Lectura 237 de 365
Isaías 1-2 · Salmos 22
Isaías 1
1Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén, en tiempos de Ozías, Jotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá.
2Oíd, cielos, escucha tierra, que habla el Señor: «Hijos he criado y educado, y ellos se han rebelado contra mí.
3El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende».
4¡Ay, gente pecadora, pueblo cargado de culpas, raza malvada, hijos corrompidos! Han abandonado al Señor, han despreciado al santo de Israel, le han vuelto la espalda.
5¿Dónde podré golpearos todavía, si os seguís rebelando? La cabeza está herida, el corazón extenuado,
6de la planta del pie a la cabeza no queda parte ilesa: heridas y contusiones, llagas abiertas, no limpiadas ni vendadas ni aliviadas con aceite.
7Vuestro país está devastado, vuestras ciudades incendiadas, vuestros campos los devoran extranjeros, ante vuestros ojos. ¡Hay desolación como en una catástrofe causada por enemigos!
8Sión ha quedado como cabaña de viñedo, como choza de melonar, como ciudad sitiada.
9Si el Señor del universo no nos hubiera dejado un resto, seríamos como Sodoma, nos pareceríamos a Gomorra.
10Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.
11«¿Qué me importa la abundancia de vuestros sacrificios? —dice el Señor—. Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, de corderos y chivos no me agrada.
12Cuando venís a visitarme, ¿quién pide algo de vuestras manos para que vengáis a pisar mis atrios?
13No me traigáis más inútiles ofrendas, son para mí como incienso execrable. Novilunios, sábados y reuniones sagradas: no soporto iniquidad y solemne asamblea.
14Vuestros novilunios y solemnidades los detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más.
15Cuando extendéis las manos me cubro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre.
16Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de hacer el mal,
17aprended a hacer el bien. Buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda.
18Venid entonces, y discutiremos —dice el Señor—. Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana.
19Si sabéis obedecer, comeréis de los frutos de la tierra;
20si rehusáis y os rebeláis, os devorará la espada —ha hablado la boca del Señor—».
21¡Cómo se ha prostituido la villa fiel: estaba llena de rectitud; la justicia moraba en ella, y ahora moran los asesinos!
22Tu plata se ha vuelto escoria, está aguado tu vino;
23tus gobernantes son bandidos, cómplices de ladrones: amigos de sobornos, en busca de regalos. No protegen el derecho del huérfano, ni atienden la causa de la viuda.
24«Por eso —oráculo del Señor, Dios del universo, del Fuerte de Israel—: tomaré satisfacción de mis adversarios, y me vengaré de mis enemigos.
25Volveré mi mano contra ti: purificaré tu escoria en el crisol, separaré de ti toda la ganga,
26te daré jueces como los de antaño, consejeros como los del tiempo antiguo: entonces te llamarás Ciudad Justa, Villa Fiel.
27Sión será rescatada por el juicio, sus habitantes por la justicia».
28Vendrá la ruina sobre rebeldes y pecadores, los que abandonan al Señor perecerán.
29Os avergonzaréis de las encinas en las que os habéis deleitado, os sonrojaréis de los jardines que elegíais.
30Seréis como una encina con las hojas marchitas, como un jardín donde no corre el agua.
31Vuestra fortaleza será la estopa, su obra la chispa, arderán los dos juntos y no habrá quien lo apague.
Isaías 2
1Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén.
2En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas. Hacia él confluirán todas las naciones,
3caminarán pueblos numerosos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén».
4Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.
5Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor.
6Has rechazado a tu pueblo, a la casa de Jacob. Porque están llenos de adivinos de Oriente y de agoreros, como los filisteos, y pactan con extranjeros.
7Llena está su tierra de plata y oro, no hay límite para sus tesoros; su país está lleno de caballos, no hay límite para sus carros;
8su país está lleno de ídolos, y se postran ante las obras de sus manos, que fabricaron sus dedos.
9Pues será doblegado el mortal, será humillado el hombre. ¡No los perdones!
10Métete en las peñas, ocúltate en el polvo, ante el terror del Señor y ante la gloria de su majestad.
11Los ojos orgullosos serán humillados, será doblegada la arrogancia humana; solo el Señor será exaltado en aquel día,
12el Día del Señor del universo, contra cuanto es orgulloso y arrogante, contra cuanto es altanero —que será abajado—,
13contra todos los cedros del Líbano, arrogantes y altaneros, contra todas las encinas de Basán,
14contra todos los montes elevados, contra todas las colinas encumbradas,
15contra toda alta torre, contra toda muralla inexpugnable,
16contra todas las naves de Tarsis, contra todos los navíos opulentos.
17Será doblegado el orgullo del mortal, será humillada la arrogancia humana; solo el Señor será exaltado en aquel día,
18y los ídolos desaparecerán.
19Se meterán en las cuevas de las rocas, en las grietas de la tierra, ante el terror del Señor y la gloria de su majestad, cuando se levante, aterrando al país.
20Aquel día cada cual arrojará a los topos y a los murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que se había fabricado para postrarse ante ellos,
21y se meterá en las grutas de las rocas y en las hendiduras de las peñas, ante el terror del Señor, y la gloria de su majestad, cuando se levante, aterrando el país.
22Manteneos distantes de los hombres, en cuya nariz no hay más que un soplo: ¿en cuánto pueden ser estimados?
Salmo 22
1Al Director. Sobre «la cierva de la aurora». Salmo de David.
2Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.
3Dios mío, de día te grito, y no respondes; de noche, y no me haces caso.
4Porque tú eres el Santo y habitas entre las alabanzas de Israel.
5En ti confiaban nuestros padres; confiaban, y los ponías a salvo;
6a ti gritaban, y quedaban libres; en ti confiaban, y no los defraudaste.
7Pero yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo;
8al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza:
9«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere».
10Tú eres quien me sacó del vientre, me tenías confiado en los pechos de mi madre;
11desde el seno pasé a tus manos, desde el vientre materno tú eres mi Dios.
12No te quedes lejos, que el peligro está cerca y nadie me socorre.
13Me acorrala un tropel de novillos, me cercan toros de Basán;
14abren contra mí las fauces leones que descuartizan y rugen.
15Estoy como agua derramada, tengo los huesos descoyuntados; mi corazón, como cera, se derrite en mis entrañas;
16mi garganta está seca como una teja, la lengua se me pega al paladar; me aprietas contra el polvo de la muerte.
17Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies,
18puedo contar mis huesos. Ellos me miran triunfantes,
19se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.
20Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
21Líbrame a mí de la espada, y a mi única vida de la garra del mastín;
22sálvame de las fauces del león; a este pobre, de los cuernos del búfalo.
23Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
24«Los que teméis al Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel;
25porque no ha sentido desprecio ni repugnancia hacia el pobre desgraciado; no le ha escondido su rostro: cuando pidió auxilio, lo escuchó».
26Él es mi alabanza en la gran asamblea, cumpliré mis votos delante de sus fieles.
27Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan. ¡Viva su corazón por siempre!
28Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos,
29porque del Señor es el reino, él gobierna a los pueblos.
30Ante él se postrarán los que duermen en la tierra, ante él se inclinarán los que bajan al polvo. Me hará vivir para él,
31mi descendencia lo servirá; hablarán del Señor a la generación futura,
32contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: «Todo lo que hizo el Señor».