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Lectura 250 de 365

Isaías 27-28 · Salmos 35

Letra: Normal

Isaías 27

1Aquel día castigará el Señor con su espada templada, grande y fuerte, al Leviatán, serpiente huidiza, al Leviatán, serpiente tortuosa, y matará al Dragón marino.

2Aquel día cantaréis a la viña deliciosa:

3Yo, el Señor, soy su guardián. Con frecuencia la riego. Para que nadie la dañe, la vigilo noche y día.

4Ya no estoy enfadado. Si me diera zarzas y cardos, combatiría contra ellos, los quemaría todos juntos.

5Pero no se acoge a mi cuidado. ¡Que haga la paz conmigo! ¡Que conmigo haga la paz!

6Llegarán días en que Jacob echará raíces, Israel echará brotes y flores, y sus frutos llenarán el mundo.

7¿Lo ha herido como hirió a quienes lo herían? ¿Lo ha matado como mató a quienes lo mataban?

8Lo has castigado expulsándolo, enviándolo lejos, lo dispersaste como un viento impetuoso del desierto.

9Así quedará reparada la culpa de Jacob. Y este será el fruto de que le hayan quitado su pecado: que convierta las piedras de los altares en polvo de piedra caliza y que no erija más palos sagrados en honor de Aserá, ni altares de incienso en honor del sol.

10La plaza fuerte ha quedado solitaria, un extenso pastizal desolado como un desierto. Allí pastará el novillo, se echará y devorará los arbustos.

11Cuando se secan las ramas, las parten, y las mujeres con ellas hacen fuego. Pues no es un pueblo sensato; por eso su Hacedor no se apiada, aquel que lo ha formado no se apiada.

12Aquel día, trillará el Señor las espigas desde el Gran Río hasta el Torrente de Egipto; y a vosotros, hijos de Israel, os recogerá uno a uno.

13Aquel día, el Señor tocará la gran trompeta, y volverán los que estaban perdidos en Asiria y los dispersados en Egipto, para postrarse ante el Señor en el monte santo de Jerusalén.

Isaías 28

1¡Ay de la pretenciosa corona de los ebrios de Efraín, y de la flor caduca, joya de su diadema, allá en la cabecera del valle fértil de los tumbados por el vino!

2Viene uno, fuerte y potente de parte del Señor, como una granizada, como tormenta asoladora, como aguas caudalosas, desbordantes. Echa todo por tierra con violencia;

3con los pies pisotea la pretenciosa corona de los ebrios de Efraín.

4La flor caduca, joya de su diadema, allá en la cabecera del valle fértil, será como breva temprana: el primero que la ve la arranca y se la come.

5Aquel día el Señor del universo será la corona enjoyada, la espléndida diadema para el resto de su pueblo,

6espíritu de justicia para quien debe juzgar, valentía para quien defiende las puertas de la ciudad.

7También estos se tambalean por el vino, se tambalean por el licor. Sacerdotes y profetas vacilan por el licor, desatinan por el vino, se tambalean por el licor, vacilan al mirar, titubean cuando pronuncian sentencia.

8Están las mesas cubiertas de vómito, no queda un puesto limpio.

9«¿A quién pretende instruir, a quién explicar su mensaje? ¿A recién destetados, que apenas han dejado el pecho?

10¡Norma sobre norma, regla sobre regla! ¡Un poco de esto y un poco de aquello!».

11Pues ahora hablará a este pueblo con un hablar burlesco, hablará con una lengua extraña

12quien les había dicho: «Esto es el reposo: haced reposar al cansado; en esto está el descanso» —pero no quisieron escuchar—.

13Para ellos la palabra del Señor será: «¡Norma sobre norma, regla sobre regla! ¡Un poco de esto y un poco de aquello!». Para que vayan y tropiecen, y queden destrozados, enredados, atrapados.

14Escuchad, pues, la palabra del Señor, cínicos jefes de este pueblo, que estáis en Jerusalén,

15que decís: «Hemos hecho un pacto con la muerte una alianza con el Abismo. Cuando pase el azote desbordante no nos alcanzará, porque de la mentira hicimos nuestro refugio y nos refugiamos en la falsedad».

16Por eso así dice el Señor, Dios: «He puesto en Sión como fundamento una piedra, una piedra probada, una piedra angular preciosa, un fundamento sólido. Quien se apoya en ella no vacila.

17Puse el derecho como plomada, la justicia como nivel. Pero el granizo arrasará el refugio de mentiras, las aguas inundarán vuestro escondrijo.

18Será anulado vuestro pacto con la muerte vuestra alianza con el Abismo no resistirá. Cuando pase el azote desbordante, quedaréis convertidos en tierra de nadie.

19Cada vez que pase, tomará posesión de vosotros, día tras día, de día o de noche. Será un horror aprender la lección.

20La cama será corta para estirarse en ella, la manta estrecha para arroparse.

21El Señor se pone en pie como en el monte Perazín, se agita como en el valle de Gabaón para ejecutar su obra, obra extraña, y cumplir su tarea, insólita tarea.

22Por eso, no os burléis, no sea que se aprieten vuestras ataduras. Porque lo sé: la destrucción de todo el país ha sido decretada por el Señor, Dios del universo.

23Prestad oídos a mi voz, escuchad, prestad atención y escuchad mi discurso.

24El labrador, cuando siembra, ¿se pasa los días arando, abriendo surcos y rastrillando el campo?

25¿Acaso no allana primero la superficie y luego siembra hinojos, esparce el comino, echa trigo en los surcos, cebada en el lugar apropiado, y el mijo en los linderos?

26Su Dios le enseña las reglas y lo instruye.

27Porque no se trilla el hinojo con el trillo, ni se pasan las ruedas del carro sobre el comino; el hinojo se varea con el bastón, y el comino con la vara.

28Se trilla el grano, pero no hasta lo último. Se trilla y hace pasar por encima la rueda del carro y los caballos, pero sin triturarlo.

29Todo esto procede del Señor del universo. Admirable es su consejo, grande su habilidad.

Salmo 35

1De David. Pelea, Señor, contra los que me atacan, guerrea contra los que me hacen guerra;

2empuña el escudo y la adarga, levántate y ven en mi auxilio;

3blande la lanza y la pica contra mis perseguidores; di a mi alma: «Yo soy tu salvación».

4Sean confundidos y avergonzados los que atentan contra mi vida; retrocedan y sean humillados quienes traman mi derrota;

5sean como tamo al viento, acosados por el ángel del Señor;

6sea su camino oscuro y resbaladizo, perseguidos por el ángel del Señor.

7Pues sin motivo me escondían redes, sin motivo me abrían zanjas mortales.

8¡Que les sorprenda el desastre imprevisto, que se enreden en la red que escondieron, y caigan dentro de la fosa!

9Y yo me alegraré con el Señor, gozando de su salvación;

10todo mi ser proclamará: «Señor, ¿quién como tú, que defiendes al débil del poderoso, al pobre y humilde del explotador?».

11Se presentaban testigos violentos: me acusaban de cosas que ni sabía,

12me pagaban mal por bien, dejándome desamparado.

13Yo, en cambio, cuando estaban enfermos, me vestía de saco, me mortificaba con ayunos y desde dentro repetía mi oración.

14Como por un amigo o por un hermano, andaba triste; cabizbajo y sombrío, como quien llora a su madre.

15Pero, cuando yo tropecé, se alegraron, se juntaron contra mí y me golpearon por sorpresa; me laceraban sin cesar.

16Cruelmente se burlaban de mí, rechinando los dientes de odio.

17Señor, ¿cuándo vas a mirarlo? Defiende mi vida de los que rugen; mi único bien, de los leones,

18y te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre la multitud del pueblo.

19Que no canten victoria mis enemigos traidores, que no hagan guiños a mi costa los que me odian sin razón.

20Pues no hablan de paz, y contra los pacíficos de la tierra traman planes siniestros.

21Abren sus fauces contra mí y se ríen: «Lo han visto nuestros ojos».

22Señor, tú lo has visto, no te calles; Señor, no te quedes a distancia;

23despierta, levántate, Dios mío; Señor mío, defiende mi causa.

24Júzgame según tu justicia, Señor, Dios mío, y no se reirán de mí.

25No pensarán: «¡Qué bien! ¡Lo que queríamos!», ni dirán: «¡Lo hemos devorado!».

26Sean avergonzados y confundidos a una los que se alegran de mi desgracia, cúbranse de vergüenza y de ignominia quienes se engríen a mi costa.

27Canten y se alegren los que desean mi justicia, repitan siempre: «Grande es el Señor, que desea la paz de su siervo».

28Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabará.