Lectura 264 de 365
Isaías 55-56 · Salmos 49
Isaías 55
1Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero: comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche.
2¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.
3Inclinad vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, las misericordias firmes hechas a David:
4lo hice mi testigo para los pueblos, guía y soberano de naciones.
5Tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti; porque el Señor tu Dios, el Santo de Israel te glorifica.
6Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca.
7Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.
8Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos —oráculo del Señor—.
9Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes.
10Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come,
11así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo.
12Saldréis con alegría, os llevarán seguros; montes y colinas romperán a cantar ante vosotros, aplaudirán los árboles del campo.
13En vez de espinos, crecerá el ciprés; en vez de ortigas, el arrayán; serán el renombre del Señor y monumento perpetuo imperecedero.
Isaías 56
1Esto dice el Señor: «Observad el derecho, practicad la justicia, porque mi salvación está por llegar, y mi justicia se va a manifestar.
2Dichoso el hombre que obra así, el mortal que persevera en esto, que observa el sábado sin profanarlo y preserva su mano de obrar el mal.
3El extranjero que se ha unido al Señor no diga: “El Señor me excluirá ciertamente de su pueblo”. No diga el eunuco: “Yo soy un árbol seco”.
4Porque esto dice el Señor: A los eunucos que observan mis sábados, que eligen cumplir mi voluntad y mantienen mi alianza,
5les daré en mi casa y dentro de mis murallas un monumento y un nombre mejores que hijos e hijas, un nombre eterno que no será extirpado.
6A los extranjeros que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que observan el sábado sin profanarlo y mantienen mi alianza,
7los traeré a mi monte santo, los llenaré de júbilo en mi casa de oración; sus holocaustos y sacrificios serán aceptables sobre mi altar; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos».
8Oráculo del Señor, que reúne a los dispersos de Israel: «Todavía congregaré a otros, además de los ya reunidos».
9Bestias del campo, venid a comer, bestias todas de la selva.
10Los guardianes están ciegos, no se dan cuenta de nada: perros mudos, incapaces de ladrar, vigías perezosos con ganas de dormir,
11perros voraces que no se sacian. ¡Y ellos son los pastores, que no comprenden nada! Cada cual va por su camino, cada uno a su ganancia.
12«Venid, yo traigo vino, nos embriagaremos con licores. Mañana será como hoy. Hay provisión abundante».
Salmo 49
1Al Director. Salmo de los hijos de Coré.
2Oíd esto, todas las naciones; escuchadlo, habitantes del orbe:
3plebeyos y nobles, ricos y pobres.
4Mi boca hablará sabiamente, mi corazón meditará con prudencia;
5prestaré oído al proverbio y propondré mi problema al son de la cítara.
6¿Por qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen y acechen los malvados,
7que confían en su opulencia y se jactan de sus inmensas riquezas,
8si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate?
9Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará
10para vivir perpetuamente sin bajar a la fosa.
11Mirad: los sabios mueren, lo mismo que perecen los ignorantes y necios, y legan sus riquezas a extraños.
12El sepulcro es su morada perpetua y su casa de edad en edad, aunque hayan dado nombre a países.
13El hombre no perdura en la opulencia, es semejante a las bestias, que perecen.
14Este es el camino de los confiados, el destino de los hombres satisfechos: (Pausa)
15son un rebaño para el abismo, la muerte es su pastor, y bajan derechos a la tumba; se desvanece su figura, y el abismo es su casa.
16Pero a mí, Dios me salva, me arranca de las garras del abismo. (Pausa)
17No te preocupes si se enriquece un hombre y aumenta el fasto de su casa:
18cuando muera, no se llevará nada, su fasto no bajará con él.
19Aunque en vida se felicitaba: «Ponderan lo bien que lo pasas»,
20irá a reunirse con la generación de sus padres, que no verán nunca la luz.
21El hombre rico e inconsciente es semejante a las bestias, que perecen.