Lectura 272 de 365
Jeremías 5-6 · Salmos 57
Jeremías 5
1Recorred las calles de Jerusalén, mirad bien y averiguad, buscad por todas sus plazas, a ver si encontráis a alguien capaz de obrar con justicia, que vaya tras la verdad, y yo lo perdonaré.
2Pero dicen: «¡Por vida del Señor!» y en realidad juran en falso.
3Tú velas, Señor, por la verdad, los heriste y no les afectó, los destrozaste y no se corrigieron; endurecieron su cara como roca, se resistieron a volver a ti.
4Pensaba: «Serán los pobres, se comportan sin malicia: desconocen lo que quiere el Señor, lo que espera de ellos su Dios.
5Voy a dirigirme a los principales, pues conocen lo que quiere el Señor, lo que espera de ellos su Dios». ¡Pero habían quebrado el yugo, habían arrancado las correas!
6Por eso, los atacará el león de la selva, un lobo estepario los va a destrozar, un leopardo acechará por sus ciudades: todo el que salga será destrozado por haber acumulado rebeldías y haber amontonado apostasías.
7¿Cómo te podría perdonar? Tus hijos me han abandonado, juran por los que no son dioses; después de haberlos saciado, se han convertido en adúlteros, amigos de frecuentar el lupanar.
8Son caballos lustrosos, sin freno, que relinchan tras la mujer del vecino.
9¿Y no he de pediros cuentas? —oráculo del Señor—; a un pueblo que actúa de ese modo, ¿no le he de dar su merecido?
10Subid por las hileras de la viña, destruid, pero no aniquiléis; podéis arrancar sus sarmientos, pues ya no son del Señor.
11¡Qué bien han sabido traicionarme la casa de Judá y la de Israel! —oráculo del Señor—.
12Han renegado del Señor, andan diciendo: «No es nadie; no nos alcanzará la desgracia, ni espada ni hambre veremos.
13Sus profetas solo son viento, no tienen palabra del Señor».
14Pues esto dice el Señor, Dios del universo: —Por haber hablado así, así les va a suceder: haré que sean mis palabras igual que fuego en tu boca; el pueblo será la leña, todos serán consumidos.
15Voy a traer contra vosotros, gente de la casa de Israel, una nación lejana —oráculo del Señor—; una nación que no merma, una nación con solera, nación cuya lengua ignoras, y no entiendes lo que dicen.
16Sus flechas siembran la muerte, son guerreros aguerridos.
17Comerán tu cosecha y tu pan, comerán a tus hijos e hijas, comerán tus vacas y ovejas, comerán tus viñas e higueras; a espada destruirán las fortalezas, esas en que tanto confías.
18Sin embargo, en aquellos días —oráculo del Señor— no os exterminaré por completo.
19Y si te preguntan: «¿Por qué nos ha tratado así el Señor, nuestro Dios?», les dices en mi nombre: «Del mismo modo que me abandonasteis para servir a dioses extranjeros en vuestra tierra, así serviréis a gente extranjera en una tierra que no es vuestra».
20Anunciad esto a la casa de Jacob y haced que lo sepan en Judá:
21—Oíd bien lo que voy a decir, gente insensata, sin juicio (tienen ojos y no ven, oídos, pero no escuchan):
22¿Es que a mí no me teméis?, ¿no tembláis en mi presencia? —oráculo del Señor—. Yo puse la arena como límite al mar, una frontera que jamás traspasará; se agitan las aguas, pero son impotentes, mugen sus olas, pero no lo traspasan.
23En cambio, este pueblo tiene corazón indócil y rebelde; se apartan de mí, se van,
24y son incapaces de pensar: «Temamos al Señor, nuestro Dios, que nos da la lluvia temprana y la lluvia tardía, a su tiempo. Él ha asignado las semanas necesarias para el tiempo de la siega».
25Todo esto lo han cambiado vuestras culpas, vuestros pecados os privan de la lluvia,
26pues abundan los canallas en mi pueblo, al acecho, como quien pone lazos; y cazan hombres con trampas.
27Como un cesto repleto de aves, sus casas rebosan de fraudes. Así prosperan y se enriquecen,
28engordan y se ponen lustrosos. También rebosan malicia, no juzgan conforme a derecho, desatienden la causa del huérfano, no defienden el derecho del pobre.
29¿Y no he de pediros cuentas? —oráculo del Señor—; a un pueblo que actúa de ese modo, ¿no le he de dar su merecido?
30Algo espantoso y horrible está ocurriendo en el país:
31los profetas profetizan en falso, los sacerdotes actúan en su provecho, y a mi pueblo le agradan estas cosas. ¿Qué haréis cuando llegue el final?
Jeremías 6
1¡Huid, benjaminitas, de Jerusalén! Tocad la trompeta en Técoa, izad la bandera en Betaqueren, que llega del norte un desastre, se cierne una ruina imponente.
2A un pastizal delicioso puede compararse Sión;
3allí entran pastores y rebaños, plantan sus tiendas en torno y pasta cada cual en su porción.
4¡Declaradle la guerra santa! ¡Ataquémosla en pleno mediodía! ¡Ay de nosotros, que el día declina y se alargan las sombras de la tarde!
5¡Adelante, ataquemos de noche, arrasemos todos sus alcázares!
6Que esto dice el Señor del universo: «Talad árboles, construid un talud contra Jerusalén: es una ciudad condenada, repleta toda de opresión.
7Como guarda el agua una cisterna, así guarda ella su maldad: se oyen atropellos y rapiñas, soy testigo de golpes y heridas.
8Aprende la lección, Jerusalén, no sea que me aparte de ti, no sea que te deje desolada, convertida en lugar deshabitado».
9Esto dice el Señor del universo: —Rebusca en el resto de Israel como en una viña los racimos; pasa tu mano por los pámpanos, lo mismo que un vendimiador.
10—¿A quién me voy a dirigir, a quién conjurar y que escuchen? Tienen el oído incircunciso, son incapaces de entender; se mofan de la palabra del Señor porque ya no les agrada.
11¡Y estoy lleno de la ira del Señor, me siento incapaz de contenerla! —Derrámala sobre los niños en la calle, también sobre los grupos de jóvenes; que alcance a hombres y a mujeres, a adultos junto con ancianos.
12Sus casas pasarán a extraños, junto con campos y mujeres, pues voy a extender mi mano contra los habitantes de esta tierra —oráculo del Señor—.
13—Es que del pequeño al grande todos van tras su provecho; del profeta al sacerdote todos andan entre fraudes.
14Han curado la herida de mi pueblo, pero solo en apariencia, diciendo: «Todo va bien», y nada iba bien.
15Tenían que estar avergonzados de tanta abominación cometida, y no fueron capaces de avergonzarse, ni siquiera conocen el pudor. Pero caerán cuando todos caigan, tropezarán cuando venga a castigarlos —dice el Señor—.
16Esto dice el Señor: Paraos en los caminos a mirar, preguntad por las rutas antiguas: dónde está el buen camino y seguidlo, y así encontraréis reposo. Pero dijeron: «No lo seguiremos».
17Entonces os di centinelas: «¡Atención al toque de trompeta!», pero ellos dijeron: «Ni caso».
18Por tanto, naciones, escuchad, sabed lo que va a ocurrir;
19escucha también tú, tierra, la desgracia que traigo a este pueblo: el fruto de sus maquinaciones, pues no escucharon mis palabras, no atendieron mis advertencias.
20¿A qué me traes incienso de Saba, caña aromática de tierras lejanas? No me agradan vuestros holocaustos, no me complacen vuestros sacrificios.
21Por eso dice el Señor: «Pondré a este pueblo obstáculos de modo que tropiecen en ellos los padres junto con sus hijos, que perezcan vecinos y amigos».
22Esto dice el Señor: Viene un ejército del norte, se despierta una nación poderosa allá por los confines de la tierra.
23Van armados de arco y jabalina, son crueles, no tienen compasión. Sus gritos son un mar encrespado, cabalgan a lomos de corceles, formados como un solo hombre para atacarte, Sión capital.
24Al oír la noticia, nos fallaron las fuerzas; la angustia nos oprime, dolor de parturienta.
25No salgáis al campo ni andéis por caminos, la espada enemiga siembra todo de terror.
26Capital de mi pueblo, vístete de saco, acuéstate en ceniza; haz duelo como por un hijo único, un llanto amargo, pues llegará de improviso nuestro devastador.
27Te nombro examinador de mi pueblo para que pruebes y examines su conducta.
28Todos son rebeldes y difamadores, bronce y hierro de mala calidad.
29Sopla el fuelle, y el fuego va consumiendo el plomo; pero en vano refina el fundidor: no se desprende la escoria.
30Los llaman plata de desecho, pues el Señor los ha desechado.
Salmo 57
1Al Director. «No destruyas». Epigrama de David. Cuando, huyendo de Saúl, se escondió en la cueva.
2Misericordia, Dios mío, misericordia, que mi alma se refugia en ti; me refugio a la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad.
3Invoco al Dios altísimo, al Dios que hace tanto por mí.
4Desde el cielo me enviará la salvación, confundirá a los que ansían matarme; (Pausa) enviará Dios su gracia y su lealtad.
5Estoy echado entre leones devoradores de hombres; sus dientes son lanzas y flechas, su lengua es una espada afilada.
6Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria.
7Han tendido una red a mis pasos, para que sucumbiera; me han cavado delante una fosa, pero han caído en ella. (Pausa)
8Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. Voy a cantar y a tocar:
9despierta, gloria mía; despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
10Te daré gracias ante los pueblos, Señor; tocaré para ti ante las naciones:
11por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza las nubes.
12Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria