Lectura 230 de 365
Eclesiástico 38-39 · Salmos 15
Eclesiástico 38
1Honra al médico por los servicios que presta, que también a él lo creó el Señor.
2Del Altísimo viene la curación, y del rey se reciben las dádivas.
3La ciencia del médico le hace erguir la cabeza, y es admirado por los poderosos.
4El Señor hace que la tierra produzca remedios, y el hombre prudente no los desprecia.
5¿Acaso no endulzó el agua con un leño, para que se conociera su poder?
6Él es quien da la ciencia a los humanos, para que lo glorifiquen por sus maravillas.
7Con sus medios el médico cura y elimina el sufrimiento, con ellos el farmacéutico prepara sus mezclas.
8Y así nunca se acaban las obras del Señor, de él procede el bienestar sobre toda la tierra.
9Hijo, en tu enfermedad, no te desanimes, sino ruega al Señor, que él te curará.
10Aparta tus faltas, corrige tus acciones y purifica tu corazón de todo pecado.
11Ofrece incienso, un memorial de flor de harina y ofrendas generosas según tus medios.
12Luego recurre al médico, pues también a él lo creó el Señor; que no se aparte de tu lado, pues lo necesitas:
13hay ocasiones en que la curación está en sus manos.
14También ellos rezan al Señor, para que les conceda poder aliviar el dolor, curar la enfermedad y salvar tu vida.
15El que peca contra su Hacedor ¡caiga en manos del médico!
16Hijo, por un muerto derrama lágrimas, y como quien sufre atrozmente, entona un lamento; amortaja el cadáver como es debido, y no descuides su sepultura.
17Llora amargamente, date fuertes golpes de pecho, celebra el duelo según su dignidad: un día o dos para evitar murmuraciones, pero luego consuélate de tu tristeza.
18Porque la tristeza lleva a la muerte, y la pena del corazón consume las fuerzas.
19En la desgracia se prolonga la pena, la vida del pobre le aflige el corazón.
20No te abandones a la tristeza, apártala, pensando en el final.
21No olvides que no hay retorno; al difunto no le aprovecha tu tristeza y a ti te perjudicas.
22Recuerda mi sentencia, que será también la tuya: «a mí me tocó ayer, a ti te toca hoy».
23Con el descanso del muerto haz que descanse su memoria, consuélate de él, una vez que ha dejado de existir.
24La sabiduría del escriba se adquiere en los ratos de ocio, el que se libera de los negocios se hará sabio.
25¿Cómo podrá llegar a sabio el que empuña el arado, y alardea de tener por lanza la aguijada, el que conduce bueyes, los arrea mientras trabajan y no sabe hablar más que de novillos?
26Se dedica con empeño a abrir surcos y se desvela cebando terneras.
27De igual modo el obrero o artesano que trabaja noche y día; los que graban las efigies de los sellos y se afanan por variar los detalles; ponen todo su empeño en igualar el modelo y pasan las noches rematando la obra.
28También al herrero sentado junto al yunque, atento a los trabajos del hierro: el vapor del fuego le perjudica la carne y en el calor de la fragua se fatiga; el ruido del martillo lo ensordece y sus ojos están fijos en el modelo de la herramienta; se esfuerza por concluir su obra y pasa sus noches puliendo todos los detalles.
29Igualmente el alfarero sentado a su tarea, haciendo girar el torno con sus pies, continuamente preocupado por su trabajo y atareado en producir más cantidad de piezas;
30con su brazo moldea la arcilla, con sus pies ablanda su dureza; se esfuerza por acabar el barnizado y pasa sus noches limpiando el horno.
31Todos estos confían en sus manos, y cada uno es experto en su oficio.
32Sin ellos no se podría construir una ciudad, ni se podría habitar ni circular por ella.
33Pero no se les busca para el consejo del pueblo, ni ocupan puestos de honor en la asamblea. No se sientan en el sitial del juez, ni comprenden las disposiciones del derecho.
34No son capaces de enseñar ni de juzgar, ni figuran entre los autores de proverbios. Pero ellos aseguran el funcionamiento del mundo y su preocupación está en las tareas de su oficio.
