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Lectura 251 de 365

Isaías 29-30 · Salmos 36

Letra: Normal

Isaías 29

1¡Ay Ariel, Ariel, ciudad que sitió David! Añadid un año a otro, gire el ciclo de las fiestas,

2y yo reduciré Ariel a la angustia, habrá lamentos y gemidos y será para mí como altar de sacrificio.

3Pondré mi campamento en torno a ti, te cercaré con empalizadas, levantaré baluartes contra ti.

4Humillada, hablarás desde el suelo, tu palabra se alzará sumisa desde el suelo, como voz de fantasma desde el suelo, tu palabra susurrará desde el polvo.

5Será como polvareda el tropel de tus enemigos, como nube de tamo el tropel de tus agresores. Pero de improviso, de repente,

6te auxiliará el Señor del universo, con trueno y terremoto y gran estruendo, con huracán y tempestad y llamas que devoran.

7Con el tropel de los pueblos que combaten contra Ariel, con sus empalizadas, sus baluartes y sus sitiadores sucederá lo que ocurre con un sueño, con una visión nocturna:

8como sueña el hambriento que come, y se despierta con el estómago vacío; como sueña el sediento que bebe, y se despierta, cansado, con la garganta reseca; así será el tropel de los pueblos que combaten contra el monte Sión.

9Mirad con atención, hasta quedar atónitos, o entornad vuestros ojos, hasta quedaros ciegos: embriagaos, y no de vino, tambaleaos, pero no por el licor,

10porque el Señor derramó sobre vosotros un espíritu de sopor que cierra vuestros ojos, y cubre con un velo vuestras cabezas.

11Cualquier visión será para vosotros como el texto de un libro sellado: se lo dan a uno que sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto», y él responde: «No puedo, está sellado».

12Se lo dan a otro que no sabe leer, diciéndole: «Por favor lee esto». Y él responde: «No sé leer».

13Dice el Señor: «Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, mientras su corazón está lejos de mí, y el culto que me rinde se ha vuelto precepto aprendido de otros hombres;

14por eso yo seguiré asombrando a este pueblo con prodigios maravillosos: perecerá la sabiduría de sus sabios, y desaparecerá la discreción de sus hombres prudentes».

15¡Ay de los que, en lo profundo, ocultan sus planes al Señor para poder actuar en la oscuridad y decir: «¿Quién nos ve? ¿Quién se entera?».

16¡Cuánta perversión! ¿Es acaso el alfarero igual que el barro, para que la obra diga a su artífice: «No me ha hecho», y la vasija diga al alfarero: «Este no entiende nada?».

17Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, y el vergel parecerá un bosque.

18Aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos.

19Los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor, y los pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel;

20porque habrá desaparecido el violento, no quedará rastro del cínico; y serán aniquilados los que traman para hacer el mal:

21los que condenan a un hombre con su palabra, ponen trampas al juez en el tribunal y por una nadería violan el derecho del inocente.

22Por eso, el Señor, que rescató a Abrahán, dice a la casa de Jacob: «Ya no se avergonzará Jacob, ya no palidecerá su rostro,

23pues, cuando vean sus hijos mis acciones en medio de ellos, santificarán mi nombre, santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel».

24Los insensatos encontrarán la inteligencia y los que murmuraban aprenderán la enseñanza.

Isaías 30

1¡Ay de los hijos rebeldes! —oráculo del Señor—, que hacen planes sin contar conmigo, que sellan alianzas contrarias a mi espíritu añadiendo así pecado a pecado,

2que bajan a Egipto sin consultar mi parecer, para buscar la protección del faraón y refugiarse a la sombra de Egipto.

3Pues bien, la protección del faraón será su deshonra, y refugiarse a la sombra de Egipto, su oprobio.

4Cuando estén sus funcionarios en Soán y lleguen a Janés sus mensajeros,

5todos quedarán desilusionados de un pueblo inútil, incapaz de auxiliar, que no sirve sino de deshonra y afrenta.

6Oráculo contra los animales del Negueb: Por una tierra de angustia y opresión, tierra de leonas y leones, de víboras y áspides voladores, llevan sus riquezas a lomo de asno y sus tesoros sobre la giba de los camellos, a un pueblo sin provecho,

7a Egipto, cuyo auxilio es viento y vacío. Por eso lo llamo así: «Rahab inmóvil».

