Lectura 266 de 365
Isaías 59-60 · Salmos 51
Isaías 59
1La mano del Señor no es tan débil que no pueda salvar, ni su oído tan duro que no pueda oír.
2No, son vuestras culpas las que os han separado de vuestro Dios; vuestros pecados ocultan su rostro, para que no os oiga.
3Vuestras manos están manchadas de sangre, vuestros dedos de crímenes; vuestros labios profieren mentiras, vuestra lengua susurra maldad.
4Nadie promueve una causa con justicia, nadie es juzgado con honestidad. Ponen su confianza en la anarquía y hablan sin argumentos.
5Cascan huevos de serpiente y tejen telarañas; quien come de esos huevos, muere, cuando los aprietan, de ellos salen víboras.
6Sus telas no son para vestidos, sus tejidos no pueden cubrir. Sus obras son obras criminales, violencia es el producto de sus manos.
7Sus pies corren hacia el mal, tienen prisa por derramar sangre inocente; sus proyectos son proyectos criminales, desolación y ruina acompañan sus caminos.
8No conocen el camino de la paz, el derecho está ausente de sus sendas, hacen tortuosos sus senderos, quien por ellos camina no conoce la paz.
9Por eso está lejos de nosotros el derecho y la justicia no nos alcanza; esperamos la luz, llega la oscuridad; esperamos claridad y marchamos en tinieblas.
10Tentamos el muro como ciegos, como gente sin vista, tropezamos en pleno día como al anochecer, en medio de los sanos estamos como muertos.
11Gruñimos como osos, gemimos como palomas; esperamos en la justicia, ¡pero nada!, en la salvación, y está lejos de nosotros.
12Porque son muchas nuestras transgresiones contra ti, nuestros pecados testimonian contra nosotros, nos acompañan nuestros delitos, y reconocemos nuestras culpas:
13fuimos rebeldes e infieles al Señor, hemos vuelto la espalda a nuestro Dios y hemos proyectado opresión y revuelta, concebimos y meditamos engaños en nuestro corazón.
14Se ha tergiversado el derecho, lejana queda la justicia. La honestidad tropieza en la plaza, la rectitud no tiene acceso.
15Falta la honestidad: quien se aparta del mal queda arruinado. Todo esto ha visto el Señor y no soporta que ya no haya justicia.
16El Señor ha visto consternado que nadie interviene. Su poder lo socorre, su justicia lo apoya.
17Se pone la justicia como armadura, la salvación como yelmo, se viste la túnica de la venganza, y se cubre con el manto de la indignación.
18A cada uno pagará su merecido: furor para sus adversarios, represalia para sus enemigos. A las islas dará su merecido.
19Temerán los de Occidente el nombre del Señor, los de Oriente su gloria, porque viene como un torrente el enemigo, empujado por el soplo del Señor.
20Pero el Señor llega como libertador para Sión y para quienes abandonan su rebelión en Jacob —oráculo del Señor—.
21Este es mi pacto con ellos —dice el Señor—: Mi espíritu, que está sobre ti, mis palabras que puse en tu boca, no se apartarán de tu boca, de la boca de tu descendencia, ni de la boca de la progenie de tu descendencia —dice el Señor—, desde ahora y para siempre.
Isaías 60
1¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!
2Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti.
3Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
4Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos.
5Entonces lo verás y estarás radiante; tu corazón se asombrará, se ensanchará, porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti, y a ti llegan las riquezas de los pueblos.
6Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá. Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.
7Reunirán para ti los rebaños de Cadar; los carneros de Nebayot te servirán para el sacrificio; subirán a mi altar como ofrenda agradable, y llenaré de esplendor la casa de mi gloria.
8¿Quiénes son esos que vuelan como nubes y como palomas a sus palomares?
9Son navíos de las costas que esperan, en cabeza las naves de Tarsis, para traer a tus hijos de lejos, con su plata y su oro, en homenaje al Señor, tu Dios, al Santo de Israel, que te colma de esplendor.
10Extranjeros reconstruirán tus murallas y sus reyes te servirán; si te castigué en mi cólera, en mi benevolencia tengo compasión de ti.
11Tendrán tus puertas siempre abiertas, ni de día ni de noche se cerrarán, para que traigan a ti la riqueza de los pueblos, guiados por sus reyes.
12La nación y el reino que no te sirvan perecerán, esos pueblos serán devastados.
13Vendrá a ti el orgullo del Líbano, el ciprés, el olmo y el abeto, para embellecer mi santuario y ennoblecer mi estrado.
14Los hijos de tus opresores vendrán a ti humillados, se postrarán a tus pies los que te despreciaban, y te llamarán «Ciudad del Señor», «Sión del Santo de Israel».
15Aunque abandonada, aborrecida y solitaria, haré de ti el orgullo de los siglos, la delicia de las generaciones.
16Mamarás la leche de los pueblos, mamarás al pecho de los reyes; y sabrás que yo soy el Señor, tu salvador, que tu libertador es el Fuerte de Jacob.
17En lugar de bronce, te traeré oro, en vez de hierro, plata; en vez de madera, bronce, y en vez de piedra, hierro; te daré la paz por magistrado y como gobernante la justicia.
18No se oirá hablar de violencias en tu tierra, de ruina o destrucción en tus fronteras; tu muralla se llamará «Salvación», y tus puertas, «Alabanza».
19Ya no será el sol tu luz de día, ni te alumbrará la claridad de la luna, será el Señor tu luz perpetua y tu Dios tu esplendor.
20Tu sol ya no se pondrá, ni menguará tu luna, porque el Señor será tu luz perpetua: se cumplirán los días de tu luto.
21En tu pueblo todos serán justos, por siempre poseerán la tierra: es el brote que yo he plantado, la obra de mis manos, para mi gloria.
22El más pequeño crecerá hasta un millar, y el más modesto se hará un pueblo poderoso. Yo soy el Señor: a su debido tiempo apresuro los plazos.
Salmo 51
1Al Director. Salmo de David.
2Cuando el profeta Natán lo visitó, después de haberse unido aquel a Betsabé.
3Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa;
4lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
5Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado.
6Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad en tu presencia. En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente.
7Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.
8Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría.
9Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.
10Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados.
11Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.
12Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
13No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
14Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso.
15Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.
16Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia.
17Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
18Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
19El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú, oh Dios, tú no lo desprecias.
20Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén:
21entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos.