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Lectura 22 de 365

Éxodo 14-16 · Marcos 15-16

Letra: Normal

Éxodo 14

1El Señor dijo a Moisés:

2«Di a los hijos de Israel que se vuelvan y acampen en Piajirot, entre Migdal y el mar, frente a Baalsefón. Acampad allí, mirando al mar.

3El faraón pensará: “Los hijos de Israel andan errantes por el país, el desierto les cierra el paso”.

4Haré que el faraón se obstine en perseguiros y mostraré mi gloria derrotando al faraón y a su ejército; para que sepan los egipcios que soy el Señor». Y así lo hicieron.

5Cuando comunicaron al rey de Egipto que el pueblo había escapado, el faraón y sus servidores cambiaron de parecer sobre el pueblo y se dijeron: «¿Qué hemos hecho? Hemos dejado escapar a Israel de nuestro servicio».

6Hizo, pues, preparar un carro y tomó consigo sus tropas:

7tomó seiscientos carros escogidos y los demás carros de Egipto con sus correspondientes oficiales.

8El Señor hizo que el faraón, rey de Egipto, se obstinase en perseguir a los hijos de Israel, mientras estos salían triunfantes.

9Los egipcios los persiguieron con todos los caballos y los carros del faraón, con sus jinetes y su ejército, y les dieron alcance mientras acampaban en Piajirot, frente a Baalsefón.

10Al acercarse el faraón, los hijos de Israel alzaron la vista y vieron a los egipcios que avanzaban detrás de ellos, quedaron sobrecogidos de miedo y gritaron al Señor.

11Dijeron a Moisés: «¿No había sepulcros en Egipto para que nos hayas traído a morir en el desierto?; ¿qué nos has hecho sacándonos de Egipto?

12¿No te lo decíamos en Egipto: “Déjanos en paz y serviremos a los egipcios, pues más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto?”».

13Moisés respondió al pueblo: «No temáis; estad firmes y veréis la victoria que el Señor os va a conceder hoy: esos egipcios que estáis viendo hoy, no los volveréis a ver jamás.

14El Señor peleará por vosotros; vosotros esperad tranquilos».

15El Señor dijo a Moisés: «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha.

16Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los hijos de Israel pasen por medio del mar, por lo seco.

17Yo haré que los egipcios se obstinen y entren detrás de vosotros, y me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército, de sus carros y de sus jinetes.

18Así sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, de sus carros y de sus jinetes».

19Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube, que iba delante de ellos, se desplazó y se colocó detrás,

20poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel. La nube era tenebrosa y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran aproximarse el uno al otro.

21Moisés extendió su mano sobre el mar y el Señor hizo retirarse el mar con un fuerte viento del este que sopló toda la noche; el mar se secó y se dividieron las aguas.

22Los hijos de Israel entraron en medio del mar, en lo seco, y las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.

23Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos, en medio del mar: todos los caballos del faraón, sus carros y sus jinetes.

24Era ya la vigilia matutina cuando el Señor miró desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios y sembró el pánico en el ejército egipcio.

25Trabó las ruedas de sus carros, haciéndolos avanzar pesadamente. Los egipcios dijeron: «Huyamos ante Israel, porque el Señor lucha por él contra Egipto».

26Luego dijo el Señor a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes».

27Moisés extendió su mano sobre el mar; y al despuntar el día el mar recobró su estado natural, de modo que los egipcios, en su huida, toparon con las aguas. Así precipitó el Señor a los egipcios en medio del mar.

28Las aguas volvieron y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del faraón, que había entrado en el mar. Ni uno solo se salvó.

29Mas los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar, mientras las aguas hacían de muralla a derecha e izquierda.

30Aquel día salvó el Señor a Israel del poder de Egipto, e Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar.

31Vio, pues, Israel la mano potente que el Señor había desplegado contra los egipcios, y temió el pueblo al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.

Éxodo 15

1Entonces Moisés y los hijos de Israel entonaron este canto al Señor: «Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria, caballos y carros ha arrojado en el mar.

2Mi fuerza y mi poder es el Señor, Él fue mi salvación. Él es mi Dios: yo lo alabaré; el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.

3El Señor es un guerrero, su nombre es “El Señor”.

