Lectura 226 de 365
Eclesiástico 30-31 · Salmos 11
Eclesiástico 30
1El que ama a su hijo lo castiga sin cesar, para poder alegrarse en el futuro.
2El que corrige a su hijo tendrá muchas satisfacciones, y entre sus conocidos se sentirá orgulloso de él.
3El que instruye a su hijo dará envidia a su enemigo, y ante sus amigos se sentirá satisfecho.
4Cuando el padre muere, es como si no muriese, pues deja tras de sí un hijo semejante a él.
5Durante su vida se alegra de verlo, y a la hora de su muerte no siente tristeza.
6Contra sus enemigos deja un vengador, y para sus amigos un bienhechor.
7El que mima a su hijo, vendará sus heridas, a cada grito se le conmoverán sus entrañas.
8Caballo no domado sale bravo, hijo consentido sale arisco.
9Mima a tu hijo y te dará sorpresas, juega con él y te traerá disgustos.
10No rías con él y no llorarás con él, ni acabarás rechinando los dientes.
11En su juventud no le des libertad, ni pases por alto sus errores.
12Doblega su cuello mientras es joven, túndele las costillas cuando es pequeño, no sea que, volviéndose rebelde, te desobedezca y sufras por él una honda amargura.
13Educa a tu hijo y dedícate a él, para que no tengas que soportar su insolencia.
14Vale más pobre sano y fuerte que rico lleno de achaques.
15Salud y vigor valen más que todo el oro, un cuerpo robusto más que una inmensa fortuna.
16No hay mejor riqueza que la salud del cuerpo, ni mayor felicidad que la alegría del corazón.
17Mejor es la muerte que una vida amargada, el descanso eterno que una enfermedad incurable.
18Manjares derramados sobre boca cerrada son las ofrendas depositadas sobre una tumba.
19¿De qué le sirve al ídolo una ofrenda? ¡No la puede comer ni beber! Lo mismo le ocurre a quien el Señor persigue:
20mira con sus ojos y suspira, como el eunuco que abraza a una joven doncella y suspira, así es el que hace justicia con violencia.
21No te abandones a la tristeza, ni te atormentes con tus pensamientos.
22La alegría de corazón es vida para el hombre, y la felicidad le alarga los días.
23Distrae tu alma y consuela tu corazón, aparta de ti la tristeza; pues la tristeza ha perdido a muchos, y no se saca ningún provecho de ella.
24Envidia y malhumor acortan los días, las preocupaciones producen vejez prematura.
25Un corazón radiante tiene buen apetito y le aprovecha todo lo que come.
Eclesiástico 31
1El insomnio del rico acaba con su salud, sus preocupaciones ahuyentan el sueño.
2Las preocupaciones le impiden dormir, alejan el sueño como una enfermedad grave.
3El rico se afana para acumular riquezas, y cuando descansa, se hastía de placeres.
4El pobre se afana para encontrar sustento, y cuando descansa, cae en la miseria.
5Quien ama el oro no quedará impune, quien anda tras el lucro en él se extraviará.
6Muchos se arruinaron a causa del oro y se encontraron cara a cara con la perdición.
7Es una trampa para sus entusiastas, todos los insensatos quedan atrapados en ella.
8Dichoso el rico de conducta intachable que no corre tras el oro.
9¿Quién es? Lo felicitaremos, pues ha hecho maravillas en su pueblo.
10¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? Será para él un título de gloria. ¿Quién pudo transgredir la ley y no la transgredió, hacer mal y no lo hizo?
11Sus bienes se consolidarán, y la asamblea proclamará su bondad.
12¿Te has sentado en una mesa opulenta? No abras la boca de par en par, ni digas: «¡Cuántas cosas hay aquí!».
13Recuerda que es mala cosa el ojo codicioso; nada peor que él en toda la creación, pues por cualquier cosa llora.
14No eches mano a lo que otro mira, ni te lances sobre el mismo plato que él.
15Juzga al prójimo como a ti mismo y reflexiona siempre antes de actuar.
16Come con educación lo que te pongan delante, no seas glotón y no quedarás mal.
17Termina el primero por educación, no seas comilón y no te despreciarán.
18Si estás sentado entre muchos invitados, no alargues tu mano antes que ellos.
19Al que es bien educado le basta poco, y en la cama no se sofoca.
20A estómago moderado, sueño saludable, se levanta temprano y tiene dominio de sí. Insomnio, vómitos y cólicos esperan al hombre insaciable.
21Si te viste obligado a comer demasiado, levántate, ve a vomitar y quedarás tranquilo.
22Escúchame, hijo, no me desprecies, y al final comprenderás mis palabras. En todo lo que hagas sé moderado, y así no cogerás ninguna enfermedad.
23Al anfitrión espléndido todos lo alaban, y la fama de su generosidad es duradera.
24Del anfitrión tacaño se murmura en la ciudad, y la fama de su tacañería es duradera.
25Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino.
26El horno pone a prueba el temple del acero, el vino, los corazones en contienda de orgullosos.
27El vino es vida para el hombre, siempre y cuando se beba con medida. ¿Qué es la vida para quien le falta el vino? Fue creado para alegrar a los humanos.
28Alegría del corazón y regocijo del alma es el vino bebido a tiempo y con medida.
29Amargura del alma, el vino bebido con exceso por incitación o desafío.
30La embriaguez enfurece al insensato para su perdición, debilita sus fuerzas y le ocasiona heridas.
31En un banquete no reprendas a tu vecino, no te burles de él si se pone alegre; no le digas nada que pueda ofenderlo, ni lo molestes reclamándole dinero.
Salmo 11
1Al Director. De David. Al Señor me acojo, ¿por qué me decís: «Escapa como un pájaro al monte»?
2¿Porque los malvados tensan el arco, ajustan las saetas a la cuerda, para disparar en la sombra contra los buenos?
3Cuando fallan los cimientos, ¿qué podrá hacer el justo?
4Pero el Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo; sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres.
5El Señor examina a inocentes y culpables, y al que ama la violencia él lo odia.
6Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre, les tocará en suerte un viento huracanado.
7Porque el Señor es justo y ama la justicia: los buenos verán su rostro.