Lectura 246 de 365
Isaías 19-20 · Salmos 31
Isaías 19
1Oráculo contra Egipto. El Señor cabalga sobre una nube ligera, entra en Egipto. Vacilan ante él los ídolos de Egipto, y la audacia de Egipto se disuelve en su pecho.
2Incitaré a egipcios contra egipcios, lucharán unos contra otros, hermanos contra hermanos, ciudad contra ciudad, reino contra reino.
3El valor de Egipto se desvanecerá, haré vanos su planes; consultarán a ídolos y hechiceros, a nigromantes y adivinos.
4Entregaré Egipto al poder de duros señores, un rey poderoso gobernará sobre ellos —oráculo del Señor, Dios del universo—.
5Se secarán las aguas del mar el río quedará seco y árido:
6apestan los canales se empobrecen y secan los brazos del Nilo, se marchitan las cañas y los juncos.
7Los juncales junto al Nilo y en el delta, los sembrados a la orilla, se secan, se dispersan y perecen.
8Gimen los pescadores se duelen los que echan el anzuelo en el Nilo y los que extienden las redes en el agua desfallecen.
9Quedarán defraudados los que trabajan el lino, palidecerán las cardadoras y tejedores,
10quedarán consternadas las hilanderas, y entristecidos los que trabajan por salario.
11Son insensatos los señores de Soán, necio el consejo de los más sabios consejeros del faraón. ¿Cómo podéis decir al faraón: «Soy hijo de sabios, hijo de antiguos reyes»?
12¿Dónde están tus sabios? Que te anuncien, si lo saben, lo que ha decidido el Señor del universo contra Egipto.
13Los señores de Soán son necios, se engañan los señores de Menfis, extravían a Egipto los notables de sus tribus.
14El Señor infundió en ellos un espíritu de vértigo, y extravían a Egipto en todas sus empresas, como se extravía un borracho vomitando.
15Ninguna empresa le saldrá bien a Egipto, la emprenda la cabeza o la cola, la palmera o el junco.
16Aquel día los egipcios serán como mujeres, se asustarán y temblarán ante un gesto de la mano del Señor del universo, que él agita contra ellos.
17La tierra de Judá será el terror de Egipto: siempre que sea mencionada, lo aterrorizará, por el plan que el Señor del universo planea contra él.
18Aquel día habrá en Egipto cinco ciudades que hablarán la lengua de Canaán y que jurarán por el Señor del universo; una de ellas se llamará «ciudad del sol».
19Aquel día habrá un altar del Señor en medio de Egipto y una estela junto a su frontera dedicada al Señor.
20Será signo y testimonio del Señor del universo en tierra egipcia. Si claman al Señor contra el opresor, él les enviará un salvador y defensor que los libere.
21El Señor se manifestará a Egipto, y Egipto reconocerá al Señor aquel día. Le ofrecerán sacrificios y ofrendas, harán votos al Señor y los cumplirán.
22El Señor herirá a Egipto con una plaga, pero lo curará; retornarán al Señor, él escuchará su súplica y los curará.
23Aquel día habrá una calzada de Egipto a Asiria: Asiria vendrá a Egipto y Egipto irá a Asiria; y los egipcios darán culto junto con los asirios.
24Aquel día Israel, con Egipto y Asiria, será bendición en medio de la tierra;
25el Señor del universo los bendice diciendo: «Bendito mi pueblo, Egipto, y Asiria, obra de mis manos, e Israel, mi heredad».
Isaías 20
1El año en que Sargón, rey de Asiria, ordenó a su general de campo que marchara contra Asdod, la asediara y la conquistara,
2el Señor dijo por medio de Isaías hijo de Amós: «Ve, desátate el sayal de la cintura y quítate las sandalias de los pies». Así lo hizo, y anduvo desnudo y descalzo.
3Y el Señor dijo: «Lo mismo que mi siervo Isaías anduvo desnudo y descalzo durante tres años, como signo y presagio para Egipto y Etiopía,
4así también el rey de Asiria conducirá a los desterrados de Egipto y a los deportados de Etiopía: jóvenes y viejos, desnudos y descalzos, las nalgas descubiertas: ¡infamia para Egipto!
5Estarán aterrados y confusos por Etiopía, su esperanza, y por Egipto, su orgullo.
6Y los habitantes de esta región marítima dirán aquel día: «Mirad, cómo ha quedado nuestra esperanza. ¿Adónde huimos pidiendo ayuda, para que nos liberara del rey de Asiria? ¿Cómo vamos a escapar nosotros?».
Salmo 31
1Al Director. Salmo de David.
2A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo,
3inclina tu oído hacia mí; ven aprisa a librarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve,
4tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame:
5sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo.
6A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás;
7tú aborreces a los que veneran ídolos inertes, pero yo confío en el Señor;
8tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mi aflicción, velas por mi vida en peligro;
9no me has entregado en manos del enemigo, has puesto mis pies en un camino ancho.
10Piedad, Señor, que estoy en peligro; se consumen de dolor mis ojos, mi garganta y mis entrañas.
11Mi vida se gasta en el dolor, mis años en los gemidos; mi vigor decae con las penas, mis huesos se consumen.
12Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos: me ven por la calle y escapan de mí.
13Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil.
14Oigo el cuchicheo de la gente, y todo me da miedo; se conjuran contra mí y traman quitarme la vida.
15Pero yo confío en ti, Señor; te digo: «Tú eres mi Dios».
16En tus manos están mis azares: líbrame de mis enemigos que me persiguen;
17haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia.
18Señor, no quede yo defraudado tras haber acudido a ti; queden defraudados los malvados, y bajen llorando al abismo,
19enmudezcan los labios mentirosos, que profieren insolencias contra el justo, con soberbia y con desprecio.
20Qué bondad tan grande, Señor, reservas para los que te temen, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos.
21En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas en tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras.
22Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia en la ciudad amurallada.
23Yo decía en mi ansiedad: «Me has arrojado de tu vista»; pero tú escuchaste mi voz suplicante cuando yo te gritaba.
24Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a sus leales, y a los soberbios los paga con creces.
25Sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor.