Lectura 21 de 365
Éxodo 11-13 · Marcos 13-14
Éxodo 11
1El Señor dijo a Moisés: «Todavía tengo que enviar una plaga al faraón y a Egipto, tras lo cual os dejará marchar de aquí; más aún, os expulsará definitivamente de aquí.
2Habla al pueblo: que cada hombre pida a su vecino y cada mujer a su vecina utensilios de plata y oro».
3El Señor hizo que el pueblo se ganase el favor de los egipcios. Moisés era también muy estimado en la tierra de Egipto por los servidores del faraón y por el pueblo.
4Dijo Moisés: «Así dice el Señor: A medianoche yo pasaré por medio de Egipto.
5Morirán en la tierra de Egipto todos los primogénitos: desde el primogénito del faraón que se sienta en su trono hasta el primogénito de la sierva que atiende al molino, y todos los primogénitos del ganado.
6Y se oirá un inmenso clamor en la tierra de Egipto como nunca lo ha habido ni lo habrá.
7Mientras que a los hijos de Israel ni un perro les ladrará, ni a los hombres ni a las bestias; para que sepan que el Señor distingue entre Egipto e Israel.
8Entonces todos estos servidores tuyos acudirán a mí y se postrarán ante mí, diciendo: “Sal con el pueblo que te sigue”. Entonces saldré». Y, encendido en cólera, salió de la presencia del faraón.
9Después dijo el Señor a Moisés: «El faraón no os hará caso y así se multiplicarán mis prodigios en la tierra de Egipto».
10Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios en presencia del faraón; pero el Señor hizo que el faraón se obstinara en no dejar marchar a los hijos de Israel de su tierra.
Éxodo 12
1Dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
2«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año.
3Decid a toda la asamblea de los hijos de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa.
4Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino más próximo a su casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.
5Será un animal sin defecto, macho, de un año; lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.
6Lo guardaréis hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de los hijos de Israel lo matará al atardecer”.
7Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo comáis.
8Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas.
9No comeréis de ella nada crudo, ni cocido en agua, sino asado a fuego: con cabeza, patas y vísceras.
10No dejaréis restos para la mañana siguiente; y si sobra algo, lo quemaréis.
11Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor.
12Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor.
13La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera a la tierra de Egipto.
14Este será un día memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta en honor del Señor. De generación en generación, como ley perpetua lo festejaréis.
15Durante siete días comeréis panes ácimos; el día primero haréis desaparecer de vuestras casas toda levadura, pues el que coma algo fermentado, del primero al séptimo día, será excluido de Israel.
16El día primero hay asamblea santa, y lo mismo el día séptimo: no trabajaréis en ellos; solamente prepararéis lo que haga falta a cada uno para comer.
17Observaréis la fiesta de los Ácimos, porque este mismo día saqué yo vuestras legiones de la tierra de Egipto. Observad ese día, de generación en generación, como ley perpetua.
18En el primer mes, desde el día catorce por la tarde al día veintiuno por la tarde, comeréis panes ácimos.
19Durante siete días, no habrá levadura en vuestras casas, pues quien coma algo fermentado será excluido de la asamblea de Israel, sea emigrante o indígena.
20No comeréis nada fermentado; comeréis panes ácimos en todos vuestros poblados».
21Moisés llamó a todos los ancianos de los hijos de Israel y les dijo: «Escogeos una res por familia e inmolad la Pascua.
22Tomad un manojo de hisopo, mojadlo en la sangre del plato y untad de sangre el dintel y las dos jambas; y que ninguno de vosotros salga por la puerta de casa hasta la mañana siguiente.
23El Señor va a pasar hiriendo a Egipto, pero cuando vea la sangre en el dintel y las jambas, el Señor pasará de largo y no permitirá al exterminador entrar en vuestras casas para herir.
24Cumplid esta palabra: es ley perpetua para vosotros y vuestros hijos.
