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Lectura 273 de 365

Jeremías 7-8 · Salmos 58

Letra: Normal

Jeremías 7

1Palabra que el Señor dirigió a Jeremías:

2«Ponte a la puerta del templo y proclama allí lo siguiente: ¡Escucha, Judá, la palabra del Señor, los que entráis por esas puertas para adorar al Señor!

3Así dice el Señor del universo, Dios de Israel: “Enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, y habitaré con vosotros en este lugar.

4No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: ‘Es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor’.

5Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si juzgáis rectamente entre un hombre y su prójimo,

6si no explotáis al forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no seguís a dioses extranjeros, para vuestro mal,

7entonces habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres, desde hace tanto tiempo y para siempre.

8Mirad: Vosotros os fiáis de palabras engañosas que no sirven de nada.

9¿De modo que robáis, matáis, adulteráis, juráis en falso, quemáis incienso a Baal, seguís a dioses extranjeros y desconocidos,

10y después entráis a presentaros ante mí en este templo, dedicado a mi nombre, y os decís: ‘Estamos salvos’, para seguir cometiendo esas abominaciones?

11¿Creéis que es una cueva de bandidos este templo dedicado a mi nombre? Atención, que yo lo he visto —oráculo del Señor—.

12Andad, id a mi templo de Siló, donde habité en otro tiempo, y mirad lo que hice con él, por la maldad de Israel, mi pueblo.

13Pues ahora, por haber cometido tales acciones —oráculo del Señor—, porque os hablé sin cesar y no me escuchasteis, porque os llamé y no me respondisteis,

14haré con el templo dedicado a mi nombre, en el que confiáis, y con el lugar que di a vuestros padres y a vosotros, lo mismo que hice con Siló:

15os arrojaré de mi presencia, como arrojé a vuestros hermanos, la estirpe de Efraín”.

16Y tú no intercedas por este pueblo, no supliques a gritos por ellos, no me reces, que no te escucharé.

17¿No ves lo que hacen en los pueblos de Judá y en las calles de Jerusalén?

18Los hijos recogen leña, los padres encienden lumbre, las mujeres preparan la masa para hacer tortas en honor de la reina del cielo, y para irritarme hacen libaciones a dioses extranjeros.

19¿Es a mí a quien irritan —oráculo del Señor— o más bien a sí mismos, para su confusión?

20Por eso, esto dice el Señor: “Mirad, mi ira y mi cólera se van a derramar sobre este lugar, sobre hombres y ganados, sobre el árbol silvestre y sobre el fruto del suelo, y arderán sin apagarse”.

21Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: “¡Ya podéis añadir vuestros holocaustos a vuestros sacrificios y comeros la carne!

22Cuando hice salir a vuestros padres de Egipto, nada les dije ni nada les prescribí sobre holocaustos y sacrificios.

23Esta fue la orden que les di: ‘Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien’.

24Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.

25Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro;

26pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres”.

27Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así

28les dirás: “Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”.

29Córtate la melena y tírala; entona una endecha por los calveros: el Señor ha rechazado y repudiado a la generación que excitaba su cólera.

30La gente de Judá ha hecho lo que yo detesto —oráculo del Señor—: han instalado sus abominaciones en el templo dedicado a mi nombre, y lo han profanado.

31Han construido los recintos sagrados del Tófet (que está en el valle de Ben Hinnón) para quemar en ellos a sus hijos e hijas, algo que yo no les mandé ni se me pasó por la cabeza.

32Por eso, llegan días —oráculo del Señor— en que ya no se les llamará “Tófet” ni “valle de Ben Hinnón”, sino “valle de la Matanza”, y enterrarán en el Tófet por falta de sitio.

33Los cadáveres de la gente de este pueblo servirán de pasto a las aves y a los animales carroñeros, y no habrá nadie que los espante.

34Haré que en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén enmudezcan las voces alegres de fiesta, las voces del novio y de la novia, pues todo el país quedará desolado».

Jeremías 8

1En aquel tiempo —oráculo del Señor— sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá, los de sus príncipes, sacerdotes y profetas, y los huesos de los habitantes de Jerusalén.

2Los expondrán al sol, a la luna y a todo el ejército del cielo, a quienes amaban y daban culto, a quienes seguían, consultaban y adoraban. No serán recogidos ni enterrados; quedarán como estiércol en el campo.