4Los carros del faraón los lanzó al mar, ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

5Las olas los cubrieron, bajaron hasta el fondo como piedras.

6Tu diestra, Señor, es magnífica en poder, tu diestra, Señor, tritura al enemigo.

7Tu gran majestad destruye al adversario, arde tu furor y los devora como paja.

8Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas, las corrientes se alzaron como un dique, las olas se cuajaron en el mar.

9Decía el enemigo: “Los perseguiré y alcanzaré, repartiré el botín, se saciará mi codicia, empuñaré la espada, los agarrará mi mano”.

10Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar, se hundieron como plomo en las aguas formidables.

11¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos, temible por tus proezas, autor de maravillas?

12Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;

13guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado, los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

14Lo oyeron los pueblos y temblaron, el terror se apoderó de los habitantes de Filistea.

15Se turbaron los príncipes de Edón, los jefes de Moab se estremecieron, flaquearon todos los habitantes de Canaán.

16Espanto y pavor los asaltaron, la grandeza de tu brazo los dejó petrificados, mientras pasaba tu pueblo, Señor, mientras pasaba el pueblo que adquiriste.

17Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad, lugar del que hiciste tu trono, Señor; santuario, Señor, que fundaron tus manos.

18El Señor reina por siempre jamás».

19Cuando los caballos del faraón, con sus carros y sus jinetes, entraron en el mar, el Señor volcó sobre ellos las aguas del mar; en cambio, los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar.

20María la profetisa, hermana de Aarón, tomó su pandero en la mano y todas las mujeres salieron tras ella con panderos a danzar.

21María entonaba: «Cantaré al Señor, pues se cubrió de gloria, caballos y jinetes arrojó en el mar».

22Moisés hizo partir del mar Rojo a Israel, que se dirigió hacia el desierto de Sur. Caminaron tres días por el desierto sin encontrar agua.

23Llegaron a Mará, pero no pudieron beber el agua de Mará, porque era amarga. Por eso se llamó aquel lugar Mará.

24El pueblo murmuró contra Moisés, diciendo: «¿Qué vamos a beber?».

25Moisés clamó al Señor y el Señor le mostró un madero. Él lo echó al agua y el agua se volvió dulce. Allí el Señor dio leyes y mandatos al pueblo y lo puso a prueba,

26diciéndoles: «Si obedeces fielmente la voz del Señor tu Dios y obras lo recto a sus ojos, escuchando sus mandatos y acatando todas sus leyes, no te afligiré con ninguna de las plagas con que afligí a los egipcios; porque yo soy el Señor, el que te cura».

27Después llegaron a Elín, donde hay doce fuentes y setenta palmeras, y acamparon allí junto al agua.

Éxodo 16

1Toda la comunidad de Israel partió de Elín y llegó al desierto de Sin, entre Elín y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto.

2La comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto,

3diciendo: «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad».

4El Señor dijo a Moisés: «Mira, haré llover pan del cielo para vosotros: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba, a ver si guarda mi instrucción o no.

5El día sexto prepararán lo que hayan recogido y será el doble de lo que recogen a diario».

6Moisés y Aarón dijeron a los hijos de Israel: «Esta tarde sabréis que es el Señor quien os ha sacado de Egipto

7y mañana veréis la gloria del Señor. He oído vuestras murmuraciones contra él; mas nosotros ¿qué somos para que murmuréis contra nosotros?».

8Moisés añadió: «Esta tarde el Señor os dará a comer carne y mañana pan hasta saciaros; porque el Señor ha oído vuestras murmuraciones contra él; mas nosotros ¿qué somos? No habéis murmurado contra nosotros, sino contra el Señor».

9Moisés dijo a Aarón: «Di a la comunidad de los hijos de Israel: “Acercaos al Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones”».

10Mientras Aarón hablaba a la comunidad de los hijos de Israel, ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor que aparecía en una nube.

11El Señor dijo a Moisés:

12«He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles: “Al atardecer comeréis carne, por la mañana os hartaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor Dios vuestro”».

13Por la tarde una bandada de codornices cubrió todo el campamento; y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento.

14Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, como escamas, parecido a la escarcha sobre la tierra.