25Y, cuando entréis en la tierra que el Señor os va a dar, según lo prometido, y observéis este rito,
26si vuestros hijos os preguntan: “¿Qué significa este rito para vosotros?”,
27les responderéis: “Es el sacrificio de la Pascua del Señor, que pasó junto a las casas de los hijos de Israel en Egipto, hiriendo a los egipcios y protegiendo nuestras casas”». Entonces, el pueblo se inclinó y se postró.
28Los hijos de Israel fueron y pusieron por obra lo que el Señor había mandado a Moisés y a Aarón.
29A medianoche el Señor hirió de muerte a todos los primogénitos de la tierra de Egipto: desde el primogénito del faraón, que se sienta en el trono, hasta el primogénito del preso encerrado en el calabozo; y todos los primogénitos de los animales.
30Aquella noche se levantó el faraón, sus servidores y todos los egipcios, y se oyó un clamor inmenso en todo Egipto, pues no había casa en que no hubiera un muerto.
31El faraón llamó a Moisés y Aarón de noche y les dijo: «Levantaos, salid de en medio de mi pueblo, vosotros con todos los hijos de Israel, id a ofrecer culto al Señor, como habéis pedido.
32Llevaos también las ovejas y las vacas, como habéis dicho; marchad y rogad por mí».
33Los egipcios urgían al pueblo para que saliese cuanto antes de la tierra, pues decían: «Moriremos todos».
34El pueblo recogió la masa sin fermentar y, envolviendo las artesas en mantas, se las cargaron al hombro.
35Además, los hijos de Israel hicieron lo que Moisés les había mandado: pidieron a los egipcios utensilios de plata y de oro, y ropa.
36El Señor hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, que les dieron lo que pedían. Así despojaron a Egipto.
37Los hijos de Israel marcharon de Ramsés hacia Sucot: eran seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.
38Además, les seguía una multitud inmensa, con ovejas y vacas, y una enorme cantidad de ganado.
39Cocieron la masa que habían sacado de Egipto en forma de panes ácimos, pues aún no había fermentado, porque los egipcios los echaban y no los dejaban detenerse. Tampoco se llevaron provisiones.
40La estancia de los hijos de Israel en Egipto duró cuatrocientos treinta años.
41Cumplidos los cuatrocientos treinta años, el mismo día, salieron de Egipto las legiones del Señor.
42Fue la noche en que veló el Señor para sacarlos de la tierra de Egipto. Será la noche de vela, en honor del Señor, para los hijos de Israel por todas las generaciones.
43El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Esta es la ley de la pascua: ningún extranjero la comerá.
44Circuncida a los esclavos que te hayas adquirido y solo entonces podrán comerla.
45Ni el emigrante ni el jornalero la comerán.
46Se ha de comer en una sola casa: no sacarás fuera nada de la casa y no le romperás ningún hueso.
47La comunidad entera de los hijos de Israel la celebrará.
48Y, si algún emigrante que vive contigo quiere celebrar la Pascua del Señor, se circuncidará y solo entonces podrá participar en ella, pues será como un indígena; pero ningún incircunciso podrá comerla.
49La misma instrucción vale para el indígena y para el emigrante que vive con vosotros».
50Todos los hijos de Israel obraron así. Hicieron exactamente lo que el Señor mandó a Moisés y a Aarón.
51Aquel mismo día, el Señor sacó de la tierra de Egipto a los hijos de Israel, por escuadrones.
Éxodo 13
1El Señor dijo a Moisés:
2«Conságrame todo primogénito; todo primer parto entre los hijos de Israel, sea de hombre o de ganado, es mío».
3Moisés dijo al pueblo: «Recuerda este día en que salisteis de Egipto, de la casa de esclavitud, pues con mano fuerte os sacó el Señor de aquí; no comeréis pan fermentado.
4Salís hoy, en el mes de abib.
5Cuando el Señor te haya introducido en la tierra de los cananeos, los hititas, los amorreos, los heveos y los jebuseos, tierra que juró a tus padres darte, una tierra que mana leche y miel, celebrarás en este mes el siguiente rito:
6durante siete días comerás ácimos y el día séptimo será fiesta en honor del Señor.
7Durante estos siete días se comerá pan ácimo y no se verá pan fermentado ni levadura en todo tu territorio.
