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Lectura 248 de 365

Isaías 23-24 · Salmos 33

Letra: Normal

Isaías 23

1Oráculo contra Tiro. ¡Gemid, navíos de Tarsis, porque ha sido destruido vuestro puerto! Al partir de la tierra de Quitín les dieron la noticia.

2Callad, habitantes de la costa, mercaderes de Sidón, cuyos mensajeros atraviesan

3el amplio mar. El grano de Sijor y la cosecha del Nilo eran su ganancia, y se convirtió en el mercado de los pueblos.

4Avergüénzate Sidón, refugio frente al mar, porque así dice el mar: «No me he retorcido en dolores de parto ni he parido, no he criado jóvenes ni educado doncellas».

5Cuando lo sepa Egipto se dolerán por las noticias de Tiro.

6Volved a Tarsis, gemid habitantes de la costa.

7¿Es este vuestro emporio arrogante, cuyos pies lo llevaron a regiones lejanas para instalarse allí?

8¿Quién proyectó esto contra Tiro, que distribuía coronas, cuyos comerciantes eran príncipes y cuyos mercaderes eran honrados en el país?

9El Señor del universo lo ha proyectado para profanar el orgullo de su esplendor para humillar a los grandes de la tierra.

10Recorred vuestra tierra como el Nilo, gente de Tarsis. Ya no hay puerto.

11El Señor extendió su mano sobre el mar, hizo temblar los reinos, ha ordenado destruir las fortalezas de Canaán.

12Dijo: «No volverás a alegrarte, Sidón, doncella oprimida. Álzate y vete a Quitín: tampoco allí encontrarás reposo.

13Mira, la tierra de los caldeos, ese pueblo no existió. Asiria lo fundó para las fieras. Levantaron torres de asedio, socavaron las casas, lo convirtieron en un montón de ruinas.

14¡Gemid, navíos de Tarsis: vuestra fortaleza está destruida!».

15A partir de aquel día, Tiro quedará olvidada por setenta años, la vida de un rey, y al cabo de setenta años le pasará a Tiro lo que a la prostituta de la canción:

16«Toma la cítara, recorre la ciudad, prostituta olvidada, acompáñate con habilidad, multiplica tus canciones para que te recuerden».

17Al cabo de los setenta años se ocupará el Señor de Tiro, que volverá a sus negocios y se prostituirá con todos los reinos de la tierra.

18Pero las ganancias de su prostitución serán consagradas al Señor. No serán acumuladas ni atesoradas, sino que sus ganancias serán destinadas a quienes habitan en presencia del Señor, para que coman hasta saciarse y para vestiduras sagradas.

Isaías 24

1El Señor hiende la tierra y la deja devastada, cambia su aspecto y dispersa a sus habitantes.

2Le ocurrirá a la gente lo que al sacerdote, al siervo lo que a su señor, a la sierva como a su dueña, al comprador como al vendedor, al prestatario como al prestamista, al acreedor como al deudor.

3La tierra quedará devastada por completo, saqueada del todo, porque el Señor ha pronunciado esta palabra.

4La tierra está de luto y se marchita, languidece y se marchita el orbe, languidecen los cielos y la tierra.

5La tierra ha sido profanada por sus habitantes, que han transgredido la ley, han quebrantado los preceptos, han violado el pacto eterno.

6Por eso, la maldición devora la tierra, sus habitantes se han hecho culpables; por eso se consumen los habitantes de la tierra y quedan hombres contados.

7Está de luto el mosto, languidece la vid, suspiran los de corazón alegre.

8Cesa el alborozo de los panderos, se acaba el bullicio de los que se divierten, cesa el alborozo de las cítaras.

9Ya no beben el vino entre canciones, el licor sabe amargo a quien lo bebe.

10La ciudad desolada yace en ruinas: las casas están cerradas, nadie tiene acceso.

11Griterío en las calles por la falta de vino, ha desaparecido la alegría, han desterrado el alborozo del país.

12Solo queda desolación en la ciudad, y la puerta, destrozada y en ruinas.

13Sucederá en medio del país y entre los pueblos como en el vareo de los olivos o en la rebusca después de la vendimia.

14Ellos levantan la voz, con cantos de alegría, proclaman la majestad del Señor desde Occidente,

15glorifican al Señor desde el Oriente, en las islas del mar, el nombre del Señor, Dios de Israel.

16Desde el confín de la tierra oímos cánticos: «Gloria al justo». Pero yo digo: «¡Estoy perdido, estoy perdido, ay de mí! Los traidores traicionan, los traidores traman traiciones.

17Terror, foso y trampa contra ti, habitante del país:

18el que huya del grito de terror caerá en el foso; el que trepe desde el fondo del foso quedará atrapado en la trampa. Se abren las compuertas del cielo y vacilan los cimientos de la tierra».

19Se tambalea la tierra con violencia tiembla la tierra con estruendo, se agita la tierra con estrépito.

20Se tambalea la tierra como un ebrio, se agita como una choza. Pesa sobre ella su pecado, se desplomará y no se alzará más.

21Aquel día, pedirá cuentas el Señor a los ejércitos del cielo en el cielo, y a los reyes de la tierra en la tierra.

22Serán reunidos como prisioneros en la mazmorra, encerrados en la prisión. Pasados muchos días, serán llevados a juicio.

23Se sonrojará la luna, se avergonzará el sol, cuando reine el Señor del universo en la montaña de Sión y en Jerusalén, y esté la gloria en presencia de sus ancianos.

Salmo 33

1Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

2Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;

3cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones.

4Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales;

5él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

6La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos;

7encierra en un odre las aguas marinas, mete en un depósito el océano.

8Tema al Señor la tierra entera, tiemblen ante él los habitantes del orbe:

9porque él lo dijo, y existió; él lo mandó y todo fue creado.

10El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos;

11pero el plan del Señor subsiste por siempre; los proyectos de su corazón, de edad en edad.

12Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad.

13El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres.

14Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra:

15él modeló cada corazón, y comprende todas sus acciones.

16No vence el rey por su gran ejército, no escapa el soldado por su mucha fuerza;

17nada valen sus caballos para la victoria, ni por su gran ejército se salvan.

18Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia,

19para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

20Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo;

21con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.

22Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.