Lectura 222 de 365
Eclesiástico 22-23 · Salmos 7
Eclesiástico 22
1El perezoso se parece a una piedra enfangada, y todos le silban al ver su indignidad.
2El perezoso se parece a una bola de excrementos, todo el que la toca se sacude la mano.
3Vergüenza del padre tener un hijo maleducado, pero si es una hija, será su ruina.
4La hija sensata es la herencia de su marido, y la desvergonzada entristece al que la engendró.
5La descarada avergüenza al padre y al marido, y los dos la desprecian.
6Música en duelo es advertencia inoportuna, pero azotes y corrección en todo tiempo son sabiduría.
7Los hijos que tienen de qué vivir con una vida honrada hacen olvidar el origen oscuro de sus padres;
8los hijos altaneros y que se enorgullecen sin educación deshonran la nobleza de su linaje.
9Enseñar al necio es como pegar cascotes, como despertar al que duerme un sueño profundo.
10Conversar con el necio es conversar con un adormilado, al final dirá: «¿De qué se trata?».
11Llora por el muerto, pues ha perdido la luz, llora por el necio, pues ha perdido la inteligencia; llora tiernamente al muerto, porque ya descansa; con todo, la vida del necio es peor que la muerte.
12El duelo por un muerto dura siete días, pero por un necio e impío, todos los días de su vida.
13Con el insensato no multipliques las palabras, y con el tonto no vayas de camino; obtuso como es, despreciará todas tus cosas. Guárdate de él, no sea que tengas un disgusto y te contamines con su roce. Apártate de él y encontrarás reposo, y no te irrites por su estupidez.
14¿Qué hay más pesado que el plomo?, y ¿cuál es su nombre sino «necio»?
15Arena, sal y bola de hierro son más fáciles de llevar que el insensato.
16Armazón de madera bien trabado en una casa no se desmorona con un terremoto; así el corazón asentado en reflexión madura, en el momento del peligro no se acobarda.
17Corazón apoyado en deliberación inteligente es como estuco de arena en pared bien lijada.
18Empalizada puesta en lo alto no resiste ante el viento; así el corazón cobarde amparado en ideas necias no resiste ante el temor.
19Quien hiere el ojo, hace saltar lágrimas, y quien hiere el corazón, descubre el sentimiento.
20Quien tira una piedra a un pájaro, lo ahuyenta, y quien injuria a un amigo, rompe la amistad.
21Si has empuñado la espada contra tu amigo, no desesperes, pues aún puede haber vuelta atrás;
22si has abierto la boca contra tu amigo, no temas, pues aún puede haber reconciliación, a menos que haya injuria, soberbia, revelación de secreto o golpe a traición; en estos casos tu amigo se escapará.
23Gánate la confianza del prójimo en su pobreza, para que en su prosperidad puedas disfrutar con él; en tiempo de tribulación permanece a su lado, para que, cuando herede, heredes con él. Pues, no siempre hay que despreciar la apariencia, ni debe maravillar que el rico no tenga sentido común.
24Antes del fuego salen del horno vapor y humo, así antes de la sangre aparecen las injurias.
25Nunca me avergonzaré de proteger a un amigo, y no me esconderé de su presencia;
26y si por causa suya me ocurre algún mal, todo el que se entere se guardará de él.
27¿Quién pondrá una custodia a mi boca y un sello de prudencia en mis labios, para que yo no caiga por causa suya, y mi lengua no me pierda?
Eclesiástico 23
1¡Oh Señor, padre y dueño de mi vida, no me abandones a su capricho, y no me dejes caer por su culpa!
2¿Quién aplicará el látigo a mis pensamientos, y a mi corazón la disciplina de la sabiduría, para que no queden impunes mis faltas, ni se pasen por alto mis pecados?
3No sea que mis errores aumenten y se multipliquen mis pecados, que yo caiga ante mis adversarios, y mi enemigo se burle de mí; para ellos está lejos la esperanza de tu misericordia.
4Señor, padre y Dios de mi vida, no dejes que sea altiva mi mirada,
5y aparta de mí la concupiscencia.
6Que la sensualidad y la lujuria no se apoderen de mí, no me entregues a una pasión vergonzosa.
