Lectura 24 de 365
Éxodo 20-22 · Lucas 3-4
Éxodo 20
1El Señor pronunció estas palabras:
2«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud.
3No tendrás otros dioses frente a mí.
4No te fabricarás ídolos, ni figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra.
5No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo el pecado de los padres en los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación de los que me odian.
6Pero tengo misericordia por mil generaciones de los que me aman y guardan mis preceptos.
7No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.
8Recuerda el día del sábado para santificarlo.
9Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas,
10pero el día séptimo es día de descanso, consagrado al Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el emigrante que reside en tus ciudades.
11Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, el mar y lo que hay en ellos; y el séptimo día descansó. Por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.
12Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar.
13No matarás.
14No cometerás adulterio.
15No robarás.
16No darás falso testimonio contra tu prójimo.
17No codiciarás los bienes de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo».
18Todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonido de la trompeta y la montaña humeante. El pueblo estaba aterrorizado, y se mantenía a distancia
19Entonces dijeron a Moisés: «Háblanos tú y te escucharemos; pero que no nos hable Dios, no sea que muramos».
20Moisés respondió al pueblo: «No temáis, pues Dios ha venido para probaros, para que tengáis presente su temor, y no pequéis».
21El pueblo se quedó a distancia y Moisés se acercó hasta la nube donde estaba Dios.
22El Señor habló a Moisés: «Así dirás a los hijos de Israel: “Vosotros mismos habéis visto que os he hablado desde el cielo.
23No pongáis junto a mí dioses de plata ni dioses de oro; no os los fabriquéis”.
24Constrúyeme un altar de tierra y ofrece en él tus holocaustos y tus sacrificios de comunión, tus ovejas y tus bueyes. En cualquier lugar donde yo haga memorable mi nombre, vendré a ti y te bendeciré.
25Si te construyes un altar de piedras, no las labres, porque al labrarlas con el escoplo las profanarías.
26Tampoco subirás por gradas a mi altar, no sea que al subir por él se descubra tu desnudez.
Éxodo 21
1Estos son los decretos que les has de proponer:
2Cuando compres un esclavo hebreo, servirá seis años, mas al séptimo marchará libre, gratuitamente.
3Si vino solo, marchará solo; si estaba casado, su mujer marchará con él.
4Si su amo le dio mujer y ella le dio a luz hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán del amo y él marchará solo.
5Pero si el esclavo declara: “Yo quiero a mi amo, a mi mujer y a mis hijos, no deseo marchar libre”,
6entonces su amo lo llevará ante Dios y, acercándolo a la puerta o a la jamba, le horadará la oreja con un punzón; y será su esclavo para siempre.
7Cuando alguien venda a su hija por esclava, no marchará como marchan los esclavos.
8Si no le gusta a su amo, al que había sido destinada, este permitirá que la rescaten. No podrá venderla a extranjeros, habiendo sido desleal con ella.
9Si la destina para su hijo, la tratará como a sus hijas.
10Si él toma para sí otra mujer, no privará a la primera de la comida, del vestido ni de los derechos conyugales.
11Y si no le proporciona estas tres cosas, ella podrá marcharse gratuitamente, sin pagar nada.
12El que hiera mortalmente a un hombre, es reo de muerte.
13Pero si no fue intencionado, sino que Dios lo permitió, te indicaré un lugar donde podrá refugiarse.
14En cambio, si alguien guarda rencor a su prójimo y lo asesina a traición, lo arrancarás de mi altar para que muera.
15El que hiera a su padre o a su madre, es reo de muerte.
16El que secuestre a un hombre, para venderlo o para retenerlo, es reo de muerte.
17El que maldiga a su padre o a su madre, es reo de muerte.
18Cuando riñan dos hombres y uno hiera a otro con una piedra o con el puño, sin causarle la muerte, pero obligándole a guardar cama,
19si el herido puede levantarse y andar por la calle apoyado en un bastón, el que lo hirió será absuelto. Solo deberá indemnizar el tiempo de paro y los gastos de la curación.
20Cuando alguien hiera a su esclavo o a su esclava con un bastón y muera en el acto, deberá ser castigado;
21pero si sobrevive un día o dos, no será castigado, pues era propiedad suya.
22Cuando en una pelea entre hombres, uno golpee a una mujer encinta, provocándole el aborto pero sin causarle otras lesiones, el culpable deberá pagar una multa con arreglo a lo que le pida el marido de la mujer y determinen los jueces.
23Pero si hay lesiones, pagarás vida por vida,
24ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,
25quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal.
26Cuando alguien hiera el ojo de su esclavo o de su esclava y se lo inutilice, lo dejará en libertad por compensación de su ojo.
27Y si rompe un diente a su esclavo o a su esclava, lo dejará en libertad por compensación de su diente.
28Cuando un buey mate a cornadas a un hombre o a una mujer, será apedreado el buey y no se comerá su carne; pero el dueño del buey será absuelto.
29En cambio, si el buey ya embestía antes y el dueño, advertido de ello, no lo tenía encerrado y el buey mata a un hombre o a una mujer, el buey será lapidado y su dueño morirá también.
30Si se le impone una compensación, pagará a cambio de su vida lo que le pidan.
31Cuando el buey acornee a un muchacho o a una muchacha, se aplicará esta misma norma.
32Pero si el buey acornea a un esclavo o a una esclava, se pagará a su dueño treinta monedas de plata, y el buey será apedreado.
33Cuando alguien abra un pozo, o cave un pozo y no lo cubra, si cae dentro un buey o un asno,
34el dueño del pozo deberá indemnizar: resarcirá en dinero al dueño del animal y se quedará con el animal muerto.
35Cuando el buey de alguien mate a cornadas al buey de otro, venderán el buey vivo y se repartirán el dinero; también se repartirán el buey muerto.
36Pero si se sabía que el buey ya embestía antes y su dueño no lo tenía encerrado, este pagará buey por buey y se quedará con el buey muerto.
37Cuando alguien robe un buey o una oveja y los mate o los venda, restituirá cinco bueyes por el buey y cuatro ovejas por la oveja.
Éxodo 22
1Si un ladrón es sorprendido abriendo un boquete y es herido de muerte, no hay homicidio,
2a no ser que ya hubiese salido el sol: entonces sí es homicidio. Un ladrón debe indemnizar: si no tiene nada, será vendido para pagar por lo que robó.
3Si el buey, el asno o la oveja robados se hallan aún vivos en su poder, indemnizará con el doble.
4Cuando alguien destroce un campo o una viña, dejando suelto su ganado en campo ajeno, indemnizará con lo mejor de su campo y lo mejor de su viña.
5Cuando se desencadene un fuego y se propague por los zarzales, devorando las gavillas, las mieses o el campo, el causante del fuego deberá indemnizar.
6Cuando alguien deje en custodia a su prójimo dinero u objetos y sean robados de casa de este, si se descubre al ladrón, pagará el doble;
7y si no se descubre el ladrón, el dueño de la casa se presentará ante Dios y jurará que no ha tocado los bienes de su prójimo.
8En cualquier caso delictivo en que uno reclame a otro un buey, un asno, una oveja, un vestido o un objeto extraviado, se llevará la causa ante Dios y aquel a quien Dios declare culpable pagará el doble a su prójimo.
9Cuando uno deje en custodia a su prójimo un asno, un buey, una oveja o cualquier otro animal y este muera, se dañe o sea robado sin que haya testigos,
10el depositario jurará por el Señor que no ha tocado el animal de su prójimo; el dueño del animal aceptará el juramento y no habrá restitución.
11Pero si se lo han robado viéndolo él, entonces indemnizará a su dueño.
12Si lo han descuartizado, traerá como prueba los despojos y no deberá indemnizar.
13Cuando alguien pida en préstamo a su prójimo un animal y este se dañe o muera en ausencia de su dueño, deberá indemnizar.
14Si el dueño estaba presente, no deberá indemnizar. Si lo había alquilado, solo se deberá el alquiler.
15Cuando alguien seduzca a una muchacha soltera y se acueste con ella, deberá pagar la dote y tomarla por mujer.
16Si el padre de la muchacha se niega a dársela, él pagará la dote que se da a las doncellas.
17No dejarás con vida a una hechicera.
18El que se acueste con bestias, es reo de muerte.
19El que ofrezca sacrificios a los dioses —fuera del Señor— será exterminado.
20No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
21No explotarás a viudas ni a huérfanos.
22Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor,
23se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.
24Si prestas dinero a alguien de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses.
25Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol,
26porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.
27No blasfemarás contra Dios y no maldecirás a los jefes de tu pueblo.
28No retrasarás la oferta de tu cosecha y de tu vendimia. Me darás el primogénito de tus hijos;
29lo mismo harás con tus bueyes y tus ovejas: durante siete días quedará la cría con su madre, y el octavo día me la entregarás.
30Sed santos para mí y no comáis carne de animal despedazado en el campo: echádsela a los perros.
Lucas 3
1En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene,
2bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,
4como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos;
5los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano.
6Y toda carne verá la salvación de Dios».
7A los que venían para ser bautizados les decía: «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?
8Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar de estas piedras hijos de Abrahán.
9Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego».
10La gente le preguntaba: «Entonces, ¿qué debemos hacer?».
11Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
12Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?».
13Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido».
14Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».
15Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías,
16Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego;
17en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».
18Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.
19El tetrarca Herodes, a quien Juan reprendía por el asunto de Herodías, esposa de su hermano, y por todas las maldades que había hecho,
20añadió a todas ellas la de encerrar a Juan en la cárcel.
21Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos,
22bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».
23Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y se pensaba que era hijo de José, que a su vez era de Helí,
24de Matat, de Leví, de Melquí, de Jannaí, de José,
25de Matatías, de Amós, de Nahún, de Eslí, de Nagái,
26de Maat, de Matatías, de Semeín, de Josec, de Jodá,
27de Joanán, de Resá, de Zorobabel, de Salatiel, de Nerí,
28de Melquí, de Addí, de Cosán, de Elmadán, de Er,
29de Jesús, de Eliezer, de Jorín, de Matat, de Leví,
30de Simeón, de Judá, de José, de Jonán, de Eliacín,
31de Meleá, de Mená, de Matatá, de Natán, de David,
32de Jesé, de Jobed, de Booz, de Salá, de Naasón,
33de Aminadab, de Admín, de Arní, de Esrón, de Fares, de Judá,
34de Jacob, de Isaac, de Abrahán, de Tare, de Nacor,
35de Seruc, de Ragau, de Fálec, de Eber, de Salá,
36de Cainán, de Arfaxad, de Sem, de Noé, de Lámec,
37de Matusalén, de Henoc, de Járet, de Maleleel, de Cainán,
38de Enós, de Set, de Adán, de Dios.
Lucas 4
1Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando
2durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre.
3Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan».
4Jesús le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”».
5Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo
6y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero.
7Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo».
8Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
9Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo,
10porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”,
11y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”».
12Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
13Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.
14Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca.
15Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
16Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.
17Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
18«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos;
19a proclamar el año de gracia del Señor».
20Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.
21Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
22Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?».
23Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».
24Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo.
25Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país;
26sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón.
27Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».
28Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos
29y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.
30Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.
31Y bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
32Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.
33Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz:
34«¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
35Pero Jesús le increpó diciendo: «¡Cállate y sal de él!». Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.
36Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí: «¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».
37Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.
38Al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.
39Él, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
40Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
41De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían: «Tú eres el Hijo de Dios». Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
42Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos.
43Pero él les dijo: «Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».
44Y predicaba en las sinagogas de Judea.