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Lectura 231 de 365

Eclesiástico 40-41 · Salmos 16

Letra: Normal

Eclesiástico 40

1Penoso destino se ha asignado a todo hombre, pesado yugo grava sobre los hijos de Adán, desde el día en que salen del seno materno, hasta el día de su regreso a la madre de todos.

2El objeto de sus reflexiones, la ansiedad de su corazón es la espera angustiosa del día de la muerte.

3Desde el que está sentado en un trono glorioso, hasta el que yace humillado en la ceniza y el polvo,

4desde el que lleva púrpura y corona, hasta el que se cubre con harapos: todos conocen la ira y la envidia, la turbación y la inquietud, el miedo a la muerte, el resentimiento y la discordia.

5Y mientras descansa en el lecho, los sueños nocturnos alteran sus pensamientos.

6Descansa un poco, apenas un instante, y ya, en sueños o en vigilia, se ve turbado por sus propias visiones, como si fuese un fugitivo que huye del combate,

7que, justo al sentirse libre, se despierta, sorprendido de su infundado temor.

8Esto ocurre a todo viviente, del ser humano hasta la bestia, pero para los pecadores es siete veces peor:

9muerte, sangre, discordia, espada, adversidades, hambre, tribulación, azote.

10Todo esto fue creado para los malvados, y por su culpa se produjo el diluvio.

11Todo cuanto viene de la tierra, a la tierra vuelve, todo cuanto viene del agua, en el mar desemboca.

12Sobornos e injusticias desaparecerán, pero la honestidad subsistirá por siempre.

13Las riquezas de los injustos se secarán como un torrente, son como un gran trueno que estalla en la tormenta.

14Al abrir sus manos el injusto se alegrará, pero los transgresores desaparecerán por completo.

15La estirpe de los impíos tiene pocas ramas, las raíces impuras solo encuentran piedra áspera.

16Caña que crece en el agua o al borde del río será arrancada antes que las otras hierbas.

17La caridad es como un paraíso de bendición, y la limosna permanece para siempre.

18Dulce es la vida del que se autoabastece y del trabajador, pero todavía más la de quien encuentra un tesoro.

19Tener hijos y fundar una ciudad perpetúan el nombre, pero todavía más la mujer de conducta intachable.

20El vino y la música alegran el corazón, pero todavía más el amor a la sabiduría.

21La flauta y la cítara hacen el canto agradable, pero todavía más la lengua dulce.

22Gracia y belleza el ojo desea, pero todavía más el verdor de los campos.

23Amigo y compañero se encuentran a su hora, pero todavía más la mujer y su marido.

24Hermano y protector ayudan en la desgracia, pero todavía más salva la limosna.

25Oro y plata aseguran el paso, pero todavía más se estima el consejo.

26La riqueza y la fuerza dan confianza, pero todavía más el temor del Señor. Al que teme al Señor nada le falta, no necesita buscar otra ayuda.

27El temor del Señor es un paraíso de bendición, protege más que cualquier otro escudo.

28Hijo, no lleves vida de mendigo, más vale morir que mendigar.

29Hombre que suspira por mesa ajena vive una vida que no es vida. Deshonra su boca con comida ajena, pero el instruido y educado se guarda de ello.

30La mendicidad es dulce en la boca del descarado, pero en sus entrañas es un fuego abrasador.

Eclesiástico 41

1¡Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo para el que vive tranquilo entre sus bienes, para el hombre despreocupado que prospera en todo y todavía es capaz de saborear la comida!

2¡Oh muerte, qué dulce es tu sentencia para el hombre necesitado y carente de fuerzas, para el viejo acabado, preocupado por todo, que se rebela y ha perdido la paciencia!

3No temas la sentencia de la muerte, recuerda a los que te precedieron y te seguirán.

4Esta es la sentencia del Señor para todos, ¿por qué rechazar la voluntad del Altísimo? Aunque vivas diez, cien o mil años, en el abismo nadie te lo discutirá.

5Detestables son los hijos de los pecadores, los que frecuentan las casas de los impíos.

6La herencia de los hijos de los pecadores es la ruina, con su linaje se perpetúa la infamia.

7Al padre impío lo maldicen sus hijos, porque por culpa suya son deshonrados.

8¡Ay de vosotros, impíos, que habéis abandonado la ley del Altísimo!

9Si os multiplicáis, es para la perdición, si nacéis, nacéis para la maldición, si morís, heredáis la maldición.

10Todo cuanto viene de la tierra, a la tierra vuelve, así los impíos pasan de la maldición a la ruina.

11Los humanos hacen duelo por sus cadáveres, pero el nombre infame de los pecadores será borrado.

12Preocúpate por tu nombre, porque te sobrevivirá, dura más que mil tesoros de oro.

13La buena vida tiene los días contados, pero el buen nombre permanece para siempre.

14Hijos, conservad en paz la instrucción. Sabiduría escondida y tesoro oculto, ¿para qué sirven?

15Más vale hombre que oculta su necedad, que el que oculta su sabiduría.

16Así pues, os voy a decir de qué tenéis que avergonzaros, porque no está bien avergonzarse de cualquier cosa, aunque no todos aprecian por igual las mismas cosas.

17Avergüénzate ante tus padres de una conducta inmoral; ante el jefe y el poderoso, de la mentira;

18ante el juez y el magistrado, del delito; ante la asamblea y el pueblo, de la iniquidad;

19ante el compañero y el amigo, de la deslealtad; ante los vecinos, del robo;

20y ante la verdad de Dios y la alianza, de poner los codos sobre los panes,

21de despreciar lo que recibes y lo que das, de no contestar a quienes te saludan,

22de mirar a una prostituta, de dar la espalda a tu pariente,

23de apropiarte de la parte de otro o de su regalo, de poner los ojos en una mujer casada,

24de tener intimidades con la criada —¡no te acerques a su cama!—,

25de insultar a los amigos, —¡no les eches en cara lo que les has dado!—,

26de repetir lo que oyes a los demás y de revelar secretos.

27Así serás verdaderamente respetable, y hallarás el favor de todos.

Salmo 16

1Epigrama. De David. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

2Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios». No hay bien para mí fuera de ti.

3En los santos que hay en la tierra, varones insignes, pongo toda mi complacencia.

4Se multiplican las desgracias de quienes van tras dioses extraños; yo no derramaré sus libaciones con mis manos, ni tomaré sus nombres en mis labios.

5El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano:

6me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.

7Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente.

8Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

9Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada.

10Porque no me abandonarás en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel ver la corrupción.

11Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.