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Lectura 25 de 365

Éxodo 23-25 · Lucas 5-6

Letra: Normal

Éxodo 23

1No esparzas rumores infundados; no te confabules con el culpable para testimoniar en falso.

2No te dejes arrastrar por la mayoría para obrar mal, ni declares en un proceso siguiendo a la mayoría y violando el derecho.

3Tampoco favorecerás al pobre en su pleito.

4Cuando encuentres extraviados el buey o el asno de tu enemigo, devuélveselos.

5Cuando veas al asno de alguien que te aborrece caído bajo su carga, no pases de largo; préstale ayuda.

6No tuerzas el derecho de tu pobre en su pleito.

7Abstente de las causas falsas: no hagas morir al justo ni al inocente, porque yo no declaro inocente a un culpable.

8No aceptes soborno, porque el soborno ciega al perspicaz y falsea la causa del inocente.

9No vejes al emigrante; conocéis la suerte del emigrante, porque emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.

10Durante seis años sembrarás tu tierra y recogerás la cosecha,

11pero el séptimo la dejarás descansar y en barbecho, para que coman los indigentes de tu pueblo y pasten lo sobrante los animales del campo. Harás lo mismo con tu viña y tu olivar.

12Durante seis días harás tus faenas, pero el séptimo descansarás, para que reposen tu buey y tu asno y puedan respirar el hijo de tu esclava y el emigrante.

13Guardad todo lo que os he dicho y no invoquéis el nombre de dioses extraños; ni se oiga en vuestras bocas.

14Tres veces al año me has de festejar.

15Guardarás la fiesta de los Ácimos: Durante siete días comerás ácimos, como te mandé, en la fecha señalada del mes de abib, pues en él saliste de Egipto. Nadie se presentará ante mí con las manos vacías.

16Celebrarás también la fiesta de la Siega, de las primicias de tus trabajos, de lo que hayas sembrado en el campo, y la fiesta de la Recolección, al final del año, cuando hayas recogido del campo los frutos de tus trabajos.

17Tres veces al año se presentarán todos tus varones ante el Señor tu Dios.

18No acompañarás con pan fermentado la sangre de mis sacrificios, ni dejarás hasta el día siguiente la sangre de mi fiesta.

19Llevarás a la casa del Señor tu Dios las primicias de tu suelo. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

20Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado.

21Hazle caso y obedécele. No te rebeles, porque lleva mi nombre y no perdonará tus rebeliones.

22Si le obedeces fielmente y haces lo que yo digo, tus enemigos serán mis enemigos y tus adversarios serán mis adversarios.

23Mi ángel irá por delante y te llevará a las tierras de los amorreos, hititas, perizitas, cananeos, heveos y jebuseos, y yo los exterminaré.

24No te postrarás ante sus dioses ni les darás culto; y no imitarás sus acciones. Al contrario, los destruirás y destrozarás sus estelas.

25Daréis culto al Señor vuestro Dios y él bendecirá tu pan y tu agua. Y yo alejaré de ti las enfermedades.

26No habrá en tu tierra mujer que aborte ni que sea estéril. Colmaré el número de tus días.

27Enviaré mi terror por delante y trastornaré todos los pueblos adonde vayas; haré que todos tus enemigos te den la espalda.

28Enviaré por delante el pánico, que ahuyentará de tu presencia al heveo, al cananeo y al hitita.

29No los expulsaré de tu presencia en un solo año, no vaya a quedar desierta la tierra y se multipliquen contra ti las fieras del campo.

30Los expulsaré poco a poco, hasta que hayas crecido y tomes posesión de la tierra.

31Marcaré tus fronteras: desde el mar Rojo hasta el mar de los Filisteos y desde el desierto hasta el río. Entregaré en tus manos a los habitantes del país para que los eches de tu presencia.

32No conciertes alianza con ellos ni con sus dioses.

33No habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí, dando culto a sus dioses, que serán para ti una trampa».

Éxodo 24

1El Señor dijo a Moisés: «Sube a mí con Aarón, Nadab, Abiú y setenta ancianos de Israel y postraos a distancia.

