Pero los que intentan quitarme la vida vayan a lo profundo de la tierra;

11sean pasados a filo de espada, sirvan de pasto a los chacales.

12Mas el rey se alegrará en Dios, el que jura por él se felicitará, cuando tapen la boca a los mentirosos.