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Lectura 219 de 365

Eclesiástico 16-17 · Salmos 4

Letra: Normal

Eclesiástico 16

1No desees una multitud de hijos inútiles, no te goces de tener hijos impíos.

2Aunque sean muchos, no te alegres, si no tienen temor del Señor.

3No confíes en su larga vida, ni te creas seguro a causa de su número. Sufrirás a causa de un dolor prematuro y repentinamente conocerás su final. Que más vale uno que mil, y morir sin hijos, que tenerlos impíos.

4Un solo hombre inteligente repoblará la ciudad, pero la raza de los sin ley quedará desolada.

5Muchas cosas como estas vieron mis ojos, y cosas aún más graves oyeron mis oídos.

6En la asamblea de los pecadores se enciende el fuego, contra la nación rebelde se inflamó la ira.

7El Señor no perdonó a los antiguos gigantes, los que se rebelaron a causa de su fuerza.

8No perdonó a los vecinos de Lot, a los que aborrecía por su soberbia.

9No se apiadó de la nación corrompida, de los que alardeaban de sus pecados. Todo esto se lo hizo a las naciones de corazón endurecido, y pese a la abundancia de sus santos no se dejó conmover.

10Y así trató a los seiscientos mil de a pie amotinados por su dureza de corazón. Con golpes y misericordia los castigó y curó, el Señor los protegió con piedad y disciplina.

11Aunque solo hubiera uno de dura cerviz, sería asombroso que quedara impune; pues misericordia e ira están con él; es poderoso cuando perdona y cuando descarga su ira.

12Tan grande como su misericordia es su severidad, y juzga al hombre según sus obras.

13No escapará el pecador con su rapiña, ni se frustrará la paciencia del piadoso.

14Reservará un sitio para el que da limosna, cada uno recibirá según sus obras.

15El Señor hizo que el faraón se obstinara para que no lo reconociese; puso así de manifiesto su poder bajo el cielo.

16En toda la creación se manifiesta su misericordia, y ha repartido su luz y oscuridad a los humanos.

17No digas: «Me esconderé del Señor, y, ¿quién se acordará de mí allá arriba? Entre la gran muchedumbre no seré reconocido, pues, ¿quién soy yo en la inmensa creación?».

18Mira el cielo y los cielos altísimos, el abismo y la tierra se estremecen ante su visita. Todo el universo fue creado y existe por su voluntad.

19Los montes y los cimientos de la tierra tiemblan de espanto bajo su mirada.

20Pero en estas cosas no piensa el corazón, ¿quién presta atención a su conducta?

21Como una tempestad que el humano no ve, la mayoría de sus obras se realizan en secreto.

22Las obras de justicia, ¿quién las anuncia?, o ¿quién las espera?, pues la alianza está lejos. Y el examen de todas las cosas será al final.

23Estas cosas piensa el insensato; el estúpido y descarriado solo piensa necedades.

24Escúchame, hijo, y aprende la ciencia, y aplica tu corazón a mis palabras.

25Revelaré con mesura la instrucción, y con precisión anunciaré la ciencia.

26Cuando al principio el Señor creó sus obras, después de hacerlas, determinó sus funciones.

27Ordenó para siempre su actividad, y sus dominios por todas sus generaciones. No tienen hambre ni se cansan, y eso que no abandonan su tarea.

28Ninguna choca con su compañera, y jamás desobedecen su palabra.

29Después de esto el Señor miró a la tierra y la colmó de sus bienes.

30Cubrió su faz con toda clase de vivientes, y todos volverán a ella.

Eclesiástico 17

1El Señor creó al ser humano de la tierra, y a ella lo hará volver de nuevo.

2Concedió a los humanos días contados y un tiempo fijo, y les dio autoridad sobre cuanto hay en la tierra.

3Los revistió de una fuerza como la suya y los hizo a su propia imagen.

4Hizo que todo ser viviente los temiese, para que dominaran sobre fieras y aves.

5Recibieron el uso de las cinco operaciones del Señor, como sexta, les concedió participar de la inteligencia; y como séptima, la palabra intérprete de sus operaciones.

6Discernimiento, lengua y ojos, oídos y corazón les dio para pensar.

7Los llenó de ciencia y entendimiento, y les enseñó el bien y el mal.

8Puso su mirada en sus corazones,

9para mostrarles la grandeza de sus obras, y les concedió gloriarse por siempre de sus maravillas.

10Por eso alabarán su santo nombre, para contar la grandeza de sus obras.

11Puso delante de ellos la ciencia, y les dejó en herencia una ley de vida, para que piensen que los que ahora viven son mortales.

12Estableció con ellos una alianza eterna, y les enseñó sus decretos.

13Sus ojos vieron la grandeza de su gloria y sus oídos oyeron su voz gloriosa.

14Les dijo: «Guardaos de toda iniquidad», y les dio a cada uno preceptos acerca del prójimo.

15La conducta humana está siempre ante Dios, no puede ocultarse a sus ojos.

16Desde la juventud sus caminos conducen al mal y no son capaces de transformar sus corazones de piedra en corazones de carne.

17Pues al repartir las naciones de toda la tierra, a cada nación asignó un jefe, pero la porción del Señor es Israel;

18a este, por ser el primogénito, lo cuida con disciplina y le dispensa la luz del amor sin abandonarlo.

19Para el Señor todas sus obras son como el sol, y sus ojos están siempre sobre su conducta.

20No se le pueden ocultar injusticias de ellos, y todos sus pecados están delante del Señor.

21Pero el Señor, que es bueno y conoce su imagen, no los rechaza ni los abandona, sino que los perdona.

22La limosna del hombre es para él como un sello, y custodia la generosidad como la niña del ojo. Reparte arrepentimiento entre sus hijos e hijas.

23Después de esto se levantará y les retribuirá, y dará a cada uno su recompensa.

24Pero a los que se arrepienten les permite volver, y consuela a los que han perdido la esperanza.

25Retorna al Señor y abandona el pecado, reza ante su rostro y elimina los obstáculos.

26Vuélvete al Altísimo y apártate de la injusticia —pues él mismo te guiará de las tinieblas a la luz salvífica— y detesta con toda el alma la abominación.

27En el abismo ¿quién alabará al Altísimo como lo hacen los vivos y quienes le dan gracias?

28Para el muerto, como quien no existe, desaparece la alabanza, solo el que está vivo y sano alaba al Señor.

29¡Qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que retornan a él!

30El hombre no puede tenerlo todo, porque ningún humano es inmortal.

31¿Qué hay más luminoso que el sol?, y también se eclipsa; los que son carne y sangre maquinan el mal.

32Dios pasa revista al ejército de las alturas celestes; los hombres son todos polvo y ceniza.

Salmo 4

1Al Director. Con instrumentos de cuerda. Salmo de David.

2Escúchame cuando te invoco, Dios de mi justicia; tú que en el aprieto me diste anchura, ten piedad de mí y escucha mi oración.

3Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor, amaréis la falsedad y buscaréis el engaño? (Pausa)

4Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor, y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

5Temblad y no pequéis, reflexionad en el silencio de vuestro lecho; (Pausa)

6ofreced sacrificios legítimos y confiad en el Señor.

7Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha, si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?».

8Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría que si abundara en su trigo y en su vino.

9En paz me acuesto y enseguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.