2Moisés se acercará solo al Señor, pero ellos no se acercarán; tampoco el pueblo subirá con él».

3Moisés bajó y contó al pueblo todas las palabras del Señor y todos sus decretos; y el pueblo contestó con voz unánime: «Cumpliremos todas las palabras que ha dicho el Señor».

4Moisés escribió todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel.

5Y mandó a algunos jóvenes de los hijos de Israel ofrecer al Señor holocaustos e inmolar novillos como sacrificios de comunión.

6Tomó Moisés la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar.

7Después tomó el documento de la alianza y se lo leyó en voz alta al pueblo, el cual respondió: «Haremos todo lo que ha dicho el Señor y le obedeceremos».

8Entonces Moisés tomó la sangre y roció al pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras».

9Subieron Moisés, Aarón, Nadab, Abiú y setenta ancianos de Israel,

10y vieron al Dios de Israel: bajo sus pies había como un pavimento de zafiro, brillante como el mismo cielo.

11Él no extendió la mano contra los notables de los hijos de Israel, que vieron a Dios y después comieron y bebieron.

12El Señor dijo a Moisés: «Sube hacia mí a la montaña; quédate allí y te daré las tablas de piedra con la instrucción y los mandatos que he escrito para que los enseñes».

13Se levantó Moisés, con Josué, su ayudante, y subieron a la montaña de Dios.

14A los ancianos les dijo: «Quedaos aquí hasta que volvamos; Aarón y Jur están con vosotros; el que tenga algún asunto que se lo traiga a ellos».

15Subió, pues, Moisés a la montaña; la nube cubría la montaña.

16La gloria del Señor descansaba sobre la montaña del Sinaí y la nube cubrió la montaña durante seis días. Al séptimo día llamó a Moisés desde la nube.

17El aspecto de la gloria del Señor era para los hijos de Israel como fuego voraz sobre la cumbre de la montaña.

18Moisés se adentró en la nube y subió a la montaña. Moisés estuvo en la montaña cuarenta días y cuarenta noches.

Éxodo 25

1El Señor habló a Moisés:

2«Di a los hijos de Israel que me ofrezcan un tributo; aceptaréis el tributo de todos los que generosamente me lo ofrezcan.

3Este es el tributo que podéis aceptarles: oro, plata y bronce,

4púrpura violácea, roja y escarlata, lino y pelo de cabra,

5pieles de carnero teñidas de rojo, pieles de tejón y maderas de acacia,

6aceite para la lámpara, aromas para el óleo de la unción y para el incienso perfumado,

7piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral.

8Hazme un Santuario y moraré en medio de ellos.

9Lo harás conforme al modelo de morada y de utensilios que yo te mostraré.

10Harás un arca de madera de acacia de un metro y cuarto de larga por setenta y cinco centímetros de ancha y otros tantos de alta.

11La revestirás de oro puro, por dentro y por fuera, y le pondrás alrededor una cenefa de oro.

12Fundirás cuatro anillas de oro y las colocarás en los cuatro pies, dos a cada lado.

13Harás también varales de madera de acacia y los revestirás de oro.

14Meterás los varales por las anillas laterales del Arca, para transportarla.

15Los varales permanecerán en las anillas del Arca; no se sacarán de ellas.

16Dentro del Arca guardarás el Testimonio que te daré.

17Fabricarás también un propiciatorio de oro puro, de un metro y cuarto de largo por setenta y cinco centímetros de ancho.

18Harás dos querubines cincelados en oro, para los dos extremos del propiciatorio.

19Haz un querubín para un extremo y otro querubín para el otro; cada uno arrancará de un extremo del propiciatorio.

20Los querubines extenderán sus alas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio. Estarán uno frente a otro, mirando al centro del propiciatorio.

21Colocarás el propiciatorio encima del Arca y guardarás dentro del Arca el Testimonio que yo te daré.

22Allí me encontraré contigo, y desde encima del propiciatorio, en medio de los querubines del Arca del Testimonio, te comunicaré todo lo que tienes que ordenar a los hijos de Israel.

