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Lectura 267 de 365

Isaías 61-62 · Salmos 52

Letra: Normal

Isaías 61

1El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad;

2para proclamar un año de gracia del Señor, un día de venganza de nuestro Dios, para consolar a los afligidos,

3para dar a los afligidos de Sión una diadema en lugar de cenizas, perfume de fiesta en lugar de duelo, un vestido de alabanza en lugar de un espíritu abatido. Los llamarán «robles de justicia», «plantación del Señor, para mostrar su gloria».

4Reconstruirán sobre ruinas antiguas, pondrán en pie los sitios desolados de antaño, renovarán ciudades devastadas, lugares desolados por generaciones.

5Extranjeros serán pastores de vuestros rebaños, forasteros, vuestros labradores y viñadores.

6Vosotros os llamaréis «Sacerdotes del Señor», dirán de vosotros: «Ministros de nuestro Dios». Comeréis la opulencia de los pueblos, y tomaréis posesión de sus riquezas.

7A cambio de vuestra vergüenza, obtendrán una porción doble; poseerán el doble en su país, y gozarán de alegría perpetua.

8Porque yo, el Señor, amo la justicia, detesto la rapiña y el crimen; les daré su salario fielmente y haré con ellos un pacto perpetuo.

9Su estirpe será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos. Los que los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor.

10Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha puesto un traje de salvación, y me ha envuelto con un manto de justicia, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.

11Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Isaías 62

1Por amor a Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha.

2Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor.

3Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.

4Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi predilecta», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá un esposo.

5Como un joven se desposa con una doncella, así te desposan tus constructores. Como se regocija el marido con su esposa, se regocija tu Dios contigo.

6Sobre tus murallas, Jerusalén, he puesto centinelas: no callarán ni de día ni de noche. Los que se lo recordáis al Señor no os concedáis descanso,

7no le concedáis descanso hasta que establezca Jerusalén y hasta que haga de ella la admiración de la tierra.

8El Señor lo ha jurado por su diestra, y por su brazo poderoso: no volveré a entregar tu trigo para que se lo coma tu enemigo, ni beberán los extranjeros tu vino, por el cual te esforzaste.

9Los que cosechan lo comerán y alabarán al Señor, los que vendimian lo beberán en mis atrios sagrados.

10Pasad, pasad por los portales, despejad el camino del pueblo, allanad, allanad la calzada, limpiadla de piedras.

11El Señor hace oír esto hasta el confín de la tierra: «Decid a la hija de Sión: Mira a tu salvador, que llega, el premio de su victoria lo acompaña, la recompensa lo precede».

12Los llamarán «Pueblo santo», «Redimidos del Señor», y a ti te llamarán «Buscada», «Ciudad no abandonada».

Salmo 52

1Al Director. Poema de David.

2Cuando Doeg, el edomita, comunicó a Saúl: «David se ha ido a la casa de Ajimélec».

3¿Por qué te glorías de la maldad y te haces fuerte en el delito?

4Estás todo el día maquinando injusticias, tu lengua es navaja afilada, autor de fraudes;

5prefieres el mal al bien, la mentira a la honradez; (Pausa)

6prefieres las palabras corrosivas, lengua embustera.

7Pues Dios te destruirá para siempre, te abatirá y te barrerá de tu tienda; arrancará tus raíces del suelo vital. (Pausa)

8Lo verán los justos, y temerán, y se reirán de él:

9«Mirad al valiente que no puso en Dios su apoyo, confió en sus muchas riquezas, se insolentó en sus crímenes».

10Pero yo, como verde olivo, en la casa de Dios, confío en la misericordia de Dios por siempre jamás.

11Te daré siempre gracias porque has actuado; proclamaré delante de tus fieles: «Tu nombre es bueno».