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Lectura 249 de 365

Isaías 25-26 · Salmos 34

Letra: Normal

Isaías 25

1Señor, tú eres mi Dios; te ensalzaré y alabaré tu nombre, porque realizaste magníficos designios, constantes y seguros desde antiguo.

2Redujiste a escombros la ciudad, la plaza fuerte a ruinas, el alcázar de los soberbios no es ya una ciudad, jamás será reconstruida.

3Por eso te glorifica un pueblo fuerte, te temen las ciudades de pueblos poderosos,

4porque fuiste fortaleza para el débil, fortaleza para el pobre en su aflicción, refugio en la tempestad, sombra contra el calor. Porque el ánimo de los tiranos es temporal de invierno;

5como el calor sobre una tierra desértica, el tumulto del extranjero; sometes el calor con la sombra de una nube, y humillas el canto de los tiranos.

6Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.

7Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones.

8Aniquilará la muerte para siempre. Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo —lo ha dicho el Señor—.

9Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación,

10porque reposará sobre este monte la mano del Señor, pero Moab será pisoteado en su propia tierra, como se pisa la paja en el muladar.

11Allí extenderá sus manos, como las extiende el nadador para nadar; pero el Señor humillará su orgullo y los esfuerzos de sus manos.

12Doblegó el bastión inaccesible de tus murallas, lo abatió hasta tocar el suelo, hasta el polvo».

Isaías 26

1Aquel día, se cantará este canto en la tierra de Judá: «Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes.

2Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad;

3su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti.

4Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua.

5Doblegó a los habitantes de la altura, a la ciudad elevada; la abatirá, la abatirá hasta el suelo, hasta tocar el polvo.

6La pisarán los pies, los pies del oprimido, los pasos de los pobres».

7La senda del justo es recta. Tú allanas el sendero del justo;

8en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos ansiando tu nombre y tu recuerdo.

9Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden la justicia los habitantes del orbe.

10Aunque se muestre clemencia al malvado, no aprende la justicia; en una tierra de gente honrada, sigue siendo perverso, y no ve la grandeza del Señor.

11Señor, levantaste tu mano, pero no se dan cuenta. Verán avergonzados el celo por tu pueblo, los devorará el fuego reservado a tus enemigos.

12Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú.

13Señor, nuestro Dios, nos dominaron señores distintos de ti; pero nosotros solo a ti, solo tu nombre invocamos.

14No vivirán los muertos, no resurgirán las sombras; los castigaste, los has destruido, borraste totalmente su recuerdo.

15Multiplicaste el pueblo, Señor; multiplicaste el pueblo, has sido glorificado, ensanchaste los confines del país.

16Señor, en la angustia acudieron a ti, susurraban plegarias cuando los castigaste.

17Como la embarazada cuando le llega el parto se retuerce y grita de dolor, así estábamos en tu presencia, Señor:

18concebimos, nos retorcimos, dimos a luz… viento; nada hicimos por salvar el país, ni nacieron habitantes en el mundo.

19¡Revivirán tus muertos, resurgirán nuestros cadáveres, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Pues rocío de luz es tu rocío, que harás caer sobre la tierra de las sombras.

20Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos y cierra la puerta detrás de ti; escóndete un breve instante mientras pasa la ira.

21Porque el Señor va a salir de su morada para castigar la culpa de los habitantes de la tierra: pondrá la tierra al descubierto la sangre que ha bebido y no ocultará más a sus muertos.

Salmo 34

1De David. Cuando, fingiéndose loco ante Abimélec, fue expulsado por él y se marchó.

2(Álef) Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca;

3(Bet) mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

4(Guímel) Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.

5(Dálet) Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

6(He) Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará.

7(Zain) El afligido invocó al Señor, él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

8(Jet) El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen y los protege.

9(Tet) Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.

10(Yod) Todos sus santos, temed al Señor, porque nada les falta a los que lo temen;

11(Kaf) los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada.

12(Lámed) Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor.

13(Mem) ¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad?

14(Nun) Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad;

15(Sámek) apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella.

16(Ayin) Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos;

17(Pe) pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria.

18(Sade) Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias;

19(Qof) el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos.

20(Res) Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor;

21(Sin) él cuida de todos sus huesos, y ni uno solo se quebrará.

22(Tau) La maldad da muerte al malvado, los que odian al justo serán castigados.

23El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él.