Eclesiástico 39
1No así el que se aplica de lleno a meditar la ley del Altísimo. Indaga la sabiduría de los antiguos y dedica su ocio a estudiar las profecías.
2Conserva los relatos de los hombres célebres y penetra en las sutilezas de las parábolas.
3Busca el sentido oculto de los proverbios y se interesa por los enigmas de las parábolas.
4En medio de los poderosos presta su servicio, se presenta delante de los príncipes; viaja por tierras extranjeras y conoce el bien y el mal de los hombres.
5De buena mañana, con todo el corazón se dirige al Señor, su Creador; reza delante del Altísimo, abre su boca para suplicar y pide perdón por sus pecados.
6Si el Señor, el Grande, lo quiere, se llenará de espíritu de inteligencia; derramará como lluvia sabias palabras y en la oración dará gracias al Señor.
7Enderezará sus planes y su ciencia, y meditará los misterios ocultos.
8Mostrará la instrucción recibida y se gloriará en la ley de la alianza del Señor.
9Muchos elogiarán su inteligencia y jamás será olvidada; no desaparecerá su recuerdo y su nombre vivirá por generaciones.
10Las naciones hablarán de su sabiduría, y la asamblea proclamará su alabanza.
11En vida, tendrá renombre entre millares, y cuando muera, esto le bastará.
12Todavía voy a exponer mis reflexiones, pues estoy lleno como la luna llena.
13Escuchadme, hijos piadosos, y creced como rosal plantado junto a corrientes de agua.
14Como incienso derramad buen olor, floreced como el lirio, exhalad perfume, entonad un cantar, bendecid al Señor por todas sus obras.
15Reconoced la grandeza de su nombre, dadle gracias, proclamad su alabanza con vuestros cánticos y con las cítaras, alabadlo con estas palabras:
16¡Qué hermosas son las obras del Señor! Sus órdenes se cumplen a su tiempo. No hay por qué decir: «¿Qué es esto?, ¿para qué sirve?». Todo se indagará a su tiempo.
17A su palabra el agua se detuvo amontonada, a su voz se formaron los depósitos de las aguas.
18A una orden suya se cumple cuanto desea, y nadie puede impedir su salvación.
19Las acciones de los vivientes están ante él, y nada puede ocultarse a sus ojos.
20Su mirada abarca toda la eternidad, y nada le causa admiración.
21No hay por qué decir: «¿Qué es esto?, ¿para qué sirve?», pues todo ha sido creado con un fin.
22Su bendición se ha desbordado como un río, como un diluvio ha inundado la tierra.
23Como cuando convirtió las aguas en salinas, así las naciones experimentarán su ira.
24Sus caminos son llanos para los fieles, para los malvados son piedras de tropiezo.
25Al principio creó bienes para los buenos, y males para los pecadores.
26Esenciales para la vida humana son: agua, fuego, hierro y sal, flor de harina de trigo, leche y miel, mosto, aceite y vestido.
27Todas estas cosas son bienes para los piadosos, mas para los pecadores se transforman en males.
28Hay vientos creados para castigar y en su furia refuerzan los azotes; en el momento final desencadenan su fuerza y desatan la ira de su Creador.
29Fuego y granizo, hambre y muerte fueron creados para castigar.
30Dientes de fieras, escorpiones, víboras y espada vengadora para matar a los malvados.
31Todos se alegran de recibir sus órdenes, están preparados para intervenir en la tierra, y llegada la ocasión no transgredirán su mandato.
32Por eso desde el principio estaba convencido, he reflexionado y lo he puesto por escrito:
33«Las obras del Señor son todas buenas, y él provee oportunamente a cualquier necesidad.
34No hay por qué decir: “Esto es peor que aquello”, porque todo, a su tiempo, será considerado bueno.
35Y ahora de todo corazón y a plena voz cantad himnos y bendecid el nombre del Señor».
Salmo 15
1Salmo de David. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y habitar en tu monte santo?
2El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales
3y no calumnia con su lengua, el que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino.
4El que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor, el que no retracta lo que juró aun en daño propio,
5el que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.