Lectura 258 de 365
Isaías 43-44 · Salmos 43
Isaías 43
1Y ahora esto dice el Señor, que te creó, Jacob, que te ha formado, Israel: «No temas, que te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío.
2Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo, la corriente no te anegará; cuando pases por el fuego, no te quemarás, la llama no te abrasará.
3Porque yo, el Señor, soy tu Dios; el Santo de Israel es tu salvador. Entregué Egipto como rescate, Etiopía y Saba a cambio de ti,
4porque eres precioso ante mí, de gran precio, y yo te amo. Por eso entrego regiones a cambio de ti, pueblos a cambio de tu vida.
5No temas, porque yo estoy contigo. Desde Oriente traeré a tu estirpe, te reuniré desde Occidente.
6Diré al Norte: devuélvelo, y al Sur: no lo retengas. Haz venir a mis hijos desde lejos, y a mis hijas del extremo de la tierra,
7a todos los que llevan mi nombre, a los que creé para mi gloria, a los que he hecho y he formado.
8Saca afuera a un pueblo que tiene ojos, pero está ciego, que tiene oídos, pero está sordo.
9Que todas las naciones se congreguen y todos los pueblos se reúnan. ¿Quién de entre ellos podría anunciar esto, o proclamar los hechos antiguos? Que presenten sus testigos para justificarse, que los oigan y digan: es verdad.
10Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—, y también mi siervo, al que yo escogí, para que sepáis y creáis y comprendáis que yo soy Dios. Antes de mí no había sido formado ningún dios, ni lo habrá después.
11Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay salvador.
12Yo lo anuncié y os salvé; lo anuncié y no hubo entre vosotros dios extranjero. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—: yo soy Dios.
13Lo soy desde siempre, y nadie se puede liberar de mi mano. Lo que yo hago ¿quién podría deshacerlo?
14Esto dice el Señor, vuestro libertador, el Santo de Israel: por vosotros he enviado una expedición a Babilonia, he traído a todos los fugitivos y a los caldeos que se glorían en sus naves.
15Yo soy el Señor, vuestro Santo, el creador de Israel, vuestro rey.
16Esto dice el Señor, que abrió camino en el mar y una senda en las aguas impetuosas;
17que sacó a batalla carros y caballos, la tropa y los héroes: caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue.
18«No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?
19Abriré un camino en el desierto, corrientes en el yermo.
20Me glorificarán las bestias salvajes, chacales y avestruces, porque pondré agua en el desierto, corrientes en la estepa, para dar de beber a mi pueblo elegido,
21a este pueblo que me he formado para que proclame mi alabanza.
22Pero tú no me invocabas, Jacob, porque te cansaste de mí, Israel.
23No me ofreciste tus ovejas en holocausto ni me honraste con tus sacrificios. Yo no te agobié exigiéndote ofrendas ni te cansé pidiéndote incienso.
24Pero tú no me compraste caña aromática, ni me has satisfecho con la grasa de tus sacrificios. Al contrario, me has agobiado con tus pecados, me has cansado con tus culpas.
25Yo, soy yo quien por mi cuenta cancelo tus crímenes y olvido tus pecados.
26Hazme recordar y discutiremos, cuenta tu versión para justificarte.
27Pecó tu primer padre, tus jefes se rebelaron contra mí.
28Por eso traté como impíos a los jerarcas del santuario, entregué a Jacob al exterminio y a Israel a los ultrajes».
Isaías 44
1«Ahora escucha, Jacob, siervo mío, Israel, mi elegido.
2Esto dice el Señor que te hizo, que te formó en el vientre y te auxilia: No temas, siervo mío, Jacob, a quien corrijo, mi elegido;
3derramaré agua sobre el suelo sediento, arroyos en el páramo; derramaré mi espíritu sobre tu estirpe y mi bendición sobre tus vástagos.
4Brotarán como en un prado, como sauces a la orilla de los ríos.
5Uno dirá: “Soy del Señor”; otro se pondrá por nombre “Jacob”; uno escribirá sobre su mano: “Del Señor”, lo llamarán con respeto “Israel”».
6Esto dice el Señor, rey de Israel, su libertador, el Señor todopoderoso: «Yo soy el primero y yo soy el último, fuera de mí no hay dios.
7¿Quién es como yo? Que lo proclame, lo declare y lo demuestre. ¿Quién anunció desde antiguo lo que acontecería? Que anuncien lo que aún debe venir.
8No tembléis, no tengáis miedo. ¿No lo había anunciado yo? ¿No lo había proclamado desde antiguo? Vosotros sois mis testigos: ¿Hay un dios fuera de mí? ¡No hay otra Roca! No la conozco».
9Cuantos modelan ídolos no son nada, sus imágenes predilectas no sirven a nadie. Sus testigos no ven ni comprenden, por eso quedarán en ridículo.
10¿Quién modela un dios o funde una imagen si no va a ganar nada?
11Todos sus secuaces quedarán en ridículo, porque sus artífices no son sino hombres. Que se reúnan todos para comparecer: temblarán y quedarán avergonzados.
12El herrero cincela el hierro y lo trabaja en las brasas, lo forja a golpes de martillo, lo modela con su brazo vigoroso, aunque esté hambriento y sin fuerzas, no pueda beber agua y desfallezca.
13El tallista lo mide con la cuerda, lo diseña con un marcador, lo trabaja con la hachuela, lo delinea con el compás: le da figura de hombre, belleza humana, para que habite en una casa.
14Para ello corta cedros, o escoge un ciprés o una encina que se ha vuelto fuerte entre los árboles del bosque; o planta un cedro que la lluvia hace crecer.
15La gente lo quema y con ello se calienta, o hace fuego para cocer el pan, o se fabrica un dios y lo adora, lo convierte en una imagen y se postra ante ella.
16Una mitad la quema para brasas, sobre las brasas asa la carne, se la come y se sacia, se calienta y dice: «¡Ah, qué bien! Siento el calor, veo el rescoldo».
17Con lo que queda se hace un dios, una imagen, se postra ante él, lo adora y reza: «Sálvame, porque tú eres mi dios».
18No entienden ni disciernen, porque sus ojos están pegados, incapaces de ver, sus mentes, incapaces de comprender.
19No reconsidera ni tiene inteligencia ni buen sentido como para decir: «Una mitad la he quemado para brasas, he cocido el pan sobre las ascuas, he asado la carne y la he comido. ¿Y voy a convertir el resto en una abominación, me postraré ante un trozo de leño?».
20El corazón engañado extravía a quien se satisface con cenizas. No se salvará, no llegará a decir: «¿No es un engaño lo que tengo en mano?».
21Acuérdate de todo esto, Jacob, porque tú eres mi siervo, Israel. Te he formado como siervo mío; Israel, no me defraudes.
22He disipado como una nube tus rebeliones, como niebla tus pecados. Vuelve a mí, yo te he rescatado.
23Exultad, cielos, porque el Señor ha actuado, aclamad, profundidades de la tierra, romped en gritos de júbilo, montañas, el bosque con todos sus árboles, porque el Señor ha rescatado a Jacob, ha manifestado su gloria en Israel.
24Esto dice el Señor, tu libertador, que te ha formado desde el seno materno: «Yo soy el Señor, que hace todas las cosas. Despliego los cielos por mí mismo, pongo los fundamentos de la tierra, ¿y quién me ayuda?
25Yo hago fracasar los presagios de los adivinos y pongo en ridículo a los agoreros; hago volver a los sabios sobre sus pasos y convierto su ciencia en necedad.
26Confirmo la palabra de mi siervo y realizo el plan de mis mensajeros. Digo de Jerusalén: “Será habitada”, de las ciudades de Judá: “Serán reconstruidas”. Yo mismo levantaré sus ruinas.
27Digo al océano: “Vuélvete árido”, yo secaré tus corrientes.
28Digo a Ciro: “Tú eres mi pastor”, y él cumplirá todo mi designio. Digo de Jerusalén: “Será reconstruida”, y del templo: “Pondrán sus fundamentos”».
Salmo 43
1Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa contra gente sin piedad, sálvame del hombre traidor y malvado.
2Tú eres mi Dios y protector, ¿por qué me rechazas?, ¿por qué voy andando sombrío, hostigado por mi enemigo?
3Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada.
4Me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría, y te daré gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío.
5¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué gimes dentro de mí? Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío».