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Lectura 261 de 365

Isaías 49-50 · Salmos 46

Letra: Normal

Isaías 49

1Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre.

2Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba

3y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».

4Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». En realidad el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios.

5Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza:

6«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

7Así dice el Señor, redentor y Santo de Israel, al despreciado, al aborrecido de las naciones, al esclavo de los tiranos: «Te verán los reyes, y se alzarán; los príncipes, y se postrarán; porque el Señor es fiel, porque el Santo de Israel te ha elegido».

8Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas,

9para decir a los cautivos: “Salid”, a los que están en tinieblas: “Venid a la luz”. Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas;

10no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua.

11Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán.

12Miradlos venir de lejos; miradlos, del Norte y del Poniente, y los otros de la tierra de Sin.

13Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados».

14Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado».

15¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.

16Mira, te llevo tatuada en mis palmas, tus muros están siempre ante mí.

17Se apresuran los que te reconstruyen; tus destructores, los que te arrasaban, se alejan de ti.

18Alza tus ojos en torno y mira: todos se reúnen, vienen hacia ti. Por mi vida —oráculo del Señor—, a todos los llevarás como vestido precioso, te los ceñirás como una novia.

19Porque tus ruinas, tus lugares desolados, tu país destruido resultarán estrechos para tus habitantes, mientras se alejarán los que te devoraban.

20Los hijos que dabas por perdidos te dirán otra vez: «Este lugar es estrecho para mí, hazme sitio para establecerme».

21Y tú pensarás para tus adentros: «¿Quién me engendró a estos? Si yo no tengo hijos y soy estéril; si he estado desterrada y repudiada, ¿quién me los ha criado? Me habían dejado sola, ¿de dónde salen estos?».

22Esto dice el Señor: «Mira, alzo mi mano hacia las naciones, levanto mi estandarte hacia los pueblos: traerán a tus hijos en brazos, tus hijas serán llevadas a hombros.

23Sus reyes serán tus ayos; sus princesas, tus nodrizas; se postrarán ante ti, rostro en tierra, lamerán el polvo de tus pies y sabrás que yo soy el Señor, que no defraudo a quien confía en mí.

24¿Se le puede quitar la presa a un soldado, se le escapa su prisionero al vencedor?

25Pues esto dice el Señor: Aunque quiten el prisionero a un soldado y se escape la presa al vencedor, yo mismo defenderé tu causa, yo mismo salvaré a tus hijos.

26Tus opresores comerán su propia carne, se embriagarán de su sangre como de vino; y todos sabrán que yo soy el Señor, tu salvador, y que tu libertador es el Fuerte de Jacob».

Isaías 50

1Esto dice el Señor: «¿Dónde está el acta de repudio con que despedí a vuestra madre? ¿O a cuál de mis acreedores os he vendido? Mirad, por vuestras culpas fuisteis vendidos, por vuestros crímenes fue repudiada vuestra madre.

2¿Por qué, cuando yo vine, no había nadie, y nadie respondió cuando llamé? ¿Tan corto es mi brazo que no puede liberaros? ¿No tengo yo poder para salvaros? Pues con una amenaza seco el mar y convierto los ríos en desierto. Los peces apestan por falta de agua y mueren de sed.

3Yo visto de luto el cielo, lo cubro de sayal».

4El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.

5El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.

6Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

7El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

8Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos, ¿quién me acusará? Que se acerque.

9Mirad, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará? Mirad, todos se consumen como un vestido, los roe la polilla.

10Quien de vosotros teme al Señor y escucha la voz de su siervo, aunque camine en tinieblas, sin ninguna claridad, que confíe en el nombre del Señor, que se apoye en su Dios.

11Todos vosotros que atizáis el fuego y os ceñís con flechas incendiarias, caed en la hoguera de vuestro fuego, entre las flechas que habéis encendido. Esto recibiréis de mi mano: yacer en el tormento.

Salmo 46

1Al Director. De los hijos de Coré. «Sobre las doncellas». Cántico.

2Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro.

3Por eso no tememos aunque tiemble la tierra, y los montes se desplomen en el mar.

4Que hiervan y bramen sus olas, que sacudan a los montes con su furia: el Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. (Pausa)

5Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

6Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora.

7Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan; pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

8El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. (Pausa)

9Venid a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra:

10pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe, rompe los arcos, quiebra las lanzas, prende fuego a los escudos.

11«Rendíos, reconoced que yo soy Dios: más alto que los pueblos, más alto que la tierra».

12El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. (Pausa)