← La Biblia entera en 365 lecturas

Lectura 236 de 365

Eclesiástico 50-51 · Salmos 21

Letra: Normal

Eclesiástico 50

1Simón, el sumo sacerdote, hijo de Onías, en su vida reparó el templo, y en sus días fortificó el santuario.

2Puso los cimientos de doble altura, un alto contrafuerte de la cerca del templo.

3En sus días se excavó el depósito de agua, un estanque tan ancho como el mar.

4Él cuidó de su pueblo para evitar su ruina y fortificó la ciudad contra un posible asedio.

5¡Qué glorioso era cuando, rodeado de su pueblo, salía de la casa del velo!

6Como el lucero del alba en medio de las nubes, como la luna en su plenilunio;

7como el sol refulgente sobre el templo del Altísimo, como el arco iris brillando entre nubes de gloria;

8como rosal florecido en primavera, como lirio junto a un manantial, como cedro del Líbano en verano;

9como fuego e incienso en el incensario, como vaso de oro macizo adornado con toda clase de piedras preciosas;

10como olivo cargado de frutos, como ciprés erguido hasta las nubes.

11Cuando se ponía la vestidura de gala y se colocaba sus elegantes ornamentos, cuando subía hacia el altar sagrado, llenaba de gloria el recinto del santuario.

12Cuando recibía las porciones de las víctimas de manos de los sacerdotes, él mismo de pie junto al fuego del altar, rodeado de una corona de hermanos, como retoños de cedro en el Líbano o como tallos de palmera engarzados.

13Todos los hijos de Aarón en su esplendor, con la ofrenda del Señor en sus manos, estaban en presencia de toda la asamblea de Israel.

14Mientras cumplía su servicio en el altar, preparando la ofrenda del Altísimo todopoderoso,

15tomaba en su mano la copa, hacía la libación del vino y lo derramaba al pie del altar, como aroma suave para el Altísimo, Rey del universo.

16Entonces los hijos de Aarón prorrumpían en gritos, tocaban las trompetas de metal batido, hacían oír su sonido imponente, como memorial delante del Altísimo.

17Entonces, de repente, todo el pueblo en masa caía rostro a tierra, para adorar al Señor, su Dios, el Todopoderoso, el Dios altísimo.

18Los salmistas también lo alababan con sus voces, y su canto formaba una dulce melodía.

19El pueblo suplicaba al Señor altísimo, permanecía en oración ante el Misericordioso, hasta que terminaba la ceremonia del Señor y concluía el servicio litúrgico.

20Entonces él bajaba y elevaba las manos sobre toda la asamblea de los hijos de Israel, para pronunciar con sus labios la bendición del Señor y tener el honor de invocar su nombre.

21Y por segunda vez todos se postraban, para recibir la bendición del Altísimo.

22Y ahora bendecid al Dios del universo, el que hace grandes cosas por doquier, el que enaltece nuestra vida desde el seno materno y nos trata según su misericordia.

23Que nos dé la alegría de corazón y que haya paz en nuestros días, en Israel por los siglos de los siglos.

24Que su misericordia permanezca con nosotros y en nuestros días nos libere.

25Hay dos naciones que mi alma detesta, y la tercera ni siquiera es nación:

26los habitantes de la montaña de Seír, los filisteos y el pueblo necio que mora en Siquén.

27Doctrina de ciencia e inteligencia ha condensado en este libro Jesús, hijo de Sira, hijo de Eleazar, de Jerusalén, que de su corazón derramó sabiduría a raudales.

28Dichoso el que repase estas enseñanzas; el que las guarde en su corazón se hará sabio.

29Y si las pone en práctica, en todo será fuerte, porque la luz del Señor iluminará su camino; y a los piadosos dio sabiduría. Bendito el Señor por siempre. Así sea. Así sea.

Eclesiástico 51

1Te doy gracias, Señor y Rey, te alabo, oh Dios mi salvador, a tu nombre doy gracias.

