Lectura 257 de 365
Isaías 41-42 · Salmos 42
Isaías 41
1Callad ante mí, islas; cobren fuerza las naciones, que se acerquen a hablar, comparezcamos juntos a juicio.
2¿Quién lo ha suscitado desde Oriente? ¿Quién convoca la victoria a su paso, le entrega los pueblos, le somete los reyes? Su espada los reduce a polvo, su arco los dispersa como paja,
3los persigue y avanza seguro, sus pasos no tocan el camino.
4¿Quién ha actuado, quién lo ha hecho? Aquel que convoca las generaciones desde el comienzo, yo, Señor desde el principio, y siempre el mismo, hasta con los últimos.
5Las islas lo han visto y temen, se estremecen los confines de la tierra, se acercan y se presentan las islas y naciones.
6Se ayudan uno a otro; uno dice a su compañero: «¡Ánimo!».
7Anima el artesano al orfebre, el que forja con el martillo, al que golpea el yunque, diciendo: «¡Buena soldadura!»; y lo sujetan con clavos para que no se mueva.
8Y tú, Israel, siervo mío; Jacob, mi escogido; estirpe de Abrahán, mi amigo,
9a quien escogí de los extremos de la tierra, a quien llamé desde sus confines, diciendo: «Tú eres mi siervo, te he elegido y no te he rechazado»,
10no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortalezco, te auxilio, te sostengo con mi diestra victoriosa.
11Se avergonzarán humillados los que se enfurecían contra ti; serán aniquilados y perecerán los que pleiteaban contra ti.
12Buscarás a tus adversarios, y no podrás encontrarlos: serán aniquilados, como nada, los que te combaten.
13Porque yo, el Señor, tu Dios, te tomo por tu diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio».
14No temas, gusanillo de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio —oráculo del Señor—, tu libertador es el Santo de Israel.
15Mira, te convierto en trillo nuevo, aguzado, de doble filo: trillarás los montes hasta molerlos; reducirás a paja las colinas;
16los aventarás y el viento se los llevará, el vendaval los dispersará. Pero tú te alegrarás en el Señor, te gloriarás en el Santo de Israel.
17Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la encuentran; su lengua está reseca por la sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
18Haré brotar ríos en cumbres desoladas, en medio de los valles, manantiales; transformaré el desierto en marisma y el yermo en fuentes de agua.
19Pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos y olivares; plantaré en la estepa cipreses, junto con olmos y alerces,
20para que vean y sepan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.
21Presentad vuestro pleito, dice el Señor; aducid vuestras pruebas, dice el rey de Jacob.
22Que se acerquen y nos anuncien lo que va a suceder. Decidnos cuáles fueron las cosas primeras y prestaremos atención. O bien, anunciadnos lo que va a suceder y sabremos el desenlace.
23Manifestad lo que vendrá después, y sabremos que sois dioses. Haced al menos algo, bueno o malo, para que nos sorprendamos y lo veamos juntos.
24En fin, vosotros sois nada, y nada son vuestras obras. Elegiros es abominable.
25Yo lo he suscitado desde el norte, y él viene, desde Oriente, y él me invoca por mi nombre, pisotea a los gobernantes como barro, como apisona la arcilla el alfarero.
26¿Quién lo anunció desde el comienzo para que lo supiéramos, y de antemano, para que dijéramos: «Es así»? Pero no: ninguno anuncia, ninguno proclama y ninguno escucha vuestras palabras.
27Yo fui el primero en anunciarlo en Sión: «Mirad, helo aquí», y envié un heraldo a Jerusalén.
28Miré en torno, pero no había nadie, nadie a quien pedir consejo y que pudiera responder.
29Todos ellos no son nada, vacías son sus obras, viento y caos sus estatuas.
Isaías 42
1Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.
2No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
3La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad.
4No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.
5Esto dice el Señor, Dios, que crea y despliega los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, da el respiro al pueblo que la habita y el aliento a quienes caminan por ella:
6«Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones,
7para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas.
8Yo soy el Señor, este es mi nombre; no cedo mi gloria a ningún otro, ni mi honor a los ídolos.
9Lo antiguo ya ha sucedido, y algo nuevo yo anuncio, antes de que brote os lo hago oír».
10Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra; muja el mar y lo que contiene, las costas y sus habitantes;
11alégrese el desierto con sus tiendas, los cercados que habita Cadar; exulten los habitantes de Petra, clamen desde la cumbre de las montañas;
12den gloria al Señor, anuncien su alabanza en las costas.
13El Señor sale como un héroe, excita su ardor como un guerrero, lanza el alarido, mostrándose valiente frente al enemigo.
14«Desde antiguo guardé silencio, me callaba, aguantaba; como parturienta, grito, jadeo y resuello.
15Agostaré montes y collados, secaré toda su hierba, convertiré los ríos en yermo, desecaré los estanques;
16conduciré a los ciegos por el camino que no conocen, los guiaré por senderos que ignoran; ante ellos convertiré la tiniebla en luz, lo escabroso en llano. Esto es lo que haré y no los abandonaré.
17Retrocederán cubiertos de vergüenza los que confían en un ídolo, los que dicen a sus obras: “Vosotros sois nuestros dioses”».
18«¡Sordos, escuchad; ciegos, mirad y ved!
19¿Quién está ciego, sino mi siervo, quién es sordo como el mensajero que envío?». ¿Quién es tan ciego como aquel que ha sido castigado, tan ciego como el siervo del Señor?
20Has visto mucho y no has observado nada, has abierto los oídos, pero no has escuchado.
21El Señor se ha complacido en aquel que era humillado: ha hecho grande su salvación, magnífico su designio.
22Él era un pueblo saqueado y despojado, atrapado en cuevas, encerrado en mazmorras. Condenados al saqueo, nadie los liberaba, al despojo, y nadie protestaba.
23¿Quién de vosotros prestará oído a todo esto, y escuchará con atención en el futuro?
24¿Quién ha entregado al despojo y al saqueo a Israel? ¿Acaso no los entregó el mismo Señor contra quien hemos pecado, cuando no quisimos caminar en sus caminos y no obedecimos sus preceptos?
25Por eso derramó sobre él el ardor de su ira y el furor de la guerra, que lo envolvía con sus llamas, pero él no comprendía; lo consumía, aunque él no comprendía.
Salmo 42
1Al Director. Poema. De los hijos de Coré.
2Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío;
3mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
4Las lágrimas son mi pan noche y día, mientras todo el día me repiten: «¿Dónde está tu Dios?».
5Recuerdo otros tiempos, y desahogo mi alma conmigo: cómo entraba en el recinto santo, cómo avanzaba hacia la casa de Dios entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta.
6¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué gimes dentro de mí? Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío».
7Cuando mi alma se acongoja, te recuerdo desde el Jordán y el Hermón y el monte Misar.
8Una sima grita a otra sima con voz de cascadas: tus torrentes y tus olas me han arrollado.
9De día el Señor me hará misericordia, de noche cantaré la alabanza, la oración al Dios de mi vida.
10Diré a Dios: «Roca mía, ¿por qué me olvidas? ¿Por qué voy andando, sombrío, hostigado por mi enemigo?».
11Se me rompen los huesos por las burlas del adversario; todo el día me preguntan: «¿Dónde está tu Dios?».
12¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué gimes dentro de mí? Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío».