Lectura 234 de 365
Eclesiástico 46-47 · Salmos 19
Eclesiástico 46
1Valiente guerrero fue Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés en la dignidad de profeta. De acuerdo con lo que su nombre indica, se mostró grande para salvar a los elegidos del Señor, para tomar venganza de los enemigos sublevados e introducir a Israel en su heredad.
2¡Qué glorioso cuando alzaba la mano y blandía la espada contra las ciudades!
3¿Quién había sido tan valiente antes de él? ¡Él mismo combatía las batallas del Señor!
4¿Acaso no se detuvo el sol ante su mano y un día se convirtió en dos?
5Él invocó al Altísimo soberano, cuando los enemigos le rodeaban por todas partes, y el Señor, que es grande, le respondió, enviando una terrible lluvia de granizo.
6Cayó de golpe sobre la nación hostil, y al bajar aniquiló a los adversarios, para que las naciones conocieran la fuerza de sus armas y entendieran que luchaban contra el Señor.
7Josué se mantuvo fiel al Todopoderoso e hizo el bien en tiempos de Moisés. Él y también Caleb, hijo de Jefuné, resistieron frente a la asamblea, apartaron al pueblo del pecado y acallaron las murmuraciones malignas.
8Solo ellos dos se salvaron entre seiscientos mil hombres de a pie, para ser introducidos en la heredad, en la tierra que mana leche y miel.
9El Señor dio a Caleb un gran vigor que le duró hasta su vejez, para que subiera a las alturas del país, que sus descendientes conservaron como heredad;
10para que todos los hijos de Israel supieran que es bueno seguir los caminos del Señor.
11También los jueces, cada uno por su nombre, cuyo corazón no se prostituyó ni se apartaron del Señor: ¡Bendita sea su memoria!
12¡Que sus huesos revivan en sus tumbas, y sus nombres se renueven en los hijos de estos personajes ilustres!
13Samuel fue amado de su Señor, como profeta del Señor estableció la monarquía y ungió a los príncipes de su pueblo.
14Juzgó a la asamblea según la ley del Señor, y el Señor se fijó en Jacob.
15Por su fidelidad demostró ser profeta, por sus oráculos fue reconocido vidente veraz.
16Invocó al Señor todopoderoso, cuando los enemigos lo rodeaban por todas partes, y le ofreció un cordero lechal.
17El Señor tronó desde los cielos, con gran estruendo hizo resonar su voz;
18aplastó a los jefes enemigos y a todos los príncipes de los filisteos.
19Antes de entrar en el reposo eterno, dio testimonio ante el Señor y su ungido: «De nadie he aceptado regalos, ni siquiera unas sandalias», y nadie pudo contradecirlo.
20E incluso después de muerto profetizó, anunciando al rey su destino; del seno de la tierra alzó su voz, profetizó para borrar la iniquidad del pueblo.
Eclesiástico 47
1Después de él surgió Natán que profetizó en tiempos de David.
2Como se separa la grasa en el sacrificio de comunión, así David fue separado de entre los hijos de Israel.
3Jugó con los leones como si fueran cabritos, y con los osos como si fueran corderos.
4¿Acaso no mató de joven al gigante, y quitó el oprobio del pueblo, lanzando la piedra con la honda y abatiendo la arrogancia de Goliat?
5Porque invocó al Señor altísimo, quien dio vigor a su diestra, para aniquilar al potente guerrero y reafirmar el poder de su pueblo.
6Por eso lo glorificaron por los diez mil y lo alabaron por las bendiciones del Señor, ofreciéndole la diadema de gloria.
7Pues él aplastó a los enemigos del contorno, aniquiló a los filisteos, sus adversarios, para siempre quebrantó su poder.
8Por todas sus acciones daba gracias al Altísimo, el Santo, proclamando su gloria. Con todo su corazón entonó himnos, demostrando el amor por su Creador.
9Organizó coros de salmistas ante el altar, y con sus voces armonizó los cantos; y cada día tocarán su música.
10Dio esplendor a las fiestas, embelleció las solemnidades a la perfección, haciendo que alabaran el santo nombre del Señor, llenando de cánticos el santuario desde la aurora.
11El Señor le perdonó sus pecados y exaltó su poder para siempre: le otorgó una alianza real y un trono de gloria en Israel.
12Le sucedió en el trono un hijo sabio, que, gracias a él, vivió holgadamente.
13Salomón reinó en tiempo de paz, y Dios le dio tranquilidad en sus fronteras, para que levantara un templo en su nombre y edificara un santuario eterno.
14¡Qué sabio fuiste en tu juventud, lleno de inteligencia como un río!
15Tu espíritu cubrió la tierra, la llenaste con enigmáticos proverbios.
16Tu nombre llegó hasta las islas lejanas, y fuiste amado por la paz que infundías.
17De tus cantos, tus sentencias, tus proverbios y tus interpretaciones se admiraron las naciones.
18En nombre del Señor Dios, que es llamado Dios de Israel, amontonaste el oro como estaño, como plomo multiplicaste la plata.
19Pero entregaste tu cuerpo a las mujeres y te dejaste dominar por ellas.
20Profanaste así tu gloria y deshonraste tu linaje, acarreando la ira sobre tus hijos y afligiéndolos con tu locura.
21Por eso tu dinastía se dividió en dos, y de Efraín surgió un reino rebelde.
22Pero el Señor jamás retiró su misericordia, no dejó que sus palabras se perdieran, ni que se borrase la descendencia de su elegido, ni que desapareciese el linaje del que fue su amado. Por eso dio a Jacob un resto, y a David un retoño nacido de él.
23Descansó Salomón con sus padres y dejó en el trono a uno de su linaje, lo más loco del pueblo, falto de inteligencia: Roboán, que pervirtió al pueblo con su consejo.
24También Jeroboán, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel e indicó a Efraín el camino del pecado. Desde entonces el pueblo cometió tantos pecados que fueron expulsados de su tierra.
25Hicieron toda clase de maldades, hasta que el castigo cayó sobre ellos.
Salmo 19
1Al Director. Salmo de David.
2El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos:
3el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.
4Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz,
5a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Allí le ha puesto su tienda al sol:
6él sale como el esposo de su alcoba, contento como un héroe, a recorrer su camino.
7Asoma por un extremo del cielo, y su órbita llega al otro extremo: nada se libra de su calor.
8La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye a los ignorantes.
9Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.
10El temor del Señor es puro y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
11Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila.
12También tu siervo es instruido por ellos y guardarlos comporta una gran recompensa.
13¿Quién conoce sus faltas? Absuélveme de lo que se me oculta.
14Preserva a tu siervo de la arrogancia, para que no me domine: así quedaré limpio e inocente del gran pecado.
15Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, Roca mía, Redentor mío.