2Porque fuiste mi protector y mi auxilio, y libraste mi cuerpo de la perdición, del lazo de una lengua traicionera, de los labios que urden mentiras; frente a mis adversarios fuiste mi auxilio y me liberaste,

3por tu inmensa misericordia y por tu nombre, de las dentelladas de los que iban a devorarme, de la mano de los que buscaban mi vida, de las muchas tribulaciones que he sufrido;

4de las llamas sofocantes que me envolvían, de un fuego que yo no había encendido;

5de las entrañas del abismo, de la lengua impura, de la palabra mentirosa,

6calumnia de una lengua injusta ante el rey. Yo estaba a punto de morir, mi vida tocaba el abismo profundo.

7Por todas partes me asediaban y nadie me auxiliaba, buscaba a alguien que me ayudara y no había nadie.

8Entonces me acordé, Señor, de tu misericordia y de tus obras que son desde siempre, de que tú sostienes a los que esperan en ti y los salvas de la mano de los enemigos.

9Y desde la tierra elevé mi plegaria, supliqué ser librado de la muerte.

10Clamé al Señor: «Tú eres mi Padre, no me abandones el día de la tribulación, cuando acosan los orgullosos y estoy indefenso. Alabaré tu nombre sin cesar y te cantaré himnos de acción de gracias».

11Y mi oración fue escuchada, pues tú me salvaste de la perdición y me libraste de aquel mal momento.

12Por eso te daré gracias y te alabaré, bendeciré el nombre del Señor.

13Desde joven, antes de viajar por el mundo, busqué sinceramente la sabiduría en la oración.

14A la puerta del templo la pedí, y la busqué hasta el último día.

15Cuando floreció como racimo maduro, mi corazón se alegró. Entonces mi pie avanzó por el camino recto, desde mi juventud seguí sus huellas.

16Incliné un poco mi oído y la recibí, y me encontré con una gran enseñanza.

17Gracias a ella he progresado mucho, daré gloria a quien me ha dado la sabiduría.

18Pues he decidido ponerla en práctica, me he dedicado al bien y no quedaré defraudado.

19He luchado para obtenerla, he sido diligente en practicar la ley, he tendido mis manos hacia el cielo, lamentado lo que ignoraba de ella.

20Hacia ella he orientado mi vida y en la pureza la he encontrado. Desde el principio me dediqué a ella, por eso no quedaré defraudado.

21Mis entrañas se conmovieron al buscarla, por eso he hecho una buena adquisición.

22En recompensa el Señor me dio una lengua, y con ella lo alabaré.

23Acercaos a mí, los ignorantes, e instalaos en mi escuela de sabiduría.

24¿Por qué os tenéis que privar por más tiempo, si estáis tan sedientos de ella?

25He abierto la boca para decir: «Adquiridla sin dinero».

26Someted vuestro cuello a su yugo y recibid instrucción: está ahí, a vuestro alcance.

27Ved con vuestros ojos lo poco que he trabajado, y qué descanso tan grande he encontrado.

28No escatiméis dinero para recibir instrucción, pues con ella adquiriréis gran cantidad de oro.

29Alegraos por la misericordia del Señor, y no os avergoncéis de su alabanza.

30Realizad vuestras obras antes del momento final y él os dará la recompensa a su tiempo.

Salmo 21

1Al Director. Salmo de David.

2Señor, el rey se alegra por tu fuerza, ¡y cuánto goza con tu victoria!

3Le has concedido el deseo de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios.

4Te adelantaste a bendecirlo con el éxito, y has puesto en su cabeza una corona de oro fino. (Pausa)

5Te pidió vida, y se la has concedido, años que se prolongan sin término.

6Tu victoria ha engrandecido su fama, lo has vestido de honor y majestad.

7Le concedes bendiciones incesantes, lo colmas de gozo en tu presencia.

8Porque el rey confía en el Señor, y con la gracia del Altísimo no fracasará.

9Que tu izquierda alcance a tus enemigos, y tu derecha a los que te odian.

10Los convertirás en un horno encendido, el día de tu cólera, Señor; los devorará en su ira, el fuego los consumirá.

11Borrarás de la tierra su fruto, y su semilla de entre los humanos.

12Aunque tramen maldades contra ti y urdan intrigas, nada conseguirán,

13pues los pondrás en fuga, tensando el arco contra ellos.

14Levántate, Señor, con tu fuerza, y al son de instrumentos cantaremos tu poder.