Lectura 220 de 365
Eclesiástico 18-19 · Salmos 5
Eclesiástico 18
1El que vive eternamente lo creó todo por igual;
2solo el Señor es reconocido justo, y no hay otro fuera de él.
3Gobierna el mundo con la palma de su mano, y todo obedece a su voluntad, pues él con su poder es rey de todos, separando en ellos las cosas santas de las profanas.
4A nadie permitió que anunciara sus obras. ¿Quién rastreará sus maravillas?
5¿Quién medirá el poder de su majestad? ¿Quién conseguirá narrar sus misericordias?
6No hay nada que quitar, ni nada que añadir, ni se pueden rastrear las maravillas del Señor.
7Cuando el hombre termina, entonces empieza, cuando se detiene, entonces queda asombrado.
8¿Qué es el hombre?, ¿para qué sirve?, ¿cuál es su bien y cuál su mal?
9Los días del hombre son cien años como mucho; el día más imprevisible de todos es el de la muerte.
10Como gota de agua en el mar, como grano de arena, así son sus pocos años frente a un día de la eternidad.
11Por eso el Señor es paciente con los humanos y derrama sobre ellos su misericordia.
12Él ve y sabe que el fin de ellos es miserable, por eso multiplica su perdón.
13El hombre se compadece de su prójimo, el Señor, de todo ser viviente. Él reprende, adoctrina, enseña y guía como un pastor a su rebaño.
14Se compadece de los que acogen la instrucción y de los que se afanan por sus decretos.
15Hijo, a los favores no añadas un reproche, ni a cada regalo palabras ofensivas.
16¿No mitiga el rocío el calor ardiente? Así una palabra es mejor que un regalo.
17¿No vale más una palabra que un buen obsequio? Ambas cosas son propias del hombre caritativo.
18El necio reprocha sin caridad, y el regalo del avaro consume los ojos.
19Antes de hablar, infórmate, y antes de caer enfermo, cuídate.
20Antes del juicio, examínate a ti mismo, y a la hora de la visita encontrarás perdón.
21Antes de caer enfermo, humíllate, y cuando peques, muestra arrepentimiento.
22Nada te impida cumplir un voto a tiempo, y no esperes a la muerte para cumplirlo.
23Antes de hacer una promesa, prepárate, y no seas como uno que tienta al Señor.
24Acuérdate de la ira de los últimos días, y del momento del castigo, cuando él aparte su rostro.
25En tiempo de abundancia acuérdate de la carestía, de la pobreza y la indigencia en los días de riqueza.
26De la mañana a la tarde cambia el tiempo, y todo pasa deprisa delante del Señor.
27La persona sabia en todo es precavida, y en ocasión de pecado se abstiene de la culpa.
28Todo el que es prudente conoce la sabiduría, y esta rinde homenaje a quien la encuentra.
29Los prudentes en el hablar también se hacen sabios y derraman como lluvia proverbios acertados. Es mejor poner la confianza en un solo amo que confiarse a un difunto con corazón muerto.
30No vayas detrás de tus pasiones y pon un freno a tus deseos.
31Si te concedes la satisfacción de la pasión, serás el hazmerreír de tus enemigos.
32No te deleites con muchos placeres, para no empobrecerte a su costa.
33No te arruines festejando con dinero prestado, cuando no tienes nada en la bolsa, pues serás uno que insidia contra la propia vida.
Eclesiástico 19
1Un obrero bebedor nunca se hará rico, y el que desprecia lo pequeño poco a poco caerá.
2Vino y mujeres pervierten a los sensatos, y el que anda con prostitutas aún es más temerario.
3Larvas y gusanos serán su herencia, el temerario será eliminado.
4El que pronto se confía no tiene juicio, y el que peca, a sí mismo se perjudica.
5El que se complace en el mal será condenado, pero el que resiste a los placeres corona su vida.
6El que domina la lengua vivirá sin peleas, y el que detesta la palabrería evita el mal.
7No repitas nunca un chisme y no sufrirás ningún daño;
8ni a amigo ni a enemigo se lo cuentes, y si para ti no es pecado, no lo descubras,
9pues el que te escucha desconfiará de ti y, llegada la ocasión, te despreciará.
10¿Has oído algo? ¡Muera contigo! ¡Tranquilo, que no reventarás!
11El necio oye una noticia y ya siente dolores, como la mujer que va a dar a luz un hijo.
12Flecha clavada en el muslo es la noticia en las entrañas del necio.
13Pregunta a tu amigo: quizá no ha hecho nada, y si lo hizo, para que no vuelva a hacerlo.
14Pregunta a tu prójimo: quizá no ha dicho nada, y si lo dijo, para que no lo repita.
15Pregunta a tu amigo, pues a menudo se trata de calumnia, y no te creas todo lo que se dice.
16Hay quien resbala sin querer, pero, ¿quién no ha pecado con su lengua?
17Pregunta a tu prójimo antes de censurarlo, y deja que se cumpla la ley del Altísimo.
18El temor del Señor es principio de acogida, la sabiduría obtiene de él el amor.
19El conocimiento de los mandatos del Señor es instrucción de vida; los que hacen lo que le agrada obtendrán los frutos del árbol de la inmortalidad.
20Toda sabiduría es temor del Señor, y en toda sabiduría está la práctica de la ley y el conocimiento de su omnipotencia.
21Un criado que dice al amo: «No haré lo que te agrada», aunque después lo haga, irrita a quien le da de comer.
22No es sabiduría el conocimiento del mal, ni prudencia la deliberación de los pecadores.
23Hay una habilidad que es abominación y hay un insensato que carece de sabiduría.
24Más vale uno corto de inteligencia pero que teme al Señor, que uno muy inteligente pero que infringe la ley.
25Hay una habilidad perfecta que es injusta, y hay quien intriga para obtener un juicio favorable, pero el sabio es justo en el juicio.
26Hay quien hace el mal encorvado por la pena, pero su interior está lleno de engaño.
27Se cubre la cara y se hace el sordo, pero, cuando nadie lo vea, te tomará la delantera,
28y, si por falta de fuerzas se priva de pecar, en cuanto encuentre la ocasión, hará el mal.
29Por el aspecto se conoce al hombre, y por el rostro se conoce al inteligente.
30El vestido del hombre, la sonrisa de su boca y el modo de caminar revelan lo que es.
Salmo 5
1Al Director. Para flautas. Salmo de David.
2Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos,
3haz caso de mis gritos de auxilio, Rey mío y Dios mío. A ti te suplico, Señor.
4Por la mañana escucharás mi voz, por la mañana te expongo mi causa, y me quedo aguardando.
5Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped,
6ni el arrogante se mantiene en tu presencia. Detestas a los malhechores,
7destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor.
8Pero yo, por tu gran bondad, entraré en tu casa, me postraré ante tu templo santo en tu temor.
9Señor, guíame con tu justicia, porque tengo enemigos; alláname tu camino.
10En su boca no hay sinceridad, su corazón es perverso; su garganta es un sepulcro abierto, mientras halagan con la lengua.
11Castígalos, oh Dios, que fracasen sus planes; expúlsalos por sus muchos crímenes, porque se han rebelado contra ti.
12Que se alegren los que se acogen a ti, con júbilo eterno; protégelos, para que se llenen de gozo los que aman tu nombre.
13Porque tú, Señor, bendices al justo, y como un escudo lo rodea tu favor.