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Lectura 260 de 365

Isaías 47-48 · Salmos 45

Letra: Normal

Isaías 47

1Cae abatida sobre el polvo, virgen hija de Babilonia; siéntate en tierra, sin trono, hija de los caldeos: ya no te volverán a llamar tierna y delicada.

2Toma el molino y muele la harina, quítate el velo, recoge tu vestido, descubre las piernas para atravesar los ríos.

3Que se descubra tu desnudez, que vean tus vergüenzas. Tomaré venganza y nadie intercederá.

4Nuestro libertador, cuyo nombre es el Señor todopoderoso, es el Santo de Israel.

5Siéntate y calla, entre las tinieblas, hija de los caldeos: ya no te volverán a llamar señora de reinos.

6Me había enfurecido contra mi pueblo, había profanado mi heredad y la entregué en tus manos: no tuviste compasión de ellos.

7Abrumaste con tu yugo a los ancianos, diciéndote: «Seré señora por siempre jamás», sin considerar todo esto, sin imaginar su desenlace.

8Pues ahora escúchalo, lasciva, que reinabas confiada, y te decías: «Yo y nadie más. No me quedaré viuda, no me quitarán a mis hijos».

9Las dos cosas te sucederán de repente, el mismo día: la privación de tus hijos y la viudez te llegarán juntas a pesar de tus muchas brujerías y del poder de tus conjuros.

10Te sentías segura en tu maldad, te decías: «Nadie me ve»; tu sabiduría y tu ciencia te han trastornado, mientras pensabas: «Yo y nadie más».

11Pues vendrá sobre ti una desgracia que no sabrás conjurar; caerá sobre ti un desastre que no podrás aplacar. Vendrá sobre ti de repente una catástrofe que no sospechabas.

12Insiste en tus conjuros, en tus muchas brujerías, por las cuales te esforzaste desde joven; quizá podrás aprovecharlas, quizá te espantarás.

13Te agotaste con tantos consejeros: que se presenten y te salven los que conjuran el cielo y contemplan las estrellas, los que presagian cada mes lo que te va a suceder.

14Mira, son como paja que consume el fuego, no pueden librarse del poder de las llamas: no son brasas para calentarse, ni lumbre para sentarse enfrente.

15En eso acabó la gente con que tratabas, por quienes te afanaste desde joven: cada uno errante por su lado, y no hay quien te salve.

Isaías 48

1Escuchad esto, casa de Jacob, que lleváis el nombre de Israel, que nacisteis de las fuentes de Judá, que juráis por el nombre del Señor e invocáis al Dios de Israel, pero sin verdad ni rectitud

2—toman el nombre de la ciudad santa y pretenden apoyarse en el Dios de Israel, cuyo nombre es «Señor todopoderoso»—.

3Desde antiguo anuncié los hechos primeros: salieron de mi boca, los proclamé, en un instante actué y se cumplieron.

4Porque sé que eres obstinado, que tu cerviz es un tendón de hierro y tu frente de bronce,

5por eso te lo anuncié desde antiguo, lo proclamé antes de que ocurriera, para que no dijeras: «Mi ídolo los ha hecho, mi imagen tallada y mi estatua fundida lo han ordenado».

6Has escuchado todo esto, ¿no lo anunciarás? Te hago oír desde ahora cosas nuevas, secretos que no conocías.

7Solo ahora son creadas, no desde antiguo, ni antes de hoy; no las habías oído y no puedes decir: «Ya lo sabía».

8Ni lo habías oído ni lo sabías. Desde antiguo te habías hecho el sordo. Yo sé lo traidor que eres y que te llaman «rebelde de nacimiento».

9Por mi nombre contengo mi cólera, por mi honor la reprimo para no aniquilarte.

10Te he purificado, pero no como la plata; te puse a prueba en el crisol de la desgracia.

11Por mí, por mí lo hago: ¿por qué habría de ser profanado mi nombre? Y mi gloria no la cedo a nadie.

12Escúchame, Jacob; Israel, a quien llamé: yo soy, yo soy el primero y yo soy el último.

13Mi mano cimentó la tierra, mi diestra desplegó el cielo; cuando yo los llamo se presentan juntos.

14Reuníos todos y escuchad: ¿quién de ellos ha anunciado estas cosas? El Señor lo ama: él cumplirá su designio sobre Babilonia y la estirpe de los caldeos.

15Yo mismo le he hablado y yo lo he llamado, lo he traído y su empresa tendrá éxito.

16Acercaos a mí y escuchad esto: «Desde el comienzo no he hablado en el secreto y desde que todo esto sucede, allí estoy yo». Y ahora el Señor Dios me envía con su fuerza.

17Esto dice el Señor, tu libertador, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir.

18Si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río, tu justicia como las olas del mar,

19tu descendencia como la arena, como sus granos, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido aniquilado, ni eliminado de mi presencia».

20¡Salid de Babilonia, huid de los caldeos! Anunciadlo con gritos de júbilo, publicadlo y proclamadlo hasta el confín de la tierra. Decid: el Señor ha rescatado a su siervo Jacob.

21Los llevó por la estepa y no pasaron sed: hizo brotar agua de la roca, hendió la roca y brotó agua.

22«No hay paz para los malvados» —dice el Señor—.

Salmo 45

1Al director. Sobre «los lirios…». Poema de los hijos de Coré. Cántico de amor.

2Me brota del corazón un poema bello, recito mis versos a un rey; mi lengua es ágil pluma de escribano.

3Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia, el Señor te bendice eternamente.

4Cíñete al flanco la espada, valiente: es tu gala y tu orgullo;

5cabalga victorioso por la verdad, la mansedumbre y la justicia, tu diestra te enseñe a realizar proezas.

6Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden, se acobardan los enemigos del rey.

7Tu trono, oh Dios, permanece para siempre, cetro de rectitud es tu cetro real;

8has amado la justicia y odiado la impiedad: por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

9A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos, desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.

10Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

11Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna;

12prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor.

13La ciudad de Tiro viene con regalos, los pueblos más ricos buscan tu favor.

14Ya entra la princesa, bellísima, vestida de perlas y brocado;

15la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes, la siguen sus compañeras:

16las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real.

17«A cambio de tus padres tendrás hijos, que nombrarás príncipes por toda la tierra».

18Quiero hacer memorable tu nombre por generaciones y generaciones, y los pueblos te alabarán por los siglos de los siglos.