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Lectura 254 de 365

Isaías 35-36 · Salmos 39

Letra: Normal

Isaías 35

1El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá,

2germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo. Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.

3Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes;

4decid a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará».

5Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán;

6entonces saltará el cojo como un ciervo y cantará la lengua del mudo, porque han brotado aguas en el desierto y corrientes en la estepa.

7El páramo se convertirá en estanque, el suelo sediento en manantial. En el lugar donde se echan los chacales habrá hierbas, cañas y juncos.

8Habrá un camino recto. Lo llamarán «Vía sacra». Los impuros no pasarán por él. Él mismo abre el camino para que no se extravíen los inexpertos.

9No hay por allí leones, ni se acercan las bestias feroces. Los liberados caminan por ella

10y por ella retornan los rescatados del Señor. Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros. Los dominan el gozo y la alegría. Quedan atrás la pena y la aflicción.

Isaías 36

1El año decimocuarto del rey Ezequías, Senaquerib, rey de Asiria, marchó contra todas las ciudades fortificadas de Judá y se apoderó de ellas.

2El rey de Asiria envió desde Laquis al copero mayor con un fuerte destacamento a Jerusalén, donde se hallaba el rey Ezequías. El copero mayor se detuvo junto al canal de la Alberca Superior, en el camino del Campo del Batanero.

3Salieron a recibirlo Eliaquín, hijo de Jilquías, mayordomo de palacio, el secretario Sobná y el canciller Joaj, hijo de Asaf.

4El copero mayor les dijo: «Decid a Ezequías: Así habla el Gran Rey, el rey de Asiria: ¿En qué fundas tu confianza?

5Has pensado que la estrategia y valentía militares son cuestión de palabras. Pero, ¿en quién confías para haberte rebelado contra mí?

6Has confiado en el apoyo de Egipto, esa caña quebrada, que penetra y traspasa la mano de quien se apoya en ella. Eso es faraón, rey de Egipto, para todos los que en él confían.

7Y si me replicas: “Nosotros confiamos en el Señor, nuestro Dios”, ¿no es ese el dios cuyos santuarios y altares retiró Ezequías, el cual dio a Judá y a Jerusalén esta orden: “Rendiréis culto solo ante este altar”?

8Haz, pues, una apuesta con mi señor, el rey de Asiria: te daré dos mil caballos, si eres capaz de agenciarte jinetes para ellos.

9¿Cómo podrías rechazar ni siquiera a un solo oficial de los siervos de mi señor, aunque fuera el más insignificante? ¡Tú confías en Egipto para disponer de carros y caballería!

10¿Crees que he marchado contra este país para destruirlo sin contar con el Señor? Es el Señor quien me ha dicho: “Marcha contra esta tierra y destrúyela”».

11Eliaquín, Sobná y Joaj dijeron al copero mayor: «Por favor, háblanos en arameo, que lo entendemos; no nos hables en hebreo en presencia de la gente que está en la muralla».

12El copero mayor respondió: «¿Es a tu señor y a vosotros a quienes me envía mi señor para que os diga estas cosas? No; a quienes me envía es precisamente a los hombres que se asoman en la muralla. Son ellos quienes habrán de comer sus excrementos y beber su orina con vosotros».

13Entonces el copero mayor se puso en pie y gritó a toda voz en hebreo: «Escuchad la palabra del Gran Rey, rey de Asiria.

14Esto dice el rey: No os engañe Ezequías, que no podrá libraros de mi mano.

15Que Ezequías no os haga confiar en el Señor diciendo: “El Señor nos librará y esta ciudad no caerá jamás en manos del rey de Asiria”.

16No hagáis caso a Ezequías, porque así habla el rey de Asiria: “Rendíos y haced la paz conmigo. Cada uno podrá comer de su viña y de su higuera, y beber agua de su cisterna,

17hasta que yo llegue y os conduzca a una tierra como la vuestra, tierra de trigo y vino, de pan y de viñas.

18Que no os engañe Ezequías cuando dice: ‘El Señor nos librará’. ¿Es que los dioses de las otras naciones han podido librar sus territorios de la mano del rey de Asiria?

19¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arpad? ¿Dónde están los dioses de Sefarvaín? ¿Han librado a Samaría de mi mano?

20¿Quién, de entre todos los dioses de esas naciones, ha librado su territorio de mi poder, como para que pueda el Señor librar a Jerusalén de mi mano?”».

21Ellos callaban y no le respondieron ni una palabra, pues el rey había ordenado: «No le respondáis».

22Eliaquín, hijo de Jilquías, mayordomo de palacio, el secretario Sobná y Joaj, hijo de Asaf, se presentaron ante Ezequías con las vestiduras rasgadas, para comunicarle el mensaje pronunciado por el copero mayor.

Salmo 39

1Al Director. A Yedutún. Salmo de David.

2Yo me dije: «Vigilaré mi proceder, para no pecar con mi lengua; pondré una mordaza a mi boca mientras el impío esté presente».

3Guardé silencio resignado, enmudecí sin provecho; pero mi herida empeoró.

4Y el corazón me ardía por dentro; pensándolo me requemaba, hasta que solté la lengua:

5«Señor, dame a conocer mi fin y cuál es la medida de mis años, para que comprenda lo caduco que soy».

6Me concediste un palmo de vida, mis días son nada ante ti; el hombre no dura más que un soplo, (Pausa)

7el hombre pasa como una sombra, por un soplo se afana, atesora sin saber para quién.

8Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? Tú eres mi confianza.

9Líbrame de mis inquietudes, no me hagas la burla de los necios.

10Enmudezco, no abro la boca, porque eres tú quien lo ha hecho.

11Aparta de mí tus golpes, que el ímpetu de tu mano me acaba.

12Escarmientas al hombre castigando su culpa; como una polilla roes sus tesoros; el hombre no es más que un soplo. (Pausa)

13Escucha, Señor, mi oración, haz caso de mis gritos, no seas sordo a mi llanto; porque yo soy huésped tuyo, forastero como todos mis padres.

14Aplácate, dame respiro, antes de que pase y no exista.