8Ese día se lo explicarás a tu hijo así: “Esto es por lo que el Señor hizo por mí cuando salí de Egipto”.
9Y será para ti como señal sobre tu brazo y como recordatorio en tu frente, para que tengas en tu boca la instrucción del Señor, porque con mano fuerte te sacó el Señor de Egipto.
10Observarás este mandato, año tras año, a su debido tiempo».
11«Cuando el Señor te introduzca en la tierra de los cananeos, como juró a ti y a tus padres, y te la haya entregado,
12consagrarás al Señor todos los primogénitos: el primer parto de tu ganado, si es macho, pertenece al Señor.
13Pero la primera cría de asno la rescatarás con un cordero; si no la rescatas, la desnucarás. Rescatarás siempre a los primogénitos de los hombres.
14Y cuando el día de mañana tu hijo te pregunte: “¿Qué significa esto?”, le responderás: “Con mano fuerte nos sacó el Señor de Egipto, de la casa de esclavitud.
15Como el faraón se había obstinado en no dejarnos salir, el Señor dio muerte a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde el primogénito del hombre al del ganado. Por eso yo sacrifico al Señor todo primogénito macho del ganado. Pero a los primogénitos de los hombres los rescato.
16Esto será como señal sobre tu brazo y signo en la frente de que con mano fuerte nos sacó el Señor de Egipto”».
17Cuando el faraón dejó marchar al pueblo, Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque es el más corto, pues dijo: «No sea que, al verse atacado, el pueblo se arrepienta y se vuelva a Egipto».
18Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el desierto hacia el mar Rojo. Pero los hijos de Israel habían salido de Egipto pertrechados.
19Moisés tomó consigo los huesos de José, pues este había hecho jurar solemnemente a los hijos de Israel: «Cuando el Señor os visite, os llevaréis mis huesos de aquí».
20Partieron de Sucot y acamparon en Etán, al borde del desierto.
21El Señor caminaba delante de los israelitas: de día, en una columna de nubes, para guiarlos por el camino; y de noche, en una columna de fuego, para alumbrarlos; para que pudieran caminar día y noche.
22No se apartaba de delante del pueblo ni la columna de nube, de día, ni la columna de fuego, de noche.
Marcos 13
1Y cuando salía del templo le dijo uno de sus discípulos: «Maestro, mira qué piedras y qué edificaciones».
2Jesús le respondió: «¿Ves esos grandes edificios?; pues serán destruidos, sin que quede piedra sobre piedra».
3Y sentado en el monte de los Olivos, enfrente del templo, le preguntaron Pedro, Santiago, Juan y Andrés en privado:
4«Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas?, ¿y cuál será el signo de que todo esto está para cumplirse?».
5Jesús empezó a decirles: «Estad atentos para que nadie os engañe.
6Vendrán muchos en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, y engañarán a muchos.
7Cuando oigáis hablar de guerras y noticias de guerra, no os alarméis. Todo esto ha de suceder, pero no es todavía el final;
8se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambres. Todo esto será el comienzo de los dolores.
9Mirad por vosotros mismos. Os entregarán a los tribunales, seréis azotados en las sinagogas y compareceréis ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos.
10Es necesario que se anuncie antes el Evangelio a todos los pueblos.
11Pero cuando os conduzcan para entregaros, no os preocupéis por lo que habréis de decir; decid lo que se os inspire en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que habléis sino el Espíritu Santo.
12Y entregará a la muerte el hermano al hermano y el padre al hijo, y se levantarán hijos contra padres y se darán muerte;
13y seréis odiados por todos a causa de mi nombre, pero quien persevere hasta el fin se salvará.
14Cuando veáis la abominación de la desolación erigida donde no debe (el que lee, que entienda), entonces los que viven en Judea huyan a los montes,
15el que esté en la azotea no baje y no entre en casa a coger nada,
16y el que esté en el campo no vuelva a recoger su manto.
17¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días!
18Orad para que no suceda en invierno.
19Porque aquellos días habrá una tribulación como jamás ha sucedido desde el principio de la creación, que Dios ha creado, hasta hoy, ni la volverá a haber.
20Si el Señor no acortase aquellos días, nadie podrá salvarse. Pero en atención a los elegidos que escogió se abreviarán.
21Y si entonces alguno os dice: “El Mesías está aquí o allí”, no le creáis.
22Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, que harán signos y portentos para engañar, si fuera posible, a los elegidos.
23Pero vosotros estad atentos, que os he prevenido.
24En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor,
25las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
26Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria;
27enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca;
29pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta.
30En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.
31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.
33Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
34Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
35Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer:
36no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
37Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».
Marcos 14
1Faltaban dos días para la Pascua y los Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando cómo prender a Jesús a traición y darle muerte.
2Pero decían: «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo».
3Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y se lo derramó sobre la cabeza.
4Algunos comentaban indignados: «¿A qué viene este derroche de perfume?
5Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres». Y reprendían a la mujer.
6Pero Jesús replicó: «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra buena ha hecho conmigo.
7Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre.
8Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura.
9En verdad os digo que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se hablará de lo que esta ha hecho, para memoria suya».
10Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a los sumos sacerdotes para entregárselo.
11Al oírlo, se alegraron y le prometieron darle dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
12El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».
13Él envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo,
14y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”.
15Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí».
16Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua.
17Al atardecer fue él con los Doce.
18Mientras estaban a la mesa comiendo dijo Jesús: «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo».
19Ellos comenzaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro: «¿Seré yo?».
20Respondió: «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo.
21El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado!; ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
22Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo».
23Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.
24Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos.
25En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».
26Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos.
27Jesús les dijo: «Todos os escandalizaréis, como está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”.
28Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».
29Pedro le replicó: «Aunque todos caigan, yo no».
30Jesús le dice: «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres».
31Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré». Y los demás decían lo mismo.
32Llegan a un huerto, que llaman Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí mientras voy a orar».
33Se lleva consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir espanto y angustia, y les dice:
34«Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad».
35Y, adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, se alejase de él aquella hora;
36y decía: «¡Abba!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres».
37Vuelve y, al encontrarlos dormidos, dice a Pedro: «Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar una hora?
38Velad y orad, para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
39De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras.
40Volvió y los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se les cerraban. Y no sabían qué contestarle.
41Vuelve por tercera vez y les dice: «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
42¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
43Todavía estaba hablando, cuando se presenta Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos.
44El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles: «Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto».
45Y en cuanto llegó, acercándosele le dice: «¡Rabbí!». Y lo besó.
46Ellos le echaron mano y lo prendieron.
47Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.
48Jesús tomó la palabra y les dijo: «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido?
49A diario os estaba enseñando en el templo y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras».
50Y todos lo abandonaron y huyeron.
51Lo iba siguiendo un muchacho envuelto solo en una sábana; y le echaron mano,
52pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
53Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los escribas y los ancianos.
54Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
55Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban.
56Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban.
57Y algunos, poniéndose de pie, daban falso testimonio contra él diciendo:
58«Nosotros le hemos oído decir: “Yo destruiré este templo, edificado por manos humanas, y en tres días construiré otro no edificado por manos humanas”».
59Pero ni siquiera en esto concordaban los testimonios.
60El sumo sacerdote, levantándose y poniéndose en el centro, preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
61Pero él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?».
62Jesús contestó: «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo».
63El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?»
64Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?». Y todos lo declararon reo de muerte.
65Algunos se pusieron a escupirlo y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían: «Profetiza». Y los criados le daban bofetadas.
66Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llega una criada del sumo sacerdote,
67ve a Pedro calentándose, lo mira fijamente y dice: «También tú estabas con el Nazareno, con Jesús».
68Él lo negó diciendo: «Ni sé ni entiendo lo que dices». Salió fuera al zaguán y un gallo cantó.
69La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes: «Este es uno de ellos».
70Pero él de nuevo lo negaba. Al poco rato, también los presentes decían a Pedro: «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo».
71Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar: «No conozco a ese hombre del que habláis».
72Y enseguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.