Lectura 223 de 365
Eclesiástico 24-25 · Salmos 8
Eclesiástico 24
1La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo.
2En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría ante el Poderoso.
3«Yo salí de la boca del Altísimo, y como niebla cubrí la tierra.
4Puse mi tienda en las alturas, y mi trono era una columna de nube.
5Sola recorrí la bóveda del cielo y me paseé por la profundidad del abismo.
6Goberné sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, sobre todos los pueblos y naciones.
7En todos ellos busqué un lugar de descanso y una heredad donde establecerme.
8Entonces el Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel”.
9Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca jamás dejaré de existir.
10Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión.
11En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder.
12Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad.
13Crecí como cedro del Líbano, como ciprés de las montañas del Hermón.
14Crecí como palmera de Engadí, como plantel de rosas de Jericó, como gallardo olivo en la llanura, como plátano crecí.
15Como cinamomo y aspálato de perfume, como mirra exquisita derramé aroma, como gálbano y ónice y estacte, como nube de incienso en la Tienda.
16Como terebinto extendí mis ramas, un ramaje de gloria y de gracia.
17Como vid lozana retoñé, y mis flores son frutos bellos y abundantes.
18Yo soy la madre del amor hermoso y del temor, del conocimiento y de la santa esperanza, me doy a todos mis hijos, escogidos por él desde la eternidad.
19Venid a mí los que me deseáis, y saciaos de mis frutos.
20Pues mi recuerdo es más dulce que la miel, y mi heredad más dulce que los panales.
21Los que me comen todavía tendrán hambre, y los que me beben todavía tendrán sed.
22Quien me obedece no pasará vergüenza, y los que se ocupan de mí no pecarán».
23Todo esto es el libro de la alianza del Dios altísimo, la ley que nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob.
24No dejéis de ser fuertes en el Señor; permaneced unidos a él para que os fortalezca. El Señor todopoderoso es el único Dios, y fuera de él no hay salvador.
25Ella, la ley, rebosa sabiduría como el Pisón, como el Tigris en la estación de los primeros frutos;
26desborda inteligencia como el Éufrates, como el Jordán en tiempo de cosecha;
27derrama enseñanza como el Nilo, como el Guijón durante la vendimia.
28El primero no acabó de comprenderla, ni tampoco el último ha podido rastrearla.
29Pues su pensamiento es más ancho que el mar, y su consejo más profundo que el gran abismo.
30Y yo, como canal que deriva de un río, como acequia que atraviesa un jardín,
31dije: «Regaré mi huerto y empaparé mis eras». Y he aquí que el canal se me convirtió en un río, y el río se convirtió en un mar.
32Haré que mi enseñanza brille como la aurora y que resplandezca en la lejanía.
33Derramaré mi enseñanza como profecía y la transmitiré a las generaciones futuras.
34Fijaos que no he trabajado solo para mí, sino para todos aquellos que buscan la sabiduría.
Eclesiástico 25
1Tres cosas desea mi alma que agradan al Señor y a los humanos: concordia entre hermanos, amistad entre vecinos, y marido y mujer bien avenidos.
2Tres tipos de personas detesta mi alma y su conducta me llena de indignación: pobre orgulloso, rico embustero, y viejo lascivo e insensato.
3Si en la juventud no has recogido nada, ¿cómo quieres encontrar algo en la vejez?
4¡Qué bien sienta a las canas el juicio, y a los ancianos saber aconsejar!
5¡Qué bien sienta a los ancianos la sabiduría, y a los ilustres la reflexión y el consejo!
6La mucha experiencia es la corona de los ancianos, y su orgullo es el temor del Señor.
7Hay nueve situaciones que considero dichosas, y una décima que la diré con palabras: el hombre satisfecho de sus hijos, el que en vida puede ver la caída de sus enemigos.
8Dichoso el que vive con una mujer sensata y el que no tiene que arar con buey y asno; el que no resbala con su lengua y el que no sirve a un amo indigno de él.
9Dichoso el que ha encontrado la prudencia, y quien se dirige a oídos atentos.
10¡Qué grande es el que encuentra la sabiduría! Pero nadie aventaja al que teme al Señor.
11El temor del Señor está por encima de todo, el que lo posee, ¿a quién se le puede comparar?
12El temor del Señor es el comienzo de su amor; pero es la fe lo que hace que nos unamos a él.
13¡Cualquier herida, menos la del corazón! ¡cualquier maldad, menos la de mujer!
14¡Cualquier desgracia, menos la que proviene de los adversarios! ¡Cualquier venganza, menos la de los enemigos!
15No hay veneno como el de la serpiente, ni furia como la del enemigo.
16Prefiero vivir con un león o dragón que convivir con una mujer malvada.
17La maldad de la mujer desfigura su semblante y oscurece su rostro como el de un oso.
18Su marido se sienta entre los vecinos y sin poder contenerse suspira amargamente.
19Toda malicia es poca junto a la de la mujer, ¡que la suerte del pecador caiga sobre ella!
20Cuesta arenosa para pies de anciano, así es la mujer charlatana para un marido pacífico.
21No te dejes seducir por la belleza femenina, ni te apasiones por una mujer.
22Motivo de indignación, deshonra y vergüenza es la mujer que mantiene a su marido.
23Corazón abatido, rostro sombrío y herida del corazón es la mujer malvada. Manos caídas y rodillas vacilantes es la mujer que no hace feliz a su marido.
24Por la mujer empezó el pecado, y por su culpa todos morimos.
25No des salida al agua, ni libertad de palabra a la mujer malvada.
26Si no se comporta según tu voluntad, apártala de tu lado.
Salmo 8
1Al Director. Según la oda de Gat. Salmo de David.
2¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
3De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos para reprimir al adversario y al rebelde.
4Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado.
5¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él?
6Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad;
7le diste el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies.
8Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo,
9las aves del cielo, los peces del mar que trazan sendas por el mar.
10¡Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra!