Lectura 265 de 365
Isaías 57-58 · Salmos 50
Isaías 57
1Perece el inocente sin que nadie haga caso. Desaparecen los hombres fieles y nadie advierte que la maldad acaba con el justo;
2pero él alcanzará la paz. Reposan en sus lechos quienes proceden rectamente.
3Acercaos, vosotros, hijos de hechiceras, estirpe del adúltero y de la prostituta.
4¿De quién os burláis? ¿A quién hacéis muecas y sacáis la lengua? ¿No sois vosotros hijos ilegítimos, prole bastarda,
5que os dais a la lujuria entre los robles, bajo cualquier árbol frondoso, que sacrificáis a vuestros hijos en las torrenteras y entre las grietas de las rocas?
6Entre las piedras lisas del torrente está tu herencia, ellas, ellas son tu destino, pues sobre ellas derramaste libaciones y presentaste ofrendas. ¿Puedo tener compasión de tales cosas?
7En los altos de un monte elevado colocabas tu lecho; hasta allí subías a ofrecer sacrificios.
8Detrás de la puerta y de las jambas escondiste el recuerdo de tu historia. Prescindiendo de mí te desnudabas, subías hasta tu lecho y lo hacías más amplio; te ponías de acuerdo con ellos, amabas su lecho, admirabas su fuerza, prodigando tus perfumes
9peregrinaste hasta Moloc. Despachaste tus mensajeros a distancia, los hiciste bajar hasta el abismo.
10Te agotabas con tantos desvaríos, pero no dijiste: «No hay esperanza». Encontrabas nuevo vigor y no desfalleciste.
11¿Por qué estabas ansiosa, a quién temías para renegar de mí, para no acordarte de mí ni tenerme en cuenta? ¿Acaso porque he callado largo tiempo ya no me temes?
12Pero yo denunciaré cuál es tu justicia y cuáles son tus obras. De nada te servirá tu colección de ídolos.
13¡Que vengan a salvarte cuando grites! A todos se los llevará el viento, un soplo los arrebatará. Mas para quien se refugia en mí, el país será su patrimonio, mi santa montaña, su heredad.
14Allanad, allanad, despejad el camino, quitad todo tropiezo del camino de mi pueblo.
15Porque esto dice el Alto y Excelso, que vive para siempre y cuyo nombre es «Santo»: Habito en un lugar alto y sagrado, pero estoy con los de ánimo humilde y quebrantado, para reanimar a los humildes, para reanimar el corazón quebrantado.
16No estaré en pleito perpetuo, ni me irritaré por siempre, porque ante mí sucumbirían el espíritu y el aliento que he creado.
17Por su pecado de codicia me irrité y lo castigué; me oculté, me indigné. Pero él se rebeló y siguió sus caminos preferidos.
18Yo he visto sus caminos, pero lo voy a curar: lo consolaré, lo resarciré con consuelo, a él y a los que hacen duelo.
19Creo la paz como fruto de los labios: «Paz al que está lejos y al que está cerca» —dice el Señor—, y lo curaré.
20Los malvados son como el mar borrascoso, que no puede calmarse: sus aguas remueven cieno y lodo.
21«No hay paz para los malvados» —dice mi Dios—.
Isaías 58
1Grita a pleno pulmón, no te contengas; alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados.
2Consultan mi oráculo a diario, desean conocer mi voluntad. Como si fuera un pueblo que practica la justicia y no descuida el mandato de su Dios, me piden sentencias justas, quieren acercarse a Dios.
3«¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?» En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores;
4ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos. No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.
5¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor?
6Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos,
7partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos.
8Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor.
9Entonces clamarás al Señor y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: «Aquí estoy». Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia,
10cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía.
11El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos. Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan.
12Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán «reparador de brechas», «restaurador de senderos», para hacer habitable el país.
13Si detienes tus pasos el sábado, para no hacer negocios en mi día santo, y llamas al sábado «mi delicia» y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras, evitando viajes, dejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos,
14entonces encontrarás tu delicia en el Señor. Te conduciré sobre las alturas del país y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre. Ha hablado la boca del Señor.
Salmo 50
1Salmo de Asaf. El Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca la tierra de oriente a occidente.
2Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:
3viene nuestro Dios, y no callará. Lo precede fuego voraz, lo rodea tempestad violenta.
4Desde lo alto convoca cielo y tierra para juzgar a su pueblo:
5«Congregadme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio».
6Proclame el cielo su justicia; Dios en persona va a juzgar. (Pausa)
7«Escucha, pueblo mío, voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; —yo soy Dios, tu Dios—.
8No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí.
9Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños.
10Pues las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes;
11conozco todos los pájaros del cielo, tengo a mano cuanto se agita en los campos.
12Si tuviera hambre, no te lo diría; pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
13¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos?
14Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo
15e invócame el día del peligro: yo te libraré, y tú me darás gloria».
16Dios dice al pecador: «¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza,
17tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?
18Cuando ves un ladrón, corres con él; te mezclas con los adúlteros;
19sueltas tu lengua para el mal, tu boca urde el engaño.
20Te sientas a hablar contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre;
21esto haces, ¿y me voy callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara.
22Atención los que olvidáis a Dios, no sea que os destroce sin remedio.
23El que me ofrece acción de gracias, ese me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios».