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Lectura 233 de 365

Eclesiástico 44-45 · Salmos 18

Letra: Normal

Eclesiástico 44

1Hagamos el elogio de los hombres ilustres, de nuestros padres según sus generaciones.

2Grandes glorias exhibió el Señor, desde siempre ha mostrado su grandeza.

3Unos fueron soberanos en sus reinos y hombres famosos por su poder; consejeros notables por su inteligencia y expertos en anunciar profecías.

4Otros guiaron al pueblo con sus consejos, con la inteligencia de la sabiduría popular y con las palabras sabias de su doctrina.

5Hubo inventores de melodías musicales, compositores de poesías,

6hombres ricos, dotados de poder, que vivieron en paz en sus casas.

7Todos ellos fueron honrados por sus contemporáneos y fueron motivo de orgullo en su tiempo.

8Algunos de ellos dejaron un nombre que aún se recuerda con elogio.

9Otros no dejaron memoria, desaparecieron como si no hubieran existido, pasaron como si nunca hubieran sido, igual que sus hijos después de ellos.

10Pero hubo también hombres de bien, cuyos méritos no han quedado en el olvido.

11En sus descendientes se conserva una rica herencia, su posteridad.

12Sus descendientes han sido fieles a la alianza, y, gracias a ellos, también sus hijos.

13Su descendencia permanece por siempre, y su gloria no se borrará.

14Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vive por generaciones.

15Los pueblos hablarán de su sabiduría, y la asamblea proclamará su alabanza.

16Henoc agradó al Señor y fue arrebatado, ejemplo de conversión para todas las generaciones.

17Noé fue hallado íntegro y justo, y en el tiempo de la ira hizo posible la reconciliación. Gracias a él un resto supervivió en la tierra, cuando se produjo el diluvio.

18Con él se pactaron alianzas eternas, para que el diluvio no exterminara a los vivientes.

19Abrahán fue padre insigne de una multitud de naciones, y no se halló quien le igualara en su gloria.

20Guardó la ley del Altísimo y con él estableció una alianza. En su carne selló esta alianza, y en la prueba fue hallado fiel.

21Por eso Dios le prometió con juramento bendecir a las naciones por su descendencia, multiplicarle como el polvo de la tierra, exaltar su estirpe como las estrellas, y darle una herencia de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra.

22A Isaac le aseguró lo mismo, en atención a su padre Abrahán.

23La bendición de todos los hombres y la alianza las hizo reposar en la cabeza de Jacob; lo confirmó en sus bendiciones y le otorgó la tierra en herencia; la dividió en varias partes y las repartió entre las doce tribus.

Eclesiástico 45

1Hizo salir de él un hombre de bien que gozó del favor de todos, amado de Dios y de los hombres: Moisés, de bendita memoria.

2Le dio una gloria como la de los santos, lo hizo poderoso para temor de sus enemigos.

3Con su palabra puso fin a los prodigios y lo glorificó delante de los reyes; le dio mandamientos para su pueblo y le mostró algo de su gloria.

4Por su fidelidad y humildad lo santificó, lo eligió de entre todos los vivientes.

5Le hizo oír su voz y lo introdujo en la negra nube; cara a cara le dio los mandamientos, la ley de vida y de conocimiento, para enseñar su alianza a Jacob y sus decretos a Israel.

6Exaltó a Aarón, un santo como él, su hermano, de la tribu de Leví.

7Estableció con él una alianza eterna y lo hizo sacerdote para el pueblo. Lo honró con espléndidos ornamentos y lo ciñó con una túnica de gloria.

8Lo revistió con perfecto esplendor y lo confirmó con las insignias de poder: los calzones, la túnica y el efod.

9Le colocó granadas en los bordes de sus vestidos y muchas campanillas de oro todo alrededor, para que tintinearan al caminar y resonaran por todo el templo, como memorial para los hijos de su pueblo.

10Le dio los ornamentos sagrados, de oro, jacinto y púrpura, obra de bordador, y el pectoral del juicio con los signos de la verdad, con cintas de escarlata, obra de artista;

11con piedras preciosas, grabadas como sellos, en engaste de oro, obra de joyero, y con una inscripción grabada, según el número de las tribus de Israel.

12Encima del turbante le colocó corona de oro, grabada con el sello de consagración, insignia de honor, obra magnífica, adorno que era un regalo para los ojos.

13Antes de él nunca se vieron cosas semejantes, y jamás un extraño se vistió de ese modo, sino solo sus hijos y sus descendientes para siempre.

14Sus sacrificios se consumían totalmente, dos veces al día sin interrupción.

15Moisés lo consagró sacerdote, lo ungió con óleo santo. Así se estableció una alianza eterna para él y para su descendencia mientras dure el cielo: presidirá el culto, ejercerá el sacerdocio y bendecirá a su pueblo en nombre del Señor.

16Lo eligió de entre todos los vivientes para presentar la ofrenda al Señor, el incienso y el aroma como memorial, y para hacer la expiación por el pueblo.

17Le confió sus mandamientos y autoridad sobre las prescripciones legales, para que enseñara a Jacob sus dictámenes e instruyera a Israel en la ley.

18Unos extraños se confabularon contra él y en el desierto le cogieron envidia: los hombres de Datán y Abirón, la banda enfurecida de Coré.

