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Lectura 239 de 365

Isaías 5-6 · Salmos 24

Letra: Normal

Isaías 5

1Voy a cantar a mi amigo el canto de mi amado por su viña. Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.

2La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones.

3Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña.

4¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho? ¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones?

5Pues os hago saber lo que haré con mi viña: quitar su valla y que sirva de leña, derruir su tapia y que sea pisoteada.

6La convertiré en un erial: no la podarán ni la escardarán, allí crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

7La viña del Señor del universo es la casa de Israel y los hombres de Judá su plantel preferido. Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada; esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.

8¡Ay de los que añaden casa a casa, y juntan campos con campos hasta no dejar sitio y poder habitar solo ellos el país!

9Lo ha jurado a mis oídos el Señor del universo: «Sus muchas casas, amplias y hermosas, serán arrasadas, quedarán deshabitadas.

10Diez yugadas de viña darán un cántaro de vino, diez medidas de simiente producirán una sola».

11¡Ay de los que madrugan, en busca de licores, y alargan el crepúsculo, encendidos por el vino,

12con cítaras y arpas, panderetas y flautas, y vino en sus festines, pero no consideran la acción del Señor, ni tienen en cuenta la obra de sus manos!

13Por eso mi pueblo es deportado, porque no comprende, los notables mueren de hambre, la muchedumbre se abrasa de sed.

14Por eso ensancha sus fauces el abismo, dilata su boca sin medida, allá bajan notables y plebeyos, su bullicio y sus festejos.

15Será doblegado el mortal, humillado el hombre, abajada su mirada altiva.

16Mostrará el Señor del universo grandeza en sus sentencias, y el Dios santo será santificado.

17Corderos pastarán como en sus pastizales y engordarán entre las ruinas los cabritos.

18¡Ay de los que arrastran su culpa con lazos de engaño, su pecado como con cuerdas de carro,

19de los que dicen: «Que se dé prisa, que apresure su obra para que la veamos, que se aproxime y se cumpla el plan del Santo de Israel para que lo sepamos!».

20¡Ay de los que llaman bien al mal y mal al bien, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!

21¡Ay de quienes son sabios a sus propios ojos y se creen inteligentes!

22¡Ay de los fuertes para beber vino, de los valientes para mezclar licores,

23de los que por soborno absuelven al culpable y niegan justicia al inocente!

24Como la lengua de fuego devora la paja, y el heno se consume en la llama así se pudrirá su raíz y sus brotes volarán como polvo, porque rechazaron la ley del Señor del universo y despreciaron la palabra del Santo de Israel.

25Por eso se encendió la ira del Señor contra su pueblo, extendió su mano contra él y lo golpeó, se conmovieron las montañas, y quedaron los cadáveres como carroña en medio de las calles. Y con todo, su ira no se aplaca y su mano sigue extendida.

26Izará una enseña para un pueblo remoto, lo llamará con un silbido desde el confín de la tierra. He aquí que llega, raudo y veloz.

27Nadie se cansa, nadie tropieza, nadie se adormece, ninguno duerme. Ninguno afloja el cinturón de su cintura ni desata la correa de las sandalias.

28Están aguzadas sus saetas, tensos los arcos, son como pedernal los cascos de sus caballos, y como torbellinos las ruedas de los carros,

29su rugido, como de león, ruge como los cachorros: brama y atrapa la presa, la pone a seguro y nadie se la arranca.

30Aquel día bramará contra él como brama el mar. Se mire por donde se mire: oscuridad y angustia en la tierra, y la luz oscurecida por la bruma.

Isaías 6

1El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.

2Junto a él estaban los serafines, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos el cuerpo, con dos volaban,

3y se gritaban uno a otro diciendo: «¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!».

4Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

5Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo».

6Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas;

7la aplicó a mi boca y me dijo: «Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado».

8Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame».

9Él me dijo: «Ve y di a esta gente: “Por más que escuchéis no entenderéis, por más que miréis, no comprenderéis”.

10Embota el corazón de esta gente, endurece su oído, ciega sus ojos: que sus ojos no vean, que sus oídos no oigan, que su corazón no entienda, que no se convierta y sane».

11Pregunté: «¿Hasta cuándo, Señor?». Me respondió: «Hasta que las ciudades queden devastadas y despobladas, las casas sin gente, los campos yermos.

12Porque el Señor alejará a los hombres, y crecerá el abandono en el país.

13Y si aún quedara una décima parte, también sería exterminada. Como una encina o un roble que, al talarlos, solo dejan un tocón. Ese tocón será semilla santa».

Salmo 24

1Salmo de David. Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes:

2él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

3—¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?

4—El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos ni jura con engaño.

5Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación.

6—Esta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob. (Pausa)

7¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria.

8—¿Quién es ese Rey de la gloria? —El Señor, héroe valeroso, el Señor valeroso en la batalla.

9¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria.

10—¿Quién es ese Rey de la gloria? —El Señor, Dios del universo, él es el Rey de la gloria. (Pausa)