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Eclesiástico 20-21 · Salmos 6
Eclesiástico 20
1Hay reprensión inoportuna, y hay quien calla por prudencia.
2¡Cuánto mejor reprender que enfadarse!
3El que se confiesa culpable evita la humillación.
4Eunuco empeñado en desflorar a una doncella, así es el que impone la justicia por la fuerza.
5Hay quien calla pasando por sabio, y hay quien se hace odioso por su verborrea.
6Hay quien calla porque no tiene respuesta, y hay quien calla porque conoce el momento oportuno.
7El sabio guarda silencio hasta el momento oportuno, pero el fanfarrón e insensato deja pasar la oportunidad.
8El charlatán se hace abominable, y el que pretende imponerse se hace odioso. ¡Qué hermoso es mostrar arrepentimiento cuando a uno lo reprenden! Así, pues, evitarás un pecado voluntario.
9Hay quien en la desgracia encuentra fortuna, y hay ganancia que trae pérdidas.
10Hay regalo que no te aprovecha, y hay regalo que rinde el doble.
11Hay humillación que viene de la gloria, y hay quien de la postración levanta cabeza.
12Hay quien compra mucho con poco, y luego lo paga siete veces más caro.
13El sabio se hace amable con sus palabras, mientras las lisonjas del necio son inútiles.
14El regalo del necio no te aprovecha, así tampoco el del avaro, hecho por necesidad, pues sus ojos, en lugar de uno, son muchos;
15da poco y te echa en cara mucho, abre la boca como un pregonero; presta hoy y mañana reclama; una persona así es detestable.
16Dice el necio: «No tengo ni un amigo y nadie agradece mis favores. Los que comen mi pan son malas lenguas».
17¡Cuántos y cuántas veces se reirán de él! Pues no acoge con recto entendimiento lo que tiene, ni es indiferente ante lo que no tiene.
18Mejor es resbalar en el suelo que con la lengua, así la caída de los malos llegará rápidamente.
19Persona sin educación es como chiste inoportuno: está siempre en boca de ignorantes.
20De la boca del necio no se acepta un proverbio, pues nunca lo dice en el momento adecuado.
21A algunos la indigencia los aleja del pecado, y cuando llega el descanso, no tienen remordimientos.
22Hay quien se pierde por vergüenza, y quien se pierde por hacer caso de un insensato.
23Hay quien por vergüenza hace promesas al amigo, y lo convierte en enemigo innecesariamente.
24Grave defecto para una persona es la mentira y está siempre en boca de ignorantes.
25Mejor ladrón que mentiroso empedernido, pero ambos heredarán la perdición.
26El hábito del mentiroso es una deshonra, la vergüenza lo acompaña siempre.
27El sabio se abre camino con las palabras, y el prudente agrada a los grandes.
28El que cultiva la tierra aumentará su cosecha, y el que agrada a los grandes expía la injusticia.
29Presentes y regalos ciegan los ojos de los sabios, y como bozal en boca ahoga el reproche.
30Sabiduría oculta y tesoro invisible, ¿para qué sirven una y otro?
31Más vale el que oculta su necedad que el que oculta su sabiduría.
32Más vale constancia inflexible en la búsqueda del Señor que conducir sin control el carro de la propia vida.
Eclesiástico 21
1Hijo, ¿has pecado? No lo hagas más, y por tus faltas pasadas pide perdón.
2Huye del pecado como de una serpiente, pues, si te acercas, te morderá. Dientes de león son sus dientes, que destrozan vidas humanas.
3Espada de doble filo es la trasgresión, no hay remedio para su herida.
4Terror y violencia devastan la riqueza, así la casa del soberbio será arrasada.
5La oración del pobre llega a los oídos de Dios, y le hará justicia inmediatamente.
6El que odia la reprensión sigue las huellas del pecador, y el que teme al Señor se convierte de corazón.
7De lejos se conoce al deslenguado, pero el sensato reconoce sus deslices.
8El que edifica su casa con dinero ajeno es como el que amontona piedras para su tumba.
9Como haz de estopa es la reunión de los malvados, y su final es una llamarada de fuego.
10El camino de los pecadores está bien adoquinado, pero desemboca en lo hondo del abismo.
11El que guarda la ley domina sus pensamientos, y el culmen del temor del Señor es la sabiduría.
12Quien no es habilidoso no aprenderá, pero hay una habilidad que aumenta la amargura.
13La ciencia del sabio crece como un torrente, y su consejo como fuente de vida.
14La mente del necio es como una vasija rota y no retiene ningún conocimiento.
15Si el instruido oye una palabra sabia, la elogia y le añade otra; si la oye el imbécil, se burla de ella y se la echa a la espalda.
16La explicación del necio es como fardo en el camino, pero en los labios del inteligente se encuentra la gracia.
17La opinión del sensato es requerida en la asamblea, y sus palabras se meditan en el corazón.
18Casa en ruinas es la sabiduría del necio, y la ciencia del tonto, palabras incoherentes.
19Como cepos en los pies es la educación para el bobo, como esposas en su mano derecha.
20El necio ríe estrepitosamente, mientras el sabio apenas sonríe en silencio.
21Joya de oro es la educación para el sensato, es como brazalete en su brazo derecho.
22El necio irrumpe en casa ajena, el experimentado se presenta con respeto.
23El insensato fisgonea la casa desde la puerta, el hombre bien educado se espera fuera.
24Es falta de educación escuchar detrás de la puerta, el sensato se avergüenza de ello.
25Los charlatanes hablan con insistencia, los sensatos miden sus palabras.
26Los necios tienen el corazón en la boca, los sabios tienen la boca en el corazón.
27Cuando el impío maldice a su adversario, a sí mismo se maldice.
28El murmurador se perjudica a sí mismo, y el vecindario lo detesta.
Salmo 6
1Al Director. Con instrumentos de cuerda; en octava. Salmo de David.
2Señor, no me corrijas con ira, no me castigues con cólera.
3Misericordia, Señor, que desfallezco; cura, Señor, mis huesos dislocados.
4Tengo el alma en delirio, y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
5Vuélvete, Señor, liberta mi alma, sálvame por tu misericordia.
6Porque en el reino de la muerte nadie te invoca, y en el abismo, ¿quién te alabará?
7Estoy agotado de gemir: de noche lloro sobre el lecho, riego mi cama con lágrimas.
8Mis ojos se consumen irritados, envejecen por tantas contradicciones.
9Apartaos de mí los malvados, porque el Señor ha escuchado mis sollozos;
10el Señor ha escuchado mi súplica, el Señor ha aceptado mi oración.
11Que la vergüenza abrume a mis enemigos, que avergonzados huyan al momento.