Lectura 259 de 365
Isaías 45-46 · Salmos 44
Isaías 45
1Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro: «Yo lo he tomado de la mano, para doblegar ante él las naciones y desarmar a los reyes, para abrir ante él las puertas, para que los portales no se cierren.
2Yo iré delante de ti, allanando señoríos; destruiré las puertas de bronce, arrancaré los cerrojos de hierro;
3te daré los tesoros ocultos, las riquezas escondidas, para que sepas que yo soy el Señor, el Dios de Israel, que te llamo por tu nombre.
4Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título de honor, aunque no me conocías.
5Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios. Te pongo el cinturón, aunque no me conoces,
6para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro,
7el que forma la luz y crea las tinieblas; yo construyo la paz y creo la desgracia. Yo, el Señor, realizo todo esto.
8Cielos, destilad desde lo alto la justicia, las nubes la derramen, se abra la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia. Yo, el Señor, lo he creado.
9¡Ay del que pleitea con su artífice, siendo una vasija entre otras tantas! ¿Acaso le dice la arcilla al alfarero: “Qué estás haciendo. Tu obra no vale nada”?
10¡Ay del que le dice al padre: “¿Qué has engendrado?”, o a la mujer: “¿Qué has dado a luz?”!
11Esto dice el Señor, el Santo de Israel, su artífice: “¿Me pediréis cuenta de lo que le ocurre a mis hijos? ¿Me daréis órdenes sobre la obra de mis manos?
12Yo hice la tierra y creé sobre ella al hombre, mis propias manos desplegaron el cielo, y doy órdenes a todo su ejército.
13Yo lo he suscitado en justicia y allano todos sus caminos: él reconstruirá mi ciudad y hará volver a mis cautivos sin precio ni rescate” —dice el Señor todopoderoso—».
14Esto dice el Señor: «Los trabajadores de Egipto, los mercaderes de Etiopía, los esbeltos sabeos, pasarán a tu poder y te pertenecerán; marcharán detrás de ti, caminarán encadenados, se postrarán y te suplicarán: “Es verdad, Dios está entre vosotros y no hay otro, no hay más dioses.
15Es verdad: tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador”».
16Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual, se van avergonzados los fabricantes de ídolos;
17mientras el Señor salva a Israel con una salvación perpetua, para que no se avergüencen ni se sonrojen nunca jamás.
18Así dice el Señor, creador del cielo —él es Dios—, él modeló la tierra, la fabricó y la afianzó, no la creó vacía, sino que la formó habitable: «Yo soy el Señor, y no hay otro».
19No te hablé a escondidas, en un país tenebroso, no dije a la estirpe de Jacob: «Buscadme en el vacío». Yo soy el Señor que pronuncia sentencia y declara lo que es justo.
20Reuníos, venid, acercaos juntos, supervivientes de las naciones. No discurren los que llevan su ídolo de madera y rezan a un dios que no puede salvar.
21Declarad, aducid pruebas, que deliberen juntos: ¿Quién anunció esto desde antiguo, quién lo predijo desde entonces? ¿No fui yo, el Señor? —No hay otro Dios fuera de mí—. Yo soy un Dios justo y salvador, y no hay ninguno más.
22Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra, pues yo soy Dios, y no hay otro.
23Yo juro por mi nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra irrevocable: «Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua»; dirán:
24«Solo el Señor tiene la justicia y el poder». A él vendrán avergonzados los que se enardecían contra él;
25Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Isaías 46
1Se desploma Bel, se encorva Nebo, sus imágenes van cargadas sobre bestias. Los objetos que transportáis son una carga abrumadora para los animales agotados:
2se encorvan y desploman, no pueden liberarse de su carga, ellos mismos marchan al destierro.
3Escuchadme, casa de Jacob, resto de la casa de Israel, con quienes cargué desde el seno materno, a quienes llevé desde las entrañas.
4Hasta vuestra vejez yo seré el mismo, hasta que tengáis canas os sostendré; así he actuado, así seguiré actuando, yo os sostendré y os libraré.
5¿A quién me podéis comparar o igualar? ¿A quién parangonarme, de modo que seamos semejantes?
6Hay quienes dilapidan el oro de su bolsa y pesan plata en la balanza; pagan a un orfebre para que les haga un dios, se postran y lo adoran.
7Se lo cargan a hombros, lo transportan; donde lo ponen, allí se queda; no se mueve de su sitio. Por mucho que le griten, no responde, ni los salva del peligro.
8Recordadlo y meditadlo, reflexionad, rebeldes,
9recordad el pasado. Desde siempre yo soy Dios; no hay otro dios, ni hay nadie como yo.
10Desde el comienzo yo anuncio el futuro; de antemano, lo que aún no ha sucedido. Digo: «Mi designio se cumplirá, realizo lo que quiero».
11Del Oriente llamo a un ave de rapiña, de tierra lejana, al hombre que realice mi designio. Lo he dicho, haré que ocurra, lo he dispuesto y lo realizaré.
12Escuchadme, corazones obstinados, que estáis lejos de la liberación.
13Yo aproximo mi justicia, no está lejos, mi salvación no se pospone, concedo a Sión la salvación y mi honor a Israel.
Salmo 44
1Al Director. Poema de los hijos de Coré.
2Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron, nuestros padres nos lo han contado: la obra que realizaste en sus días, en los años remotos.
3Tú mismo con tu mano desposeíste a los gentiles, y los plantaste a ellos; trituraste a las naciones, y los hiciste crecer a ellos.
4Porque no fue su espada la que ocupó la tierra, ni su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro, porque tú los amabas.
5Mi rey y mi Dios eres tú, que das la victoria a Jacob:
6con tu auxilio embestimos al enemigo, en tu nombre pisoteamos al agresor.
7Pues yo no confío en mi arco, ni mi espada me da la victoria;
8tú nos das la victoria sobre el enemigo y derrotas a nuestros adversarios.
9Dios ha sido siempre nuestro orgullo, y siempre damos gracias a tu nombre. (Pausa)
10Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas, y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
11nos haces retroceder ante el enemigo, y nuestro adversario nos saquea.
12Nos entregas como ovejas de matanza y nos has dispersado por las naciones.
13Vendes a tu pueblo por nada y no te enriqueces con su precio.
14Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean;
15nos has hecho el refrán de los gentiles, nos hacen muecas las naciones.
16Tengo siempre delante mi deshonra, y la vergüenza me cubre la cara
17al oír insultos e injurias, al ver a mi rival y a mi enemigo.
18Todo esto nos viene encima, sin haberte olvidado ni haber violado tu alianza,
19sin que se volviera atrás nuestro corazón ni se desviaran de tu camino nuestros pasos.
20Y tú nos arrojaste a un lugar de chacales y nos cubriste de tinieblas.
21Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios y extendido las manos a un dios extraño,
22el Señor lo habría averiguado, pues él penetra los secretos del corazón.
23Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.
24Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más.
25¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión?
26Nuestra alma se hunde en el polvo, nuestro vientre está pegado al suelo.
27Levántate a socorrernos, redímenos por tu misericordia.