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Lectura 253 de 365

Isaías 33-34 · Salmos 38

Letra: Normal

Isaías 33

1¡Ay de ti, destructor que aún no has sido destruido, traidor no traicionado! Cuando hayas terminado de destruir serás destruido, cuando hayas completado tu traición, te traicionarán.

2Piedad, Señor, en ti esperamos; sé nuestra fuerza cada mañana y nuestra salvación en tiempo de angustia.

3Al oír el estruendo huyen los pueblos cuando tú te levantas, se dispersan las naciones.

4Se recoge el botín como arrasa la oruga; se abalanzan sobre él igual que las langostas.

5El Señor es excelso, porque habita en la altura; colma a Sión con derecho y con justicia.

6Tus días serán seguros. La sabiduría y el saber son su riqueza salvadora, el temor del Señor es su tesoro.

7Mirad: los valientes gritan en la calle, los mensajeros de paz lloran amargamente;

8están destruidos los caminos y ya nadie transita los senderos. Ha roto la alianza, despreciado a los testigos, no respeta a la gente.

9El país está de duelo y languidece, se avergüenza el Líbano y queda mustio, el Sarón se ha vuelto una estepa, han perdido el follaje el Basán y el Carmelo.

10«Ahora me levanto —dice el Señor—, ahora me pongo en pie, ahora me alzo.

11Concebiréis paja, daréis a luz rastrojos, os consumirá mi aliento como fuego;

12los pueblos quedarán calcinados, arderán como cardos segados.

13Los lejanos, escuchad lo que he hecho; los cercanos, reconoced mi fuerza,

14Temen en Sión los pecadores, y un temblor agarra a los perversos; “¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador, quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?”.

15El que procede con justicia y habla con rectitud, y rehúsa el lucro de la opresión, el que sacude la mano rechazando el soborno y tapa su oído a propuestas sanguinarias, el que cierra los ojos para no ver la maldad:

16ese habitará en lo alto, tendrá su alcázar en un picacho rocoso, con abasto de pan y provisión de agua».

17Contemplarán tus ojos a un rey en su esplendor y verán un país dilatado,

18y pensarás sobrecogido: «¿Dónde está el que pedía cuentas, dónde el que pesaba los tributos, dónde el que contaba las torres?».

19Ya no verás más al pueblo arrogante, ese pueblo de lenguaje oscuro e incomprensible, de lengua bárbara que no entiendes.

20Contempla a Sión, ciudad de nuestras fiestas: tus ojos verán a Jerusalén, morada segura, tienda estable, cuyas estacas no se arrancan, cuyas cuerdas no se rompen.

21Allí el Señor se muestra majestuoso: en un lugar de ríos y espaciosos canales; no los surcarán barcas de remo ni los cruzarán naves majestuosas,

22porque el Señor nos gobierna, el Señor nos da leyes, el Señor es nuestro rey, él es nuestra salvación.

23«Se aflojan tus cuerdas, no sujetan el mástil ni tensan las velas». Entonces se repartirán los despojos de un botín abundante, y hasta los cojos se darán al saqueo.

24Y ningún habitante dirá: «Estoy enfermo». Al pueblo que allí habita le ha sido perdonada su culpa.

Isaías 34

1¡Acercaos, pueblos, y escuchad! ¡Prestad atención, naciones! Escuche la tierra y cuanto contiene, el orbe y cuanto en él brota.

2Está airado el Señor contra las naciones, enfurecido contra todo su ejército. Las ha consagrado al exterminio, destinado a la masacre.

3Arrojan a sus muertos y despiden hedor sus cadáveres, se disuelven las montañas en su sangre.

4Se descompone el ejército del cielo, son enrollados los cielos como un pliego y caen las estrellas, como se marchita el follaje de la vid, como se marchitan las hojas de la higuera.

5Se ha embriagado su espada en los cielos, ahora desciende sobre Edón, contra un pueblo condenado al exterminio.

6La espada del Señor se ha cubierto de sangre, se ha impregnado de grasa, de sangre de corderos y de machos cabríos, de la grasa de entrañas de carneros: sacrificio en Bosra para el Señor, masacre en la tierra de Edón.

7Caen con ellos búfalos, novillos y toros. Se sacia su tierra con la sangre, el polvo se impregna de grasa.

8Es día de venganza para el Señor, año de desquite por la causa de Sión.

9Se convertirán en brea sus torrentes y su suelo en azufre; su tierra se convierte en brea ardiente

10que no se extingue ni de día ni de noche, y su humareda sube sin cesar. Quedará desolada por generaciones, jamás pasará nadie por allí.

11La heredarán el pelícano y el erizo, la habitarán el cuervo y la lechuza. La medirá el Señor con la cuerda de la desolación, la aplanará con el nivel del caos.

12No quedarán nobles en ella, ni proclamarán un reino; todos sus príncipes serán nada.

13Espinos crecerán en sus palacios, ortigas y cardos en sus torreones, será una morada de chacales, guarida de crías de avestruz.

14Los gatos monteses encuentran hienas, los chivos se llaman uno al otro, allí reposa Lilit y establece su morada.

15Allí la serpiente hará su nido, pondrá sus huevos y los incubará, recogerá las crías bajo su protección; también allí se reunirán los buitres, uno junto al otro.

16Buscad en el Libro del Señor y leed: ninguna de esas bestias faltará, ninguna debe buscar su pareja, porque la boca del Señor lo ha ordenado y su espíritu las reúne.

17Él ha echado las suertes para ellas, su mano establece con la cuerda los lotes, que heredarán para siempre; habitarán en ellos por generaciones.

Salmo 38

1Salmo de David. En conmemoración.

2Señor, no me corrijas con ira, no me castigues con cólera.

3Tus flechas se me han clavado, tu mano pesa sobre mí.

4No hay parte ilesa en mi carne a causa de tu furor; no tienen descanso mis huesos a causa de mis pecados.

5Mis culpas sobrepasan mi cabeza, son un peso superior a mis fuerzas.

6Mis llagas están podridas y supuran por causa de mi insensatez;

7voy encorvado y encogido, todo el día camino sombrío.

8Tengo las espaldas ardiendo, no hay parte ilesa en mi carne;

9estoy agotado, deshecho del todo; rujo con más fuerza que un león.

10Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia, no se te ocultan mis gemidos;

11siento palpitar mi corazón, me abandonan las fuerzas, y me falta hasta la luz de los ojos.

12Mis amigos y compañeros se alejan de mí, mis parientes se quedan a distancia;

13me tienden lazos los que atentan contra mí, los que desean mi daño me amenazan de muerte, todo el día murmuran traiciones.

14Pero yo, como un sordo, no oigo; como un mudo, no abro la boca;

15soy como uno que no oye y no puede replicar.

16En ti, Señor, espero, y tú me escucharás, Señor, Dios mío;

17esto pido: que no se alegren por mi causa; que, cuando resbale mi pie, no canten triunfo.

18Porque yo estoy a punto de caer, y mi pena no se aparta de mí:

19yo confieso mi culpa, me aflige mi pecado.

20Mis enemigos están vivos y son poderosos, son muchos los que me aborrecen sin razón,

21los que me pagan males por bienes, los que me atacan cuando procuro el bien.

22No me abandones, Señor; Dios mío, no te quedes lejos;

23ven aprisa a socorrerme, Señor mío, mi salvación.