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Lectura 23 de 365

Éxodo 17-19 · Lucas 1-2

Letra: Normal

Éxodo 17

1Toda la comunidad de los hijos de Israel se marchó del desierto de Sin, por etapas, según la orden del Señor, y acampó en Refidín, donde el pueblo no encontró agua que beber.

2El pueblo se querelló contra Moisés y dijo: «Danos agua que beber». Él les respondió: «¿Por qué os querelláis contra mí?, ¿por qué tentáis al Señor?».

3Pero el pueblo, sediento, murmuró contra Moisés, diciendo: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?».

4Clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Por poco me apedrean».

5Respondió el Señor a Moisés: «Pasa al frente del pueblo y toma contigo algunos de los ancianos de Israel; empuña el bastón con el que golpeaste el Nilo y marcha.

6Yo estaré allí ante ti, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca, y saldrá agua para que beba el pueblo». Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel.

7Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, a causa de la querella de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: «¿Está el Señor entre nosotros o no?».

8Amalec vino y atacó a Israel en Refidín.

9Moisés dijo a Josué: «Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón de Dios en la mano».

10Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; entretanto, Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte.

11Mientras Moisés tenía en alto las manos, vencía Israel; mientras las tenía bajadas, vencía Amalec.

12Y, como le pesaban los brazos, sus compañeros tomaron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras, Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así resistieron en alto sus brazos hasta la puesta del sol.

13Josué derrotó a Amalec y a su pueblo, a filo de espada.

14El Señor dijo a Moisés: «Escribe esto en un libro para recuerdo y trasmítele a Josué que yo borraré la memoria de Amalec bajo el cielo».

15Moisés levantó un altar y lo llamó «Señor, mi estandarte»,

16diciendo: «Porque su mano se ha levantado contra el estandarte del Señor, el Señor está en guerra con Amalec de generación en generación».

Éxodo 18

1Jetró, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, se enteró de cuanto había hecho Dios en favor de Moisés y de Israel, su pueblo, y cómo el Señor había sacado a Israel de Egipto.

2Jetró, suegro de Moisés, tomó a Séfora, mujer de Moisés, a la que este había despedido,

3y a sus hijos: uno se llamaba Guersón (pues Moisés dijo: «Forastero soy en tierra extraña»)

4y el otro se llamaba Eliécer (pues dijo Moisés: «El Dios de mi padre me auxilió y me libró de la espada del faraón»).

5Jetró, suegro de Moisés, fue a ver a Moisés, con los hijos y la mujer de Moisés, al desierto, donde estaba acampado junto al monte de Dios,

6y mandó a decir a Moisés: «Yo, tu suegro Jetró, vengo a verte con tu mujer y tus dos hijos».

7Moisés salió al encuentro de su suegro, se postró, lo besó y, después de saludarse los dos, entraron en la tienda.

8Moisés contó a su suegro todo lo que el Señor había hecho al faraón y a Egipto en favor de Israel y todos los contratiempos que habían tenido por el camino, y cómo les había librado el Señor.

9Jetró se alegró de todo el bien que el Señor había hecho a Israel, librándolo de la mano de los egipcios,

10y dijo: «Bendito sea el Señor que os ha librado de la mano de los egipcios y de la mano del faraón y ha salvado al pueblo del poder de los egipcios.

11Ahora reconozco que el Señor es más grande que todos los dioses, porque os libró del dominio egipcio cuando os trataban con tiranía».

12Después Jetró, suegro de Moisés, ofreció un holocausto y sacrificios a Dios; y Aarón y todos los ancianos de Israel vinieron a comer con el suegro de Moisés en presencia de Dios.

13Al día siguiente, Moisés se sentó a resolver los asuntos del pueblo y todo el pueblo acudía a él, de la mañana a la noche.

14Viendo el suegro de Moisés todo lo que hacía este por el pueblo, le dijo: «¿Qué es lo que haces por este pueblo? ¿Por qué estás sentado tú solo mientras todo el pueblo acude a ti, de la mañana a la noche?».

15Moisés respondió a su suegro: «El pueblo acude a mí para consultar a Dios;

16cuando tienen un pleito, vienen a mí y yo decido entre unos y otros, y les enseño los mandatos del Señor y sus instrucciones».

17El suegro de Moisés le replicó: «No está bien lo que haces;

18os estáis matando tú y el pueblo que te acompaña. La tarea es demasiado grande y no puedes despacharla tú solo.

19Ahora, escúchame: te voy a dar un consejo, y que Dios esté contigo. Tú representas al pueblo ante Dios y presentas ante Dios sus asuntos.

20Incúlcales los mandatos y las instrucciones, enséñales el camino que deben seguir y las acciones que deben realizar.

21Después busca entre todo el pueblo algunos hombres valientes, temerosos de Dios, sinceros y enemigos del soborno, y establece de entre ellos jefes de mil, de cien, de cincuenta y de veinte.

22Ellos administrarán justicia al pueblo regularmente: los asuntos graves, que te los pasen a ti; los asuntos sencillos, que los resuelvan ellos. Así aligerarás tu carga, pues ellos la compartirán contigo.