19El Señor lo vio y se irritó, y los destruyó con el ardor de su ira. Hizo prodigios contra ellos, consumiéndolos con su fuego ardiente.

20Aumentó la gloria de Aarón y le concedió una heredad. Le otorgó las primicias de los frutos y sobre todo pan en abundancia.

21Por eso comen de los sacrificios del Señor, que él concedió a Aarón y a su linaje.

22En cambio, no tiene heredad en la tierra, ni porción en el pueblo, porque el Señor es su porción y su heredad.

23Pinjás, hijo de Eleazar, es el tercero en gloria, porque se mostró fiel en el temor del Señor. Cuando el pueblo se rebeló, él se mantuvo firme, con espíritu noble y valiente, y así obtuvo el perdón para Israel.

24Por eso el Señor hizo con él una alianza de paz, y le designó jefe del santuario y de su pueblo. De este modo él y su descendencia recibieron la dignidad del sumo sacerdocio para siempre.

25El Señor hizo también alianza con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá. Pero esta herencia real solo pasa de hijo a hijo, mientras que la herencia de Aarón pasa a todo su linaje.

26Que Dios os conceda la sabiduría del corazón, para juzgar a su pueblo con justicia, y para que no se desvirtúen los valores de los padres, ni su gloria por todas las generaciones.

Salmo 18

1Al Director. Del siervo del Señor, David, que dirigió al Señor las palabras de esta canción, cuando el Señor lo libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. Dijo:

2Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

3Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

4Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.

5Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban,

6me envolvían las redes del abismo; me alcanzaban los lazos de la muerte.

7En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios: desde su templo él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos.

8Entonces tembló y retembló la tierra, vacilaron los cimientos de los montes, sacudidos por su cólera;

9de su nariz se alzaba una humareda, de su boca un fuego voraz, y lanzaba carbones ardiendo.

10Inclinó el cielo y bajó con nubarrones debajo de sus pies.

11Volaba a caballo de un querubín cerniéndose sobre las alas del viento,

12envuelto en un manto de oscuridad; como un toldo, lo rodeaban oscuro aguacero y nubes espesas;

13al fulgor de su presencia, las nubes se deshicieron en granizo y centellas.

14Y el Señor tronaba desde el cielo, el Altísimo hacía oír su voz:

15disparando sus saetas, los dispersaba, y sus continuos relámpagos los enloquecían.

16El fondo del mar apareció, y se vieron los cimientos del orbe, cuando tú, Señor, lanzaste un bramido, con tu nariz resoplando de cólera.

17Desde el cielo alargó la mano y me agarró, me sacó de las aguas caudalosas,

18me libró de un enemigo poderoso, de adversarios más fuertes que yo.

19Me acosaban el día funesto, pero el Señor fue mi apoyo:

20me sacó a un lugar espacioso, me libró porque me amaba.

21El Señor retribuyó mi justicia, retribuyó la pureza de mis manos,

22porque seguí los caminos del Señor y no me rebelé contra mi Dios;

23porque tuve presentes sus mandamientos y no me aparté de sus preceptos;

24le fui enteramente fiel, guardándome de toda culpa;

25el Señor retribuyó mi justicia, la pureza de mis manos en su presencia.

26Con el fiel, tú eres fiel; con el íntegro, tú eres íntegro;

27con el sincero, tú eres sincero; con el astuto, tú eres sagaz.

28Tú salvas al pueblo afligido y humillas los ojos soberbios.

29Señor, tú eres mi lámpara; Dios mío, tú alumbras mis tinieblas.

30Fiado en ti, me meto en la refriega, fiado en mi Dios, asalto la muralla.

31Perfecto es el camino de Dios, acendrada es la promesa del Señor; él es escudo para los que a él se acogen.

32¿Quién es Dios fuera del Señor? ¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?

33Dios me ciñe de valor y me enseña un camino perfecto;

34él me da pies de ciervo, y me coloca en las alturas;

35él adiestra mis manos para la guerra, y mis brazos para tensar la ballesta.

36Me dejaste tu escudo protector, tu diestra me sostuvo, multiplicaste tus cuidados conmigo.

37Ensanchaste el camino a mis pasos, y no flaquearon mis tobillos.

38Yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo, y no me volvía sin haberlo aniquilado:

39los derroté, y no pudieron rehacerse, cayeron bajo mis pies.

40Me ceñiste de valor para la lucha, doblegaste a los que me resistían.

41Hiciste volver la espalda a mis enemigos, rechazaste a mis adversarios.

42Pedían auxilio, pero nadie los salvaba; gritaban al Señor, pero no les respondía.

43Los reduje a polvo que arrebataba el viento; los pisoteaba como barro de las calles.

44Me libraste de las contiendas de mi pueblo, me hiciste cabeza de naciones, un pueblo extraño fue mi vasallo:

45me escuchaban y me adulaban, los extranjeros buscaban mi favor.

46La gente extraña palidecía y salía temblando de sus baluartes.

47Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador:

48el Dios que me dio el desquite y me sometió los pueblos;

49que me libró de mis enemigos, me levantó sobre los que resistían y me salvó del hombre cruel.

50Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor, y tañeré en honor de tu nombre:

51Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu ungido, de David y su linaje por siempre.