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Lectura 225 de 365

Eclesiástico 28-29 · Salmos 10

Letra: Normal

Eclesiástico 28

1El vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados.

2Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.

3Si un ser humano alimenta la ira contra otro, ¿cómo puede esperar la curación del Señor?

4Si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados?

5Si él, simple mortal, guarda rencor, ¿quién perdonará sus pecados?

6Piensa en tu final y deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte y sé fiel a los mandamientos.

7Acuérdate de los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo; acuérdate de la alianza del Altísimo y pasa por alto la ofensa.

8Apártate de las disputas y evitarás el pecado, porque el violento atiza las disputas.

9El pecador enzarza a los amigos, siembra discordia entre los que están en paz.

10Según sea la leña, así arde el fuego, cuanto más violencia, mayor es la disputa; según sea la fuerza de la persona, así es su furor, cuanto mayor es su riqueza, más se enciende su ira.

11Riña repentina enciende el fuego, disputa precipitada hace correr sangre.

12Si soplas sobre una chispa, prenderá, si le escupes encima, se apagará, y ambas cosas salen de tu boca.

13Maldice al charlatán y al mentiroso, porque han perdido a muchos que vivían en paz.

14A muchos ha sacudido la lengua calumniadora, y los ha dispersado de nación en nación; ha arrasado ciudades fuertes y ha arruinado familias de príncipes.

15La lengua calumniadora ha repudiado a mujeres excelentes, privándoles del fruto de sus trabajos.

16El que la escucha no encontrará descanso, ni plantará su tienda en paz.

17Un golpe del látigo produce moratones, un golpe de lengua quebranta los huesos.

18Muchos han caído a filo de espada, pero no tantos como las víctimas de la lengua.

19Dichoso el que de ella se protege, y no ha estado expuesto a su furor, el que no ha cargado su yugo, ni ha sido atado con sus cadenas.

20Porque su yugo es de hierro, y sus cadenas de bronce.

21Trágica es la muerte que ocasiona, ¡es mucho mejor el abismo!

22Pero no tiene poder sobre los piadosos, y en sus llamas no se quemarán.

23Los que abandonan al Señor en ella caerán, en ellos prenderá su llama y no se apagará. Como un león se lanzará contra ellos, como una pantera los desgarrará.

24Mira, valla tu hacienda con espinos, guarda bien tu oro y tu plata.

25Balanza y pesos para tus palabras, puerta y cerrojo para tu boca.

26Guárdate bien de resbalar con la lengua, no sea que caigas ante el que te acecha.

Eclesiástico 29

1El que es misericordioso presta a su prójimo, quien le brinda ayuda guarda los mandamientos.

2Presta a tu prójimo cuando pase necesidad, y por tu parte restituye lo prestado a su debido tiempo.

3Mantén tu palabra y sé leal con él, y en toda ocasión encontrarás lo que necesitas.

4Muchos pretenden adueñarse de lo prestado y ponen en dificultad a quienes los ayudaron.

5Antes de recibir el préstamo, besan las manos del prójimo y humillan la voz para conseguir su dinero; pero, a la hora de restituir, dan largas, responden con evasivas y echan la culpa a las circunstancias.

6Si consigue pagar, el otro recibirá apenas la mitad, y aún lo considerará como una ganga. En caso contrario, perderá su dinero, y se habrá ganado sin necesidad un enemigo que le devolverá maldiciones e insultos, y en lugar de honor le devolverá desprecio.

7Así que muchos se niegan a prestar dinero, no por maldad, sino por miedo a que les despojen sin razón.

8En cambio, sé generoso con el humilde, y no le hagas esperar para darle limosna.

9Por amor a la ley, acoge al indigente, y según su necesidad no lo despidas con las manos vacías.

10Por el hermano y el amigo gasta tu dinero, que no se te oxide inútilmente bajo una piedra.

11Utiliza tus bienes según los preceptos del Altísimo, y te dará más provecho que el oro.

12Almacena las limosnas en tus graneros, y ellas te librarán de todo mal.

13Mejor que escudo recio o pesada lanza, ellas combatirán por ti frente al enemigo.

14El hombre bueno sale fiador por su prójimo, pero el que ha perdido la vergüenza, lo deja abandonado.

15No olvides los favores de tu fiador, pues él se ha expuesto por ti.

16El pecador dilapida los bienes de su fiador, y el ingrato no se acuerda de quien lo ha liberado.

17La fianza ha arruinado a mucha gente de bien, los ha sacudido como las olas del mar.

18Ha desterrado a hombres poderosos, que anduvieron errantes por naciones extranjeras.

19Cuando un pecador se apresura a dar fianza, intentando especular, se enredará en pleitos.

20Ayuda al prójimo según tus recursos, pero ten cuidado de no arruinarte.

21Lo indispensable para vivir es agua, pan, vestido y una casa para cobijarse.

22Más vale vida de pobre bajo techo de madera que grandes banquetes en casa ajena.

23En lo poco y en lo mucho pon buena cara, y no escucharás reproches de la vecindad.

24Triste vida andar de casa en casa: no abrirás la boca donde seas un extraño.

25Recibirás humillado hospedaje y bebida, y encima tendrás que oír palabras hirientes:

26«Pasa, forastero, pon la mesa, si tienes algo a mano, dame de comer».

27«Vete, forastero, cede el puesto a otro más importante, mi hermano viene a hospedarse y necesito la casa».

28Duro es esto para el que tiene sentimientos, reproches del casero e insultos del prestamista.

Salmo 10

1(Lámed) ¿Por qué te quedas lejos, Señor, y te escondes en el momento del aprieto?

2En su soberbia el impío oprime al infeliz y lo enreda en las intrigas que ha tramado.

3El malvado se gloría de su ambición, el codicioso blasfema y desprecia al Señor.

4(Nun) El malvado dice con insolencia: «No hay Dios que me pida cuentas».

5La intriga vicia siempre su conducta, aleja de su mente tus juicios, y desafía a sus rivales.

6Piensa: «No vacilaré, nunca jamás seré desgraciado».

7(Pe) Su boca está llena de maldiciones, de engaños y de fraudes; su lengua encubre maldad y opresión;

8en el zaguán se sienta al acecho, para matar a escondidas al inocente.

9acecha en su escondrijo, como león en su guarida, acecha al desgraciado para robarle, arrastrándolo a sus redes;

10se agacha y se encoge y con violencia cae sobre el indefenso.

11Piensa: «Dios lo olvida, se tapa la cara, no se entera».

12(Qof) Levántate, Señor, extiende tu mano, no te olvides de los humildes.

13¿Por qué ha de despreciar a Dios el malvado, pensando que no le pedirá cuentas?

14(Res) Pero tú ves las penas y los trabajos, tú miras y los tomas en tus manos. A ti se encomienda el pobre, tú socorres al huérfano.

15(Sin) Rómpele el brazo al malvado, pídele cuentas de su maldad, y que desaparezca.

16El Señor reinará eternamente, y los gentiles desaparecerán de su tierra.

17(Tau) Señor, tú escuchas los deseos de los humildes, les prestas oído y los animas;

18tú defiendes al huérfano y al desvalido: que el hombre hecho de tierra no vuelva a sembrar su terror.