7Escuchad, hijos, la instrucción sobre el hablar, quien la guarde no quedará atrapado.
8El pecador se enreda en sus propios labios, el calumniador y el soberbio tropiezan en ellos.
9No habitúes tu boca al juramento, ni te acostumbres a nombrar al Santo.
10Pues, igual que un criado continuamente vigilado no quedará libre de golpes, así el que jura y nombra a Dios a todas horas no quedará libre de pecado.
11El hombre que mucho jura se llena de maldad, y el látigo no se apartará de su casa. Si se equivoca, su pecado le cae encima, y si no cumple, peca dos veces, Si jura en falso, no será absuelto: su casa ciertamente se llenará de desgracias.
12Hay un lenguaje equiparable a la muerte: ¡que no se encuentre en la heredad de Jacob! Pues los piadosos están lejos de todas estas cosas y no se revuelcan en los pecados.
13No te acostumbres a la baja grosería, porque en ella hay motivo de pecado.
14Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuando te sientes en medio de los grandes, no sea que te descuides ante ellos y, comportándote como un necio, llegues a desear no haber nacido y a maldecir el día de tu nacimiento.
15El que está acostumbrado a injurias no se corregirá en toda su vida.
16Dos clases de personas multiplican los pecados, y una tercera provoca la ira:
17el sensual que arde como el fuego no se apagará hasta consumirse; el lujurioso con su propia familia no cejará hasta que el fuego lo abrase; para el lujurioso cualquier pan es dulce, no descansará hasta que haya muerto.
18El que es infiel a su mujer dice para sí: «¿Quién me ve?, la oscuridad me envuelve y las paredes me encubren, y nadie me ve, ¿qué he de temer?; el Altísimo no se acordará de mis pecados».
19Solo teme los ojos de los humanos, y no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más brillantes que el sol, observan todos los caminos de los humanos, y penetran hasta los rincones más ocultos.
20Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, y también lo son después de concluidas.
21Este hombre será castigado en las plazas de la ciudad, y cuando menos lo espere, será detenido.
22Así también la mujer que es infiel a su marido, y le da un heredero nacido de un extraño.
23Primero, ha desobedecido la ley del Altísimo; segundo, ha faltado a su marido; tercero, se ha prostituido con adulterio y le ha dado hijos de un extraño.
24Esta será llevada a la asamblea, y el castigo caerá sobre sus hijos.
25Sus hijos no echarán raíces, y sus ramas no darán frutos.
26Dejará un recuerdo maldito, y su infamia no se borrará.
27Y los que vengan después de ella reconocerán que nada es mejor que el temor del Señor, nada más dulce que guardar sus mandamientos.
28Grande gloria es seguir a Dios, abundancia de días, que tú seas acogido por él.
Salmo 7
1Lamentación de David, cantada ante el Señor, a causa de Cus, el benjaminita.
2Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores y sálvame;
3que no me atrapen como leones y me desgarren sin remedio.
4Señor, Dios mío: si soy culpable, si hay crímenes en mis manos,
5si he devuelto el mal a mi amigo, si he protegido a un opresor injusto,
6que el enemigo me persiga y me alcance, que me pisotee vivo por tierra, aplastando mi honor contra el polvo. (Pausa)
7Levántate, Señor, con tu ira, álzate contra el furor de mis adversarios; acude, Dios mío, a defenderme en el juicio que has convocado.
8Que te rodee la asamblea de las naciones, y pon tu asiento en lo más alto de ella.
9El Señor es juez de los pueblos. Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que hay en mí.
10Cese la maldad de los culpables, y apoya tú al inocente, tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo.
11Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón.
12Dios es un juez justo, Dios amenaza cada día:
13¿no afilará su espada, tensará el arco y apuntará?
14Apunta sus armas mortíferas, prepara sus flechas incendiarias.
15Mirad: concibió el crimen, está preñado de maldad, y da a luz el engaño.
16Cavó y ahondó una fosa, caiga en la fosa que hizo,
17recaiga su maldad sobre su cabeza, baje su violencia sobre su cráneo.
18Yo daré gracias al Señor por su justicia, tañendo para el nombre del Señor altísimo.