23Harás una mesa de madera de acacia, de un metro de larga por medio de ancha y setenta y cinco centímetros de alta.

24La revestirás de oro puro y le pondrás alrededor una cenefa de oro.

25Pondrás alrededor de ella un reborde de un palmo de ancho y alrededor del reborde una cenefa de oro.

26Le harás cuatro anillas de oro y las colocarás en los ángulos de las cuatro patas.

27Las anillas estarán sujetas al reborde; por ellas se meterán los varales para transportar la mesa.

28Harás los varales de madera de acacia y los revestirás de oro. Con ellos se trasportará la mesa.

29Harás también sus fuentes, sus navetas, sus jarras y copas para las libaciones; las harás de oro puro.

30Sobre la mesa pondrás los panes presentados, para que estén continuamente ante mí.

31Harás también un candelabro de oro puro. Cincelarás la base y el fuste del candelabro; sus copas, cálices y corolas formarán un cuerpo con él.

32De sus lados arrancarán seis brazos: tres brazos del candelabro por un lado y tres por el otro.

33Un brazo tendrá tres copas, como flores de almendro, con cáliz y corola; también el otro tendrá tres copas, como flores de almendro, con cáliz y corola; y así los seis brazos que arrancan del candelabro.

34El candelabro tendrá cuatro copas, como flores de almendro, con cáliz y corola.

35Un cáliz bajo dos brazos, formando cuerpo con él; otro cáliz bajo otros dos brazos, formando cuerpo con él, y otro cáliz bajo otros dos brazos, formando cuerpo con él; y así los seis brazos que arrancan del candelabro.

36Sus cálices y sus fustes formarán cuerpo con el candelabro; el conjunto formará una pieza de oro puro cincelado.

37Harás también siete lámparas y las colocarás sobre el candelabro, de modo que iluminen la parte delantera.

38Sus despabiladeras y ceniceros serán de oro puro.

39Se empleará un talento de oro puro para hacer el candelabro y todos sus utensilios.

40Fíjate y hazlo conforme al modelo que se te ha mostrado en la montaña.

Lucas 5

1Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret,

2vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.

3Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

4Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».

5Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

6Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse.

7Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían.

8Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador».

9Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido;

10y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».

11Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

12Sucedió que, estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús, cayendo sobre su rostro, le suplicó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme».

13Y extendiendo la mano, lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida la lepra se le quitó.

14Y él le ordenó no comunicarlo a nadie; y le dijo: «Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación según mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

15Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírlo y a que los curara de sus enfermedades.

16Él, por su parte, solía retirarse a despoblado y se entregaba a la oración.

17Un día estaba él enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones.

18En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él.

19No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús.

20Él, viendo la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados».

21Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos: «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?».

22Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo:

23«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”?

24Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”».

25Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios.

26El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas».

27Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme».

28Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

29Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros.

30Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?».

31Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos.

32No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

33Pero ellos le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber».

34Jesús les dijo: «¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos?

35Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días».

36Les dijo también una parábola: «Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo.

37Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán.

38A vino nuevo, odres nuevos.

39Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: “El añejo es mejor”».

Lucas 6

1Un sábado, iba él caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.

2Unos fariseos dijeron: «¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».

3Respondiendo Jesús, les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre?

4Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».

5Y les decía: «El Hijo del hombre es señor del sábado».

6Otro sábado, entró él en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.

7Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.

8Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada: «Levántate y ponte en medio». Y, levantándose, se quedó en pie.

9Jesús les dijo: «Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».

10Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo: «Extiende tu mano». Él lo hizo y su mano quedó restablecida.

11Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.

12En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.

13Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles:

14Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,

15Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote;

16Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

17Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

18Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados,

19y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

20Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

21Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

22Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre.

23Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

24Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

25¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

26¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas.

27En cambio, a vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian,

28bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.

29Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica.

30A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

31Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.

32Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman.

33Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.

34Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

35Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.

36Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.

37No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados;

38dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

39Les dijo también una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

40No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

41¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?

42¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

43Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno;

44por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.

45El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

46¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?

47Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece:

48se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.

49El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».