23Si haces lo que te digo, cumplirás lo que Dios te manda y podrás resistir, y el pueblo se volverá a casa en paz».

24Moisés aceptó el consejo de su suegro e hizo lo que le decía.

25Escogió entre todo Israel hombres valientes y los puso al frente del pueblo, como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de veinte.

26Ellos administraban justicia al pueblo regularmente: los asuntos complicados se los pasaban a Moisés, los sencillos los resolvían ellos.

27Luego Moisés despidió a su suegro, que se volvió a su tierra.

Éxodo 19

1A los tres meses de salir de la tierra de Egipto, aquel día, los hijos de Israel llegaron al desierto del Sinaí.

2Salieron de Refidín, llegaron al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña.

3Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel:

4“Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí.

5Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra.

6Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”. Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel».

7Fue, pues, Moisés, convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado.

8Todo el pueblo, a una, respondió: «Haremos todo cuanto ha dicho el Señor». Moisés comunicó la respuesta del pueblo al Señor.

9El Señor le dijo: «Voy a acercarme a ti en una nube espesa, para que el pueblo pueda escuchar cuando yo hable contigo, y te crean siempre». Y Moisés comunicó al Señor lo que el pueblo había dicho.

10El Señor dijo a Moisés: «Vuelve a tu pueblo y purifícalos hoy y mañana; que se laven la ropa

11y estén preparados para el tercer día; pues el tercer día descenderá el Señor sobre la montaña del Sinaí a la vista del pueblo.

12Traza al pueblo un límite alrededor y dile: «Guardaos de subir a la montaña o de tocar su borde; el que toque la montaña, morirá.

13Nadie pondrá la mano sobre el culpable; será apedreado o asaeteado, sea hombre o animal; no quedará con vida. Solo cuando suene el cuerno, podrán subir a la montaña».

14Moisés bajó de la montaña hasta donde estaba el pueblo, lo purificó y ellos lavaron sus vestidos.

15Después les dijo: «Estad preparados para el tercer día y no toquéis a ninguna mujer».

16Al tercer día, al amanecer, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre la montaña; se oía un fuerte sonido de trompeta y toda la gente que estaba en el campamento se echó a temblar.

17Moisés sacó al pueblo del campamento, al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie de la montaña.

18La montaña del Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre ella en medio de fuego. Su humo se elevaba como el de un horno y toda la montaña temblaba con violencia.

19El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno.

20El Señor descendió al monte Sinaí, a la cumbre del monte. El Señor llamó a Moisés a la cima de la montaña y Moisés subió.

21Y dijo el Señor a Moisés: «Baja, intima al pueblo para que no traspase los límites para ver al Señor, pues perecerían muchos.

22Los sacerdotes que se han de acercar al Señor, que se purifiquen también, para que el Señor no arremeta contra ellos».

23Moisés contestó al Señor: «El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú mismo nos has advertido diciendo: “Traza un límite en la montaña y conságrala”».

24El Señor insistió: «Anda, baja, y luego sube con Aarón; que los sacerdotes y el pueblo no traspasen los límites tratando de subir hacia el Señor, para que él no arremeta contra ellos».

25Entonces Moisés bajó al pueblo y se lo dijo.

Lucas 1

1Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros,

2como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra,

3también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio,

4para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

5En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel.

6Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor.

7No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.

8Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno,

9según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso;

10la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.

11Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso.

12Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.

13Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan.

14Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento.

15Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno,

16y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios.

17Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

18Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».

19Respondiendo el ángel, le dijo: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia.

20Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».

21El pueblo, que estaba aguardando a Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario.

22Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.

23Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a casa.

24Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo:

25«Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en mí para quitar mi oprobio ante la gente».

26En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,

27a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

28El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

29Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.

30El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.

31Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.

32Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;

33reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

34Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

35El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios.

36También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril,

37porque para Dios nada hay imposible».

38María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

39En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá;

40entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

41Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo

42y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

43¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

44Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

45Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

46María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor,

47se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

48porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

49porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo,

50y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

51Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón,

52derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes,

53a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

54Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia

55—como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

56María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa.

57A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo.

58Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.

59A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;

60pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan».

61Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así».

62Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase.

63Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.

64Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

65Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea.

66Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él.

67Entonces Zacarías, su padre, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:

68«Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,

69suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo,

70según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

71Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian;

72realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza

73y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán para concedernos

74que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos

75con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

76Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,

77anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados.

78Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,

79para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

80El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel.

Lucas 2

1Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.

2Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria.

3Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.

4También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea,

5para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta.

6Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto

7y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

8En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

9De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.

10El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo:

11hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.

12Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

13De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:

14«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

15Y sucedió que, cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado».

16Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

17Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

18Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores.

19María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

20Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

21Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

22Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor,

23de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor»,

24y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

25Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él.

26Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.

27Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley,

28Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

29«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

30Porque mis ojos han visto a tu Salvador,

31a quien has presentado ante todos los pueblos:

32luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

33Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

34Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción

35—y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

36Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada,

37y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.

38Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

39Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

40El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

41Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.

42Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre

43y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

44Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos;

45al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.

46Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

47Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

48Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».

49Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».

50Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

51Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

52Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.