15Al verlo, los hijos de Israel se dijeron: «¿Qué es esto?». Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: «Es el pan que el Señor os da de comer.

16Esto manda el Señor: “Que cada uno recoja lo que necesite para comer: una ración por cabeza; cada uno recogerá según el número de personas que vivan en su tienda”».

17Así lo hicieron los hijos de Israel: unos recogieron más y otros menos.

18Y, al pesar la ración, no sobraba al que había recogido más, ni faltaba al que había recogido menos: cada uno había recogido lo que necesitaba para comer.

19Moisés les dijo: «Que nadie guarde para mañana».

20Mas no hicieron caso a Moisés, sino que algunos guardaron para el día siguiente; pero salieron gusanos que lo echaron a perder. Moisés se enfadó con ellos.

21Lo recogían todas las mañanas, cada uno según lo que necesitaba para comer, pues, con el calor del sol, se derretía.

22El día sexto recogieron el doble, dos raciones por persona. Los jefes de la comunidad fueron a contárselo a Moisés,

23y él les contestó: «Esto es lo que ha dicho el Señor: “Mañana es sábado, día de descanso en honor del Señor. Coced lo que tengáis que cocer y hervid lo que tengáis que hervir; lo sobrante, guardadlo para mañana”».

24Ellos lo guardaron para el día siguiente, como había mandado Moisés; y no le salieron gusanos, ni se echó a perder.

25Moisés dijo: «Comedlo hoy, pues hoy es sábado en honor del Señor. Hoy no lo encontraréis en el campo.

26Seis días podéis recogerlo, pero el séptimo es sábado y no lo habrá».

27El día séptimo salieron algunos del pueblo a recogerlo, pero no lo encontraron.

28El Señor dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mis mandatos y mis instrucciones?

29Mirad: el Señor os ha dado el sábado; por eso, el día sexto os da pan para dos días. Que se quede cada uno en su sitio y no se mueva de él hasta el día séptimo».

30El pueblo descansó el día séptimo.

31La casa de Israel llamó a aquel alimento «maná»; era blanco, como semilla de cilantro, y con sabor a torta de miel.

32Moisés dijo: «Esto es lo que ha mandado el Señor: “Tomad una ración y conservadla, para que las generaciones futuras vean el pan con que os alimenté en el desierto cuando os saqué de la tierra de Egipto”».

33Moisés dijo a Aarón: «Coge un recipiente, mete en él una ración de maná y ponlo ante el Señor; que se conserve para las generaciones futuras».

34Según había mandado el Señor a Moisés, Aarón lo puso ante el Testimonio, para que se conservase.

35Los hijos de Israel comieron maná durante cuarenta años hasta que llegaron a tierra habitada; comieron maná hasta atravesar la frontera de la tierra de Canaán.

36La ración pesaba cuatro kilogramos y medio.

Marcos 15

1Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.

2Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Él respondió: «Tú lo dices».

3Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.

4Pilato le preguntó de nuevo: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».

5Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado.

6Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran.

7Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta.

8La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.

9Pilato les preguntó: «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».

10Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.

11Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.

12Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».

13Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo».

14Pilato les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más fuerte: «Crucifícalo».

15Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

16Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a toda la compañía.

17Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado,

18y comenzaron a hacerle el saludo: «¡Salve, rey de los judíos!».

19Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.

20Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo.

21Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz.

22Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),

23y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó.

24Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.

25Era la hora tercia cuando lo crucificaron.

26En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos».

27Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.

28[«Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor»»]

29Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días,

30sálvate a ti mismo bajando de la cruz».

31De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar.

32Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos». También los otros crucificados lo insultaban.

33Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona.

34Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente: Eloí Eloí, lemá sabaqtaní (que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).

35Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «Mira, llama a Elías».

36Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo: «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».

37Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

38El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

39El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

40Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María la Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de Joset, y Salomé,

41las cuales, cuando estaba en Galilea, lo seguían y servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

42Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado,

43vino José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

44Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.

45Informado por el centurión, concedió el cadáver a José.

46Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.

47María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo ponían.

Marcos 16

1Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús.

2Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro.

3Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?».

4Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande.

5Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas.

6Él les dijo: «No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron.

7Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”».

8Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían.

9Resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.

10Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.

11Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

12Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.

13También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

14Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.

15Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

16El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.

17A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas,

18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

19Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

20Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.