Lectura 275 de 365
Jeremías 11-12 · Salmos 60
Jeremías 11
1Palabra que el Señor dirigió a Jeremías:
2—Escucha los términos de esta alianza y transmíteselos a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén.
3Les dirás: «Esto dice el Señor, Dios de Israel: Maldito quien no haga caso de los términos de esta alianza,
4que impuse a vuestros antepasados cuando los saqué de Egipto, del horno de hierro, cuando les dije: “Hacedme caso y obrad conforme a lo que os mande. Así seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios,
5y de ese modo mantendré el juramento que hice a vuestros antepasados de darles una tierra que mana leche y miel”, como sucede ahora». Yo respondí: —Así sea, Señor.
6Me dijo el Señor: «Anuncia en los poblados de Judá y en las calles de Jerusalén lo que te digo: “Escuchad los términos de esta alianza y cumplidlos.
7Ya les advertí a vuestros antepasados, cuando los hice subir de Egipto, que me hicieran caso, y hasta ahora no he dejado de repetirlo.
8Pero ellos no escucharon ni prestaron atención. Al contrario, cada cual persistió en la maldad de su mente retorcida. Por eso, les apliqué las amenazas previstas en dicha alianza que les mandé cumplir y no cumplieron”».
9Me dijo el Señor: «Se ha descubierto una conjura entre la gente de Judá y los habitantes de Jerusalén.
10Han recaído en los pecados de sus antepasados, que se negaron a obedecer mis mandatos: andan detrás de dioses extranjeros y les dan culto. La casa de Israel y la casa de Judá han roto la alianza que pacté con sus antepasados.
11Por eso, esto dice el Señor: Voy a enviarles una calamidad de la que no podrán escapar. Seguro que se quejarán, pero no pienso escucharlos.
12La gente de los poblados de Judá y los habitantes de Jerusalén acudirán a quejarse a los dioses a quienes quemaban incienso, pero no podrán salvarlos cuando llegue el desastre.
13Tenías tantos dioses como poblados, Judá; y en cada calle de Jerusalén construisteis un altar para quemar incienso a Baal.
14En cuanto a ti, no reces por este pueblo, ni insistas con gritos y súplicas, pues no pienso escucharlos cuando me invoquen en la hora del desastre».
15¿Qué hace mi amada en mi casa después de tantas maldades? ¿Crees que votos y sacrificios te van a librar de la desgracia? ¡Lo celebrarías con gritos estrepitosos!
16Olivo verde de fino fruto te puso por nombre el Señor; pero va a prenderte fuego que va a consumir tus ramas.
17El Señor del universo, que te plantó, ha decretado tu desgracia, por la maldad de la casa de Israel y de la casa de Judá, por todo lo que hicieron para irritarme, quemando incienso a Baal.
18El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó todas sus intrigas.
19Yo, como manso cordero, era llevado al matadero; desconocía los planes que estaban urdiendo contra mí: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que jamás se pronuncie su nombre».
20Señor del universo, que juzgas rectamente, que examinas las entrañas y el corazón, deja que yo pueda ver cómo te vengas de ellos, pues a ti he confiado mi causa.
21Por eso, así habla el Señor del universo a los vecinos de Anatot, que amenazan con matarme y me dicen: «Deja de profetizar en nombre del Señor, de lo contrario morirás a nuestras manos».
22En efecto, esto dice el Señor del universo: «He decidido tomarles cuentas: los jóvenes morirán a espada; sus hijos e hijas morirán de hambre.
23No les quedará ni un resto, pues voy a enviar una desgracia contra los vecinos de Anatot el año que venga a pedirles cuentas».
Jeremías 12
1Tú tienes razón, Señor, cuando discuto contigo, pero quiero proponerte un caso: ¿Por qué prosperan los malvados?, ¿por qué viven tranquilos los traidores?
2Los plantas y echan raíces, crecen y dan fruto. Estás cerca de sus labios, pero lejos de su corazón.
3Mas tú, Señor, me conoces, me examinas y has comprobado mi buena actitud hacia ti. Apártalos como a ovejas de matadero, resérvalos para el día del sacrificio.
4¿Hasta cuándo gemirá la tierra y se secará la hierba del campo? Por la maldad de sus habitantes desaparecen el ganado y las aves, pues dicen: «No ve nuestros caminos».
5Si corres con los de a pie y te cansas, ¿cómo competirás con los caballos? Si en terreno abierto te sientes inseguro, ¿qué harás en la espesura del Jordán?
6Incluso tus hermanos, tu familia, han sido contigo desleales: te van calumniando a tus espaldas. No intentes fiarte de ellos, aunque te digan buenas palabras.
7He abandonado mi casa, he desechado mi heredad, he entregado al amor de mi alma en manos de sus enemigos.
8Mi heredad se portaba conmigo como un león en la espesura que lanzaba sus rugidos contra mí. Por eso la he detestado.
9Mi heredad es cueva de hienas, con los buitres girando sobre ella. ¡Venid, fieras agrestes, venid, acercaos a comer!
10Entre tantos pastores destrozaron mi viña, pisotearon mi parcela; convirtieron mi parcela escogida en una estepa desolada.
11La dejaron desolada, yerma, y se duele desolada ante mí. ¡Todo el país desolado, y nadie se detuvo a pensarlo!
12Por todas las dunas de la estepa van llegando saqueadores: la espada del Señor devora el país de punta a punta; ¡no hay paz para nadie!
13Sembraron trigo y cardos segaron; quedaron baldados en balde. ¡Qué miseria de cosecha por la ira ardiente del Señor!
14Esto dice el Señor a todos los malos vecinos que echaron mano de la heredad que di a mi pueblo, Israel: «He decidido arrancarlos de su tierra, pero arrancaré también de en medio de ellos a la casa de Judá.
15Pero, después de haberla arrancado, volveré a compadecerme de ellos y los haré volver a su heredad, cada cual a su terruño.
16Y, si de verdad aprenden la costumbre de mi pueblo de jurar por mi nombre: “Por vida del Señor”, del mismo modo que habían enseñado a mi pueblo a jurar por Baal, los dejaré vivir entre mi pueblo.
17En cambio, arrancaré y destruiré a la nación que no me escuche —oráculo del Señor—».
Salmo 60
1Al Director. «Los lirios del testimonio». Epigrama de David. Para enseñar.
2Cuando combatió con Arán Nejaráin y con Arán Soba. Cuando volvió Joab y derrotó a doce mil de Edón en el valle de la Sal.
3Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas; estabas airado, pero restáuranos.
4Has sacudido y agrietado el país: repara sus grietas, que se desmorona.
5Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, dándole a beber un vino de vértigo.
6Diste la señal de desbandada a los que te temen, haciéndolos huir de los arcos. (Pausa)
7Para que se salven tus predilectos, que tu mano salvadora nos responda.
8Dios habló en su santuario: «Triunfante ocuparé Siquén, parcelaré el valle de Sucot;
9mío es Galaad, mío Manasés, Efraín es yelmo de mi cabeza, Judá es mi cetro;
10Moab, una jofaina para lavarme; sobre Edón echo mi sandalia, sobre Filistea canto victoria».
11Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte, quién me conducirá a Edón,
12si tú, oh Dios, nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas?
13Auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil.
14Con Dios haremos proezas, él pisoteará a nuestros enemigos.