Lectura 277 de 365
Jeremías 15-16 · Salmos 62
Jeremías 15
1Me dijo el Señor: «Aunque Moisés y Samuel se presentasen ante mí, no me pondría a favor de este pueblo. ¡Échalos de mi presencia, que se vayan!
2Y si te preguntan adónde han de ir, les dices: Esto dice el Señor: El destinado a la muerte, a la muerte; el destinado a la espada, a la espada; el destinado al hambre, al hambre; el destinado al destierro, al destierro.
3Los pondré en manos de cuatro destructores —oráculo del Señor—: la espada para degollar, los perros para despedazar, las aves y las bestias para devorar y destrozar.
4Haré que sirvan de escarmiento para todos los reinos de la tierra, por culpa de Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, por todo lo que hizo en Jerusalén».
5¿Quién se apiadará de ti, Jerusalén? ¿Quién te va a compadecer? ¿Quién se desviará de su camino interesado por tu bienestar?
6Eres tú quien me has abandonado —oráculo del Señor—, quien se ha vuelto de espaldas y se ha ido. Y alargué mi mano para aniquilarte, harto ya de compadecerte.
7Los he aventado con la horquilla por todas las ciudades del país; he dejado a mi pueblo sin hijos, lo he destruido del todo, pero no han cambiado su conducta.
8Sus viudas son numerosas, más que las arenas del mar; envié contra las madres de los jóvenes devastadores a plena luz del día; precipité sobre ellos de repente sobresalto y confusión.
9La madre de siete hijos desfallece y pierde el aliento; su sol se pone en pleno día, se siente confusa y desconcertada. El resto lo entregaré a la espada de sus enemigos —oráculo del Señor—.
10¡Ay de mí, madre mía, me has engendrado para discutir y pleitear por todo el país! Ni presté ni me han prestado, en cambio, todos me maldicen.
11Dijo el Señor: —¿No te he fortalecido para bien? ¿No he intervenido en tu favor, en tiempo de apuro e infortunio, a causa de tus enemigos?
12¿Puede romperse el hierro, el hierro del norte y el bronce?
13Todos tus haberes y tesoros voy a entregar al pillaje por todo tu territorio, a causa de tus pecados.
14Te haré esclavo de tus enemigos en un país desconocido, pues arde mi ira como fuego y va a estallar contra vosotros.
15—Tú ya lo sabes, Señor: acuérdate de mí, protégeme; véngame de mis perseguidores. No por dar largas a tu ira vayan a acabar conmigo, pues soporto ultrajes por tu causa.
16Si encontraba tus palabras, las devoraba: tus palabras me servían de gozo, eran la alegría de mi corazón, y tu nombre era invocado sobre mí, Señor Dios del universo.
17No me junté con la gente amiga de la juerga y el disfrute; me forzaste a vivir en soledad, pues me habías llenado de tu ira.
18¿Por qué se ha hecho crónica mi llaga, enconada e incurable mi herida? Te has vuelto para mí arroyo engañoso de aguas inconstantes.
19Entonces respondió el Señor: —Si vuelves, te dejaré volver, y así estarás a mi servicio; si separas la escoria del metal, yo hablaré por tu boca. Ellos volverán a ti, pero tú no vuelvas a ellos.
20Haré de ti frente al pueblo muralla de bronce inexpugnable: lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte y salvarte —oráculo del Señor—.
21Te libraré de manos de los malvados, te rescataré del puño de los violentos.
Jeremías 16
1El Señor me habló en estos términos:
2«No te cases, ni tengas hijos e hijas en este lugar»,
3pues esto dice el Señor de los hijos e hijas nacidos en este lugar, de las madres que los han parido y de los padres que los engendraron en este país:
4«Tendrán una muerte miserable; no serán llorados ni sepultados. Servirán de estiércol para el campo. La espada y el hambre acabarán con ellos; sus cadáveres servirán de alimento a las aves y a las bestias».
5Esto dice el Señor: «No visites la casa donde estén de luto; no tomes parte en el duelo ni les des el pésame, pues he retirado de este pueblo mi amistad, mi amor y mi compasión —oráculo del Señor—.
6Morirán grandes y pequeños en esta tierra; no serán sepultados ni llorados; nadie se hará incisiones ni se rapará por ellos;
7nadie partirá el pan del duelo para consolar a los que lloran por los difuntos, ni les darán a beber la copa del consuelo por su padre o por su madre.
8Tampoco entres en casas donde se celebra un banquete; no te sientes a comer y beber entre los comensales.
9Pues esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Haré desaparecer de este lugar, ante vuestros ojos y en vida vuestra, la voz de la alegría y de la fiesta, la voz del novio y de la novia.
10Después, cuando hayas comunicado a este pueblo todo esto y te pregunten: “¿Por qué ha pronunciado el Señor contra nosotros esta terrible desgracia? ¿Cuál es nuestra culpa y qué pecados hemos cometido contra el Señor, nuestro Dios?”,
11les responderás: “Porque vuestros padres me abandonaron —oráculo del Señor— para irse tras dioses extranjeros, para darles culto y adorarlos; me abandonaron y no cumplieron mi ley.
12Y vosotros os habéis portado peor que vuestros padres, pues solo seguís los planes de vuestro obstinado y perverso corazón, negándoos a escucharme.
13Así que voy a arrojaros de esta tierra a otra que ni vosotros ni vuestros padres conocéis. Allí daréis culto día y noche a dioses extranjeros, pues no pienso concederos mi perdón”.
14Pero llegarán días —oráculo del Señor— en que ya no se jurará “Por vida del Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de Egipto”,
15sino “Por vida del Señor, que hizo subir a los hijos de Israel del país del norte y de todos los países por donde los dispersó”. Así es, pues yo los haré volver a su tierra, la que di a sus antepasados.
16Voy a enviar a muchos pescadores a que los pesquen —oráculo del Señor—, y después a muchos cazadores a que los cacen por montes y cerros, y por las hendiduras de las peñas.
17Mis ojos observan su conducta, no se me oculta; ni sus culpas pueden escapar a mi mirada.
18Tendrán que pagar el doble del castigo que merecen sus culpas y pecados, pues profanaron mi tierra con la carroña de sus ídolos y llenaron mi heredad de abominaciones».
19Señor, mi fuerza y fortaleza, mi refugio cuando llega el peligro. Acudirán a ti los gentiles de los confines de la tierra, y dirán: «Nuestros padres nos legaron la mentira, la vaciedad, pues son cosa inútil».
20¿Puede un hombre hacerse dioses? ¡Pero si eso no son dioses!
21Por eso voy a instruirlos; esta vez quiero mostrarles mi fuerza y mi poderío, y sabrán que soy el Señor.
Salmo 62
1Al Director. A Yedutún. Salmo de David.
2Solo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación;
3solo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré.
4¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre todos juntos, para derribarlo como a una pared que cede o a una tapia ruinosa?
5Solo piensan en derribarlo de su altura, y se complacen en la mentira: con la boca bendicen, con el corazón maldicen.
6Descansa solo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza;
7solo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré.
8De Dios viene mi salvación y mi gloria, él es mi roca firme, Dios es mi refugio.
9Pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón: Dios es nuestro refugio. (Pausa)
10Los hijos de Adán no son más que un soplo, todos los hombres, una apariencia: todos juntos en la balanza subirían más leves que un soplo.
11No confiéis en la opresión, no pongáis ilusiones en el robo; y aunque crezcan vuestras riquezas, no les deis el corazón.
12Dios ha dicho una cosa, y he escuchado dos: «Que Dios tiene el poder
13y el Señor tiene la gracia; que tú pagas a cada uno según sus obras».