8Ahora ve y escríbelo en una tablilla en su presencia, inscríbelo en un libro: quede para la posteridad como testimonio perpetuo.

9Es un pueblo rebelde, son hijos renegados, hijos que no quieren escuchar la ley del Señor;

10que dicen a los videntes: «No veáis»; y a los que tienen visiones: «Evitad visiones verdaderas, decidnos cosas halagüeñas, profetizad ilusiones;

11apartaos del camino, desviaos de la senda, quitad de vuestra vista al Santo de Israel».

12Por eso, así dice el Santo de Israel: «Vosotros rechazáis esta palabra, confiáis en la opresión y la perversidad, y os apoyáis en ellas;

13por eso será para vosotros esta culpa como una grieta que baja y se profundiza en una alta muralla, hasta que de repente, de un golpe, se desmorona;

14y se rompe como una vasija de alfarero, hecha añicos sin piedad. Entre sus fragmentos no se encuentra un pedazo con que sacar brasas del brasero o agua de la cisterna».

15Porque así os decía el Señor, Dios, el Santo de Israel: «Vuestra salvación está en convertiros y en tener calma, vuestra fuerza está en confiar y estar tranquilos»; pero no quisisteis

16y dijisteis: «No. Huiremos a caballo». Está bien, tendréis que huir. «Correremos a galope». Más correrán los que os persiguen.

17Huirán mil ante la amenaza de uno y huiréis ante el reto de cinco; hasta que quedéis como mástil en la cumbre de un monte, como enseña sobre una colina.

18Pero el Señor espera el momento de apiadarse, se pone en pie para compadecerse; porque el Señor es un Dios de la justicia: dichosos los que esperan en él.

19Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, se apiadará de ti al oír tu gemido: apenas te oiga, te responderá.

20Aunque el Señor te diera el pan de la angustia y el agua de la opresión ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro.

21Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a tus espaldas que te dice: «Este es el camino, camina por él».

22Tendrás por impuros tus ídolos revestidos en plata y tus estatuas fundidas en oro; los arrojarás como inmundicia, los llamarás basura.

23Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano cosechado en el campo será abundante y suculento; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas;

24los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con pala y con rastrillo.

25En toda alta montaña, en toda colina elevada habrá canales y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres.

26La luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces mayor, como la luz de siete días, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure las llagas de sus golpes.

27He aquí que el Nombre del Señor viene de lejos, arde su ira como incendio imponente, están llenos sus labios de furor, su lengua es un fuego que devora.

28Su aliento es un torrente desbordado que alcanza hasta el cuello, para cribar a los pueblos con criba de exterminio, para poner en la quijada de las naciones un freno que los pierda.

29Entonaréis un cántico como cuando se celebra una fiesta por la noche, se alegrará el corazón al compás de la flauta, mientras vais al monte del Señor, a la roca de Israel.

30El Señor hará resonar la majestad de su voz, mostrará su brazo que descarga el ataque de su ira, fuego devorador, tempestad, aguacero y granizo.

31A la voz del Señor temblará Asiria, golpeada con la vara.

32Cada golpe de vara del castigo que el Señor descargue sobre ella será entre panderos, cítaras y danzas. El Señor combate a mano alzada.

33Hace tiempo que está preparada la hoguera, ancha y profunda, también para el rey; una pira con fuego y leña abundante: y el soplo del Señor, como torrente de azufre, le prenderá fuego.

Salmo 36

1Al Director; del siervo del Señor, David.

2El malvado escucha en su interior un oráculo del pecado: no tiene temor de Dios, ni siquiera en su presencia.

3Porque se hace la ilusión de que su culpa no será descubierta ni aborrecida.

4Las palabras de su boca son maldad y traición, renuncia a ser sensato y a obrar bien;

5acostado medita el crimen, se obstina en el mal camino, no rechaza la maldad.

6Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes;

7tu justicia es como las altas cordilleras, tus juicios son como el océano inmenso. Tú socorres a hombres y animales;

8¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!, los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

9se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias,

10porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz.

11Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón.

12Que no me pisotee el pie del soberbio, que no me eche fuera la mano del malvado.

13Han fracasado los malhechores; derribados, no se pueden levantar.