Lectura 232 de 365
Eclesiástico 42-43 · Salmos 17
Eclesiástico 42
1Pero no te avergüences de lo siguiente, ni peques por respeto humano:
2de la ley del Altísimo y de su alianza, del juicio que justifica a los impíos,
3de arreglar cuentas con el compañero de viaje, de compartir tu herencia con otros,
4de usar balanzas y pesas exactas, de obtener grandes o pequeñas ganancias,
5de obtener beneficios en el comercio, de corregir con rigor a los hijos, de tundir los lomos a un mal siervo.
6Donde hay mujer malvada bueno es usar la cerradura, y donde hay muchas manos poner las cosas bajo llave.
7Lo que dejes en depósito, cuéntalo y pésalo, el haber y el debe, vaya todo por escrito.
8No te avergüences de corregir al necio y al insensato, ni al viejo decrépito que litiga como un joven. Así serás verdaderamente educado y apreciado por todos.
9Una hija es para su padre una secreta inquietud, la preocupación por ella le quita el sueño. Cuando es joven, por si le pasa la edad de casarse, si está casada, por si el marido la aborrece.
10Mientras es virgen, por si se deja seducir y queda embarazada en la casa paterna. Si está casada, por si es infiel al marido; en la relación conyugal, por si resulta estéril.
11Si tienes una hija atrevida, refuerza la vigilancia, no sea que te convierta en el hazmerreír de tus enemigos, comidilla de la ciudad, hablilla del pueblo y te avergüence ante la gente.
12No te dejes fascinar por la belleza de nadie, y no te sientes entre mujeres.
13Porque de los vestidos sale la polilla, y de la mujer la malicia femenina.
14Vale más maldad de varón que bondad de mujer; la mujer puede ser causa de la mayor vergüenza.
15Voy a recordar las obras del Señor, voy a contar lo que he visto. Por la palabra del Señor fueron hechas sus obras, y la creación está sometida a su voluntad.
16El sol radiante todo lo contempla, de la gloria del Señor está llena su obra.
17Ni siquiera los santos del Señor son capaces de contar todas las maravillas que el Señor omnipotente ha establecido firmemente, para que el universo subsista ante su gloria.
18Él sondea el abismo y el corazón, y penetra todos sus secretos. Pues el Altísimo conoce toda la ciencia y escruta las señales de los tiempos.
19Anuncia lo pasado y lo futuro, y descubre las huellas de las cosas ocultas.
20No se le escapa ningún pensamiento, ni una palabra se le oculta.
21Puso en orden las grandezas de su sabiduría, porque él existe desde siempre y por siempre; nada se le puede añadir ni quitar, y no necesita de consejero alguno.
22¡Qué deseables son todas sus obras! Y lo que contemplamos es apenas un destello.
23Todas viven y permanecen eternamente, y lo obedecen en cualquier circunstancia.
24Todas las cosas son de dos en dos, una frente a otra, no ha creado nada imperfecto.
25Una cosa confirma la excelencia de otra, ¿quién puede cansarse de contemplar su gloria?
Eclesiástico 43
1Orgullo de las alturas es el firmamento límpido, espectáculo celeste en una visión espléndida.
2El sol proclama cuando sale: «¡Qué admirable es la obra del Altísimo!».
3Al mediodía reseca la tierra, ¿quién puede resistir ante su calor?
4Para los trabajos de forja se atiza el horno, pero tres veces más abrasa el sol las montañas; emite vapores ardientes, ciega los ojos con el resplandor de sus rayos.
5Grande es el Señor que lo ha creado, y su palabra acelera su carrera.
6Lo mismo ocurre con la luna: es siempre puntual en sus fases, para marcar los tiempos, señal eterna.
7La luna es quien señala las fiestas, astro que mengua después del plenilunio.
8De ella reciben los meses su nombre; ella crece maravillosamente cuando cambia,
9como estandarte del ejército celeste que brilla en el firmamento del cielo. Belleza del cielo es el resplandor de las estrellas, radiante ornamento en las alturas del Señor.
10Se mantienen fijas según la palabra del Señor, y no abandonan su puesto de guardia.
11Mira el arco iris y bendice a su Hacedor, ¡qué bello en su esplendor!
12Rodea el cielo con un arco de gloria, lo han tendido las manos del Altísimo.
13Con una orden suya hace caer la nieve, con su decreto fulmina los rayos.
14Por eso se abren sus depósitos, y las nubes vuelan como pájaros.
15Con su grandeza condensa las nubes, y se desmenuzan las piedras de granizo.
16El estallido de su trueno estremece la tierra, a su vista se tambalean las montañas.
17Cuando quiere, sopla el ábrego, el huracán del Norte y los ciclones.
18Como bandada de pájaros esparce la nieve, que se posa en el suelo como plaga de langostas. La belleza de su blancura deslumbra los ojos, y al verla caer el corazón se extasía.
19Como sal él derrama la escarcha sobre la tierra, y al helarse forma pinchos espinosos.
20El viento frío sopla del Norte, y el agua se convierte en hielo; se posa sobre las superficies acuosas, y las reviste como de una coraza.
21Devora los montes, quema el desierto, y como el fuego consume cuanto verdea.
22Como remedio de todo llega la niebla imprevista, y el rocío, tras el calor, trae de nuevo la alegría.
23Con su palabra somete al océano, y en medio de él planta las islas.
24Los que surcan el mar hablan de sus peligros, y nosotros nos maravillamos de lo que cuentan.
25Allí hay criaturas raras y maravillosas, toda clase de animales y monstruos marinos.
26Gracias a Dios su mensajero tiene éxito, y gracias a su palabra todo está en su sitio.
27Podríamos decir mucho más y nunca acabaríamos; mi conclusión es esta: «Él lo es todo».
28¿Dónde hallar fuerza para glorificarlo? ¡Él es más grande que todas sus obras!
29Temible es el Señor, inmensamente grande, admirable es su poder.
30Ensalzad al Señor con vuestra alabanza, todo cuanto podáis, que él siempre os superará; y, al ensalzarlo, redoblad vuestra fuerza, no os canséis, que nunca acabaréis.
31¿Quién lo ha visto para poder describirlo? ¿Quién puede glorificarlo dignamente?
32Aún quedan misterios mucho más grandes: tan solo hemos visto algo de sus obras.
33Porque el Señor lo ha hecho todo, y a los piadosos les ha dado la sabiduría.
Salmo 17
1Oración de David. Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño:
2emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud.
3Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche; aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí.
4Mi boca no ha faltado como suelen los hombres; según las palabras de tu boca he evitado las sendas de los violentos.
5Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos.
6Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.
7Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha.
8Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme
9de los malvados que me asaltan, del enemigo mortal que me cerca.
10Han cerrado sus entrañas y hablan con boca arrogante;
11ya me rodean sus pasos, se hacen guiños para derribarme,
12como un león ávido de presa, como un cachorro agazapado en su escondrijo.
13Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo, que tu espada me libre del malvado,
14y tu mano, Señor, de los mortales, los mortales de este mundo, que no tendrán parte en la vida. Pero de tu despensa les llenarás el vientre, se saciarán sus hijos y dejarán a sus pequeños lo que sobra.
15Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante.