Lectura 229 de 365
Eclesiástico 36-37 · Salmos 14
Eclesiástico 36
1Ten piedad de nosotros, sálvanos, Dios del universo, infunde tu terror a todas las naciones;
2amenaza con tu mano al pueblo extranjero, para que sienta tu poder.
3Como les mostraste tu santidad al castigarnos, muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
4para que sepan, como nosotros lo sabemos, que no hay Dios fuera de ti.
5Renueva los prodigios, repite los portentos, exalta tu mano, robustece tu brazo.
6Despierta tu furor y derrama tu ira, extermina al adversario y aniquila al enemigo.
7Acelera la hora, recuerda el juramento, y que se divulguen tus grandezas.
8Que tu fuego vengador devore a los supervivientes, y perezcan los que hacen daño a tu pueblo.
9Aplasta la cabeza de los jefes enemigos, que dicen: «Fuera de nosotros no hay nadie».
10Reúne a todas las tribus de Jacob y dales su heredad como antiguamente.
11Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre, de Israel, a quien nombraste tu primogénito;
12ten compasión de tu ciudad santa, de Jerusalén, lugar de tu reposo.
13Llena a Sión de tu majestad, y al templo, de tu gloria.
14Da una prueba de tus obras antiguas, cumple las profecías por el honor de tu nombre,
15recompensa a los que esperan en ti, y saca veraces a tus profetas,
16escucha la súplica de tus siervos, por amor a tu pueblo,
17y reconozcan los confines del orbe que tú eres Dios eterno.
18El estómago consume todo tipo de alimentos, pero unos son mejores que otros.
19El paladar distingue la carne de caza, y el corazón inteligente las palabras mentirosas.
20El de corazón retorcido provoca desgracias, pero el experimentado le da su merecido.
21Una mujer acepta cualquier marido, pero unas jóvenes son mejores que otras.
22La belleza de la mujer alegra el rostro, y sobrepasa cuanto el hombre desea.
23Si en su lengua hay bondad y dulzura, su marido ya no es como los demás hombres.
24El que consigue una mujer tiene el comienzo de la fortuna, una ayuda semejante a él y una columna de apoyo.
25Donde no hay valla, la propiedad es saqueada, donde no hay mujer, el hombre gime a la deriva.
26¿Quién se fiará del ladrón avispado que va saltando de ciudad en ciudad?
27Lo mismo ocurre con el hombre que no tiene hogar y se cobija donde la noche lo sorprende.
Eclesiástico 37
1Todo amigo dice: «También yo soy tu amigo», pero hay amigo que lo es solo de nombre.
2¿No es un disgusto mortal que un compañero o amigo se convierta en enemigo?
3¡Oh intención perversa! ¿De dónde saliste para cubrir la tierra de engaño?
4El compañero disfruta en la alegría del amigo, pero en la desgracia se vuelve contra él.
5El compañero compadece al amigo por interés, y cuando llega el combate, embraza el escudo.
6No te olvides de tu amigo del alma, ni dejes de recordarlo cuando seas rico.
7Todo consejero da consejos, pero hay quien aconseja en su interés.
8Ten cuidado con el consejero, entérate primero de qué necesita, porque en su propio provecho te aconsejará; no sea que eche sobre ti la suerte
9y te diga: «Vas por buen camino», y luego se quede esperando para ver qué te sucede.
10No te aconsejes con quien te mira de reojo, y esconde tus proyectos a los que te envidian.
11No te aconsejes con una mujer sobre su rival, con un cobarde sobre la guerra, con un negociante sobre el comercio, con un comprador sobre la venta, con un envidioso sobre la gratitud, con un tacaño sobre la generosidad, con un perezoso sobre trabajo alguno, con un empleado eventual sobre el fin de una obra, con un siervo holgazán sobre una gran tarea: no cuentes con ninguno de ellos para un consejo.
12Recurre siempre a un hombre piadoso, de quien sabes seguro que guarda los mandamientos, que comparte tus anhelos y que, si caes, sufrirá contigo.
13Atiende al consejo de tu corazón, porque nadie te será más fiel.
14Pues la propia conciencia suele avisar mejor que siete centinelas apostados en su torre de vigilancia.
15Pero, sobre todo, suplica al Altísimo, para que dirija tus pasos en la verdad.
16Principio de toda obra es el pensamiento, y antes de toda acción está la reflexión.
17Raíz de toda decisión es el corazón, de él salen cuatro ramas:
18bien y mal, vida y muerte, mas, a la postre, siempre las domina la lengua.
19Hay hombre hábil capaz de enseñar a muchos, pero para sí mismo es un inútil.
20Hay quien sabe hablar y es aborrecido, y acabará sin tener nada que comer,
21porque no ha recibido el favor del Señor y carece de toda sabiduría.
22Hay quien es sabio para sí mismo, y los frutos de su inteligencia solo le aprovechan a él.
23El sabio enseña a su pueblo y los frutos de su inteligencia son dignos de fe.
24El sabio es colmado de bendiciones y le llaman dichoso todos los que lo ven.
25La vida del hombre tiene los días contados, pero los días de Israel son innumerables.
26El sabio se gana la estima de su pueblo, y su nombre vivirá por siempre.
27Hijo, a lo largo de tu vida ponte a prueba, mira lo que te hace daño y no te lo permitas.
28Pues no a todos les conviene todo, ni a todo el mundo le gusta lo mismo.
29No seas insaciable con los placeres, ni te abalances sobre la comida,
30pues en la gula anida la enfermedad, y la glotonería acaba en cólicos.
31Muchos han muerto por intemperancia, pero quien se controla prolonga su vida.
Salmo 14
1Al Director. De David. Dice el necio para sí: «No hay Dios». Se han corrompido cometiendo execraciones, no hay quien obre bien.
2El Señor observa desde el cielo a los hijos de Adán, para ver si hay alguno sensato que busque a Dios.
3Todos se extravían igualmente obstinados, no hay uno que obre bien, ni uno solo.
4Pero ¿no aprenderán los malhechores, que devoran a mi pueblo como pan y no invocan al Señor?
5Pues temblarán de espanto, porque Dios está con los justos.
6Podéis burlaros de los planes del desvalido, pero el Señor es su refugio.
7¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel! Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo, se alegrará Jacob y gozará Israel.