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Lectura 247 de 365

Isaías 21-22 · Salmos 32

Letra: Normal

Isaías 21

1Oráculo sobre el desierto del mar. Como los huracanes que atraviesan el Negueb, vienen del desierto, de una tierra temible.

2Me fue comunicada una visión siniestra: el traidor, traiciona, el devastador devasta. «¡Adelante, elamitas; al asedio, medos! Hago cesar todos los gemidos».

3Por eso mis entrañas se estremecen, angustias de parto se apoderan de mí, me retuerzo por lo que escucho, me horrorizo por lo que veo.

4Mi corazón vacila, me domina el terror, el deseado atardecer se me ha convertido en sobresalto.

5¡Preparad la mesa, extended los tapices: a comer y beber! En pie, capitanes, engrasad el escudo.

6Así me ha dicho el Señor: «Ve, pon un centinela que anuncie lo que vea.

7Si ve gente montada, un par de jinetes, gente montada en jumentos o camellos, que preste atención, mucha atención».

8El centinela gritó: «En la atalaya, señor mío, paso yo todo el día, y en mi puesto de guardia estoy en pie todas las noches.

9Ahora llegan, gente montada, un par de jinetes, y anuncian: “Ha caído, ha caído Babilonia; y todas las estatuas de sus dioses yacen por tierra destrozadas”».

10Pueblo mío, trillado en la era, lo que he escuchado del Señor del universo, Dios de Israel, yo te lo anuncio.

11Oráculo contra Duma. Me gritan desde Seír: «Vigía, ¿qué queda de la noche? Vigía, ¿qué queda de la noche?».

12Responde el vigía: «Vendrá la mañana y también la noche. Si queréis preguntar, volved otra vez y preguntad».

13Oráculo contra Arabia. Pasaréis la noche en la maleza de la estepa, caravanas de Dedán.

14Id al encuentro del sediento, llevadle agua; habitantes de Temá, acercaos con pan al fugitivo.

15Porque vienen huyendo de la espada, de la espada desnuda, del arco tenso, del peso del combate.

16Esto me ha dicho el Señor: dentro de un año, como año de un jornalero, desaparecerá la gloria de Cadar

17y de los arqueros de Cadar quedará bien poca cosa. Lo ha dicho el Señor, Dios de Israel.

Isaías 22

1Oráculo sobre el valle de la Visión. ¿Qué te ocurre, que te subes en masa a las terrazas,

2ciudad ruidosa y turbulenta, villa alegre? Tus muertos no fueron traspasados por la espada, no cayeron en combate.

3Tus jefes desertaron en bloque, sin disparar el arco cayeron prisioneros. A cuantos encontraron, a todos juntos, los hicieron prisioneros, aunque hubieran huido lejos.

4Por eso digo: «Apartaos de mí, lloraré amargamente; no pretendáis consolarme por la devastación de mi pueblo».

5Porque es un día de turbación, abatimiento y desconcierto, que envía el Señor, Dios del universo. En el valle de la Visión socavan las murallas, y el griterío se eleva hacia los montes.

6Elán lleva la aljaba, Siria los carros con los caballeros, Quir desnuda el escudo.

7Tus valles escogidos están cubiertos de carros, los caballeros toman posiciones delante de tus puertas.

8Judá ha quedado al descubierto. Aquel día, visteis las armas de la Casa del Bosque;

9se habían multiplicado las brechas de la ciudad de David; reunisteis el agua en el depósito de abajo

10y, después de contar las casas de Jerusalén, demolisteis algunas para reforzar la muralla.

11Hicisteis entre los dos muros un depósito para el agua de la antigua alberca, pero no os fijabais en quien todo lo hace, ni mirabais al que lo ha planeado hace tiempo.

12El Señor, Dios del universo os convocaba aquel día a llorar y a lamentaros, a raparos y a ceñir el sayal;

13en cambio, todo es fiesta y alegría, matar vacas y degollar corderos, comer carne y beber vino: «Comamos y bebamos que mañana moriremos».

14Me lo ha revelado al oído el Señor del universo: «No se expiará este pecado hasta que muráis» —lo ha dicho el Señor del universo—.

15Así dice el Señor, Dios del universo: «Anda, ve a ese mayordomo de palacio, a Sobná:

16“¿Qué tienes aquí, a quién tienes aquí, que te labras aquí un sepulcro? Te estás labrando un sepulcro en lo alto, excavando en la roca un lugar de reposo.

17Mira: el Señor te arrojará con fuerza,

18te hará dar vueltas y vueltas como un aro, hacia un extenso país. Allí morirás, allí terminarán tus carrozas de gala, baldón de la corte de tu señor.

19Te echaré de tu puesto, te destituirán de tu cargo.

20Aquel día llamaré a mi siervo, a Eliaquín, hijo de Esquías,

21le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén y para el pueblo de Judá.

22Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David: abrirá y nadie cerrará; cerrará y nadie abrirá.

23Lo clavaré como una estaca en un lugar seguro, será un trono de gloria para la estirpe de su padre.

24Pero cuando de él dependa toda la riqueza de la casa de su padre, de sus descendientes y de sus familiares, hasta los objetos más pequeños, las copas y las jarras,

25ese día —oráculo del Señor del universo— se debilitará la estaca clavada en lugar seguro, se partirá y la carga que soportaba caerá y se destruirá”». Porque el Señor lo ha dicho.

Salmo 32

1Poema de David. Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado;

2dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuyo espíritu no hay engaño.

3Mientras callé se consumían mis huesos, rugiendo todo el día,

4porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi savia se había vuelto un fruto seco como en los calores del verano. (Pausa)

5Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. (Pausa)

6Por eso, que todo fiel te suplique en el momento de la desgracia: la crecida de las aguas caudalosas no lo alcanzará.

7Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación. (Pausa)

8—Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir, fijaré en ti mis ojos.

9No seáis irracionales como caballos y mulos, cuyo brío hay que domar con freno y brida; si no, no puedes acercarte.

10Los malvados sufren muchas penas; al que confía en el Señor, la misericordia lo rodea.

11Alegraos, justos, y gozad con el Señor; aclamadlo los de corazón sincero.