3Y el resto de esta raza perversa que sobreviva preferirá la muerte a la vida en todos los lugares adonde yo los disperse —oráculo del Señor del universo—.

4Diles: «Esto dice el Señor: ¿No se levanta el que cae?, ¿no regresa el que se fue?

5¿Por qué, pues, se extravía este pueblo, y Jerusalén se rebela sin tregua? Se aferran al engaño, se niegan a regresar.

6He escuchado atentamente: nadie habla como es debido, nadie se duele de su maldad diciendo: “¿Qué es lo que he hecho?”. Cada cual sigue su carrera, como caballo lanzado al ataque.

7Hasta la cigüeña en el cielo conoce el momento de emigrar; tórtolas, golondrinas y grullas barruntan el tiempo de regresar. Mi pueblo, en cambio, desconoce el orden establecido por el Señor.

8¿Cómo decís “Somos sabios, poseemos la ley del Señor” cuando resulta que la ha falseado la falsa pluma de los escribas?

9Los sabios quedarán avergonzados, asustados, serán atrapados. Si desechan la palabra del Señor, ¿de qué les servirá su sabiduría?

10Por eso, daré a otros a vuestras mujeres, vuestros campos pasarán a nuevos amos. Porque del pequeño al grande todos van tras su provecho; del profeta al sacerdote todos andan entre fraudes.

11Han curado la herida de mi pueblo, pero solo en apariencia, diciendo: “Todo va bien”, y nada iba bien.

12Tenían que estar avergonzados de tanta abominación cometida, y no fueron capaces de avergonzarse, ni siquiera conocen el pudor. Pero caerán cuando todos caigan, tropezarán cuando venga a castigarlos —dice el Señor—».

13Intento cosechar algo de ellos —oráculo del Señor—, pero no quedan uvas en la cepa ni aparecen higos en la higuera; tienen las hojas marchitas. ¡Pues les daré quien les pegue fuego!

14—¿Qué hacemos aquí tan tranquilos? Vayamos juntos a las fortalezas, y acabemos allí de una vez, pues es el Señor, nuestro Dios, quien quiere hacernos morir; nos da a beber agua envenenada, pues hemos pecado contra el Señor.

15Esperábamos paz, y nada va bien; tiempo de curación, y llega el terror.

16Se oye desde Dan resoplar de caballos, relinchar de corceles: la tierra se estremece. Llegan devorando el país con todo lo que contiene, ciudades y habitantes.

17—Yo envío contra vosotros serpientes venenosas inmunes a encantamientos, y os morderán —oráculo del Señor—.

18Me siento abrumado de dolor, veo que me falla el corazón

19al oír elevarse a lo lejos el grito angustioso de la capital: «¿No está el Señor en Sión? ¿No mora en ella su rey? (¿Por qué me irritaban con sus ídolos, con esas naderías extranjeras?).

20Pasó la cosecha, se acabó el verano, pero nosotros no estamos a salvo».

21La aflicción de la capital me tiene afligido, ando entristecido, presa del pánico.

22¿No queda bálsamo en Galaad?, ¿no quedan médicos por allí? ¿Pues por qué continúa enconada la herida de la capital de mi pueblo?

23¡Ojalá mi cabeza se hiciera fuente y mis ojos fueran manantial de lágrimas para llorar de día y de noche a las víctimas de la capital de mi pueblo!

Salmo 58

1Al Director. «No destruyas». Epigrama de David.

2¿De verdad, poderosos, emitís sentencias justas?, ¿juzgáis equitativamente a los humanos?

3¡No!, que cometéis crímenes a conciencia imponiendo en la tierra la violencia de vuestras manos.

4Se pervirtieron los malvados desde el vientre materno, los mentirosos se extraviaron desde el seno.

5Tienen veneno como veneno de serpiente, de víbora sorda que se tapa el oído,

6para no oír la voz del encantador, del experto hacedor de hechizos.

7Oh Dios, rómpeles los dientes en la boca; quiebra, Señor, los colmillos a los leones.

8Que se evaporen como agua que fluye, que se marchiten como hierba que se pisa.

9Sean como limaco que se deslíe al deslizarse; como aborto de mujer, que no llega a ver el sol.

10Antes de que echen espinas, como la zarza verde o quemada, arrebátelos el vendaval.

11Goce el justo viendo la venganza, bañe sus pies en la sangre del malvado;

12y la gente dirá: «¡El justo cosecha su fruto; sí, hay un Dios que juzga en la tierra!».