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Lectura 262 de 365

Isaías 51-52 · Salmos 47

Letra: Normal

Isaías 51

1Escuchadme, los que vais tras la justicia, los que buscáis al Señor: Mirad la roca de donde os tallaron, la cantera de donde os extrajeron.

2Mirad a Abrahán, vuestro padre; a Sara, que os dio a luz: cuando os llamé, era uno, pero lo bendije y lo multipliqué.

3El Señor consuela a Sión, consuela todas sus ruinas: convertirá su desierto en un edén, su yermo en jardín del Señor; allí habrá gozo y alegría, acción de gracias al son de instrumentos.

4Escuchadme, naciones; pueblos, prestadme oído, pues de mí saldrá la ley y estableceré mi derecho para luz de los pueblos.

5Mi triunfo está cercano, llega mi salvación, mi brazo regirá a los pueblos: las islas lejanas esperan en mí, ponen su esperanza en mi poder.

6Levantad vuestros ojos al cielo, mirad abajo, hacia la tierra: el cielo se desvanece como el humo, la tierra se consume como un vestido, sus habitantes mueren como langostas, pero mi salvación dura por siempre, mi justicia no tendrá fin.

7Escuchadme, los que conocéis lo que es recto, el pueblo que conserva mi ley en su corazón: no temáis la afrenta de los hombres, no desmayéis por sus ultrajes:

8pues la polilla los roerá como un vestido, como los gusanos roen la lana; pero mi justicia dura por siempre, mi salvación de edad en edad.

9¡Despierta, despierta, revístete de fuerza, brazo del Señor, despierta como antaño, en las antiguas edades! ¿No eres tú quien destrozó el monstruo y traspasó al dragón?

10¿No eres tú quien secó el mar, las aguas del gran océano, el que hizo un camino en la profundidad del mar para que pasaran los redimidos?

11Volverán los rescatados del Señor, entrarán en Sión con cánticos de júbilo, alegría perpetua a la cabeza, siguiéndolos, gozo y alegría; pena y aflicción se alejarán.

12Yo, yo soy quien os consuela. ¿Por qué temes a un mortal que perece, a un hombre que pasa como la hierba,

13te olvidas del Señor que te ha hecho, que despliega los cielos y pone el fundamento de la tierra? ¿Por qué tiemblas sin tregua cada día ante el furor del opresor dispuesto a destruirte? ¿Qué se hizo del furor del opresor?

14Se apresuran a liberar al cautivo: no morirá en la fosa, no le faltará el pan.

15Yo soy el Señor, tu Dios, que agita el mar y braman sus olas. Mi nombre es Señor todopoderoso.

16Yo he puesto mis palabras en tu boca, te cubrí con la sombra de mi mano: extiendo los cielos, pongo el fundamento de la tierra y digo a Sión: tú eres mi pueblo.

17¡Despierta, despierta, ponte en pie, Jerusalén!, que bebiste de la mano del Señor la copa de su ira, apuraste hasta las heces el cáliz de vértigo.

18No hay nadie que la sustente entre los hijos que dio a luz, nadie que la lleve de la mano entre los hijos que crió.

19Te han sucedido estos dos males, ¿quién te compadece? Saqueo y ruina, hambre y espada, ¿quién te consuela?

20Desfallecen y yacen tus hijos en los rincones de todas las calles, como antílope en la red, llenos de la ira del Señor, de la amenaza de tu Dios.

21Por eso, escucha, desdichada; borracha, y no de vino.

22Esto dice el Señor, tu Dios, que defiende la causa de su pueblo: «Yo quito de tu mano la copa del vértigo, no volverás a beber el cáliz de mi ira.

23Lo pondré en la mano de tus verdugos, de los que te decían: “Dóblate, que pasemos por encima”; y tú presentaste la espalda como suelo, como calzada para los transeúntes».

Isaías 52

1¡Despierta, despierta, vístete de tu fuerza, Sión; vístete el traje de gala, Jerusalén, ciudad santa!, porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros.

2Sacúdete el polvo, ponte en pie, Jerusalén cautiva; desata las cuerdas de tu cuello, Sión cautiva.

3Porque esto dice el Señor: «Por nada fuisteis vendidos, sin precio seréis rescatados».

4Porque esto dice el Señor, Dios: «Al principio mi pueblo emigró a Egipto para habitar allí como extranjero. Sin motivo lo oprimió Asiria.

5Pero ahora, ¿qué hago yo aquí? —oráculo del Señor—. Se han llevado a mi pueblo por nada, sus opresores dan gritos de triunfo —oráculo del Señor— y ultrajan mi nombre sin cesar.

6Por eso, mi pueblo reconocerá mi nombre. Un día sabrá que era yo quien decía “Estoy aquí”».

7Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!».

8Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión.

9Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.

10Ha descubierto el Señor su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.

11¡Partid, partid, salid de allí! ¡No toquéis nada impuro! ¡Salid de ella, purificaos los que lleváis los vasos del culto!

12No saldréis deprisa, ni vuestra marcha será una fuga, porque delante de vosotros marcha el Señor, el Dios de Israel en la retaguardia.

13Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.

14Como muchos se espantaron de él porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano,

15así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y comprender algo inaudito.

Salmo 47

1Al Director. Salmo de los hijos de Coré.

2Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo;

3porque el Señor altísimo es terrible, emperador de toda la tierra.

4Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones;

5él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado. (Pausa)

6Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas:

7tocad para Dios, tocad; tocad para nuestro Rey, tocad.

8Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría.

9Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.

10Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán; porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso.