Lectura 216 de 365
Eclesiástico 10-11 · Salmos 1
Eclesiástico 10
1Gobernante sabio instruye a su pueblo, autoridad inteligente está bien consolidada.
2A tal gobernante, tales ministros, a tal alcalde, tales vecinos.
3Un rey sin instrucción arruina a su pueblo, pero la ciudad prospera por los gobernantes prudentes.
4En manos del Señor está el gobierno de la tierra, sobre ella suscitará a su tiempo al hombre apto.
5En manos del Señor está el éxito del hombre, y él otorga su gloria al legislador.
6Por ningún agravio guardes rencor al prójimo, ni actúes guiado por un arrebato de insolencia.
7La soberbia es odiosa al Señor y a los humanos, y para ambos es un delito la injusticia.
8La soberanía pasa de una nación a otra, a causa de las injusticias, la violencia y el dinero. Nadie es más injusto que el avaro, pues vende hasta la propia alma.
9¿De qué se enorgullece el que es tierra y ceniza?, ¡si ya en vida su vientre es podredumbre!
10La larga enfermedad desconcierta al médico, y quien hoy es rey mañana también morirá.
11Cuando un hombre muere, recibe como herencia lombrices, bichos y gusanos.
12Principio de la soberbia es alejarse del Señor y apartar el corazón del Creador.
13Porque principio de la soberbia es el pecado, y quien se entrega a ella hace llover abominación. Por eso el Señor les infligió calamidades, y los abatió completamente.
14El Señor derribó del trono a los poderosos, y en su lugar hizo sentar a los sencillos.
15El Señor arrancó las raíces de los soberbios, y en su lugar plantó a los humildes.
16El Señor devastó los territorios de las naciones y los destruyó hasta los cimientos de la tierra.
17Arrebató a algunos y los destruyó, borrando de la tierra su recuerdo.
18No se ha creado la soberbia para el ser humano, ni la ira apasionada para el nacido de mujer.
19¿Qué raza es digna de honor? La del ser humano. ¿Qué raza es digna de honor? Los que temen al Señor. ¿Qué raza es despreciable? La del ser humano. ¿Qué raza es despreciable? Los que violan los mandamientos.
20Entre hermanos, su jefe es digno de honor, pero el Señor honra a los que le temen.
21Principio de acogida es el temor del Señor, pero principio de rechazo son la obstinación y la soberbia.
22Rico o distinguido o pobre, su orgullo es el temor del Señor.
23No es justo despreciar al pobre inteligente, ni es conveniente honrar al pecador.
24El noble, el juez y el poderoso reciben honores, pero ninguno es mayor que quien teme al Señor.
25Al criado sabio lo servirán hombres libres, y el hombre inteligente no lo criticará.
26No presumas de sabio al hacer tu tarea, ni te gloríes, cuando estés en aprieto.
27Más vale el que trabaja y anda sobrado que el que alardea y carece de pan.
28Hijo, ten una moderada estima de ti mismo, y valórate en la justa medida.
29¿Quién defenderá al que se condena a sí mismo? ¿Quién honrará al que a sí mismo se desprecia?
30El pobre es honrado por su saber, y el rico es honrado por su riqueza.
31Quien es apreciado en la pobreza, ¡cuánto más lo será en la riqueza! Y quien es despreciado en la riqueza, ¡cuánto más lo será en la pobreza!
Eclesiástico 11
1La sabiduría del humilde levantará su cabeza, y se le hará sentar entre los grandes.
2No alabes al hombre por su belleza, ni desprecies a nadie por su aspecto.
3Pequeña es la abeja entre los animales que vuelan, pero su producto es el más dulce.
4No presumas de los vestidos que llevas, ni te engrías en los momentos de gloria; pues admirables son las obras del Señor y, sin embargo, se ocultan a los humanos.
5Muchos tiranos acabaron por los suelos, mientras un desconocido se ceñía la corona.
6Muchos poderosos fueron abatidos, y hombres ilustres cayeron en otras manos.
7Antes de informarte, no recrimines; reflexiona primero y censura después.
8Antes de escuchar, no respondas, ni interrumpas al que tiene la palabra.
9Por lo que no te incumbe, no discutas, ni interfieras en litigios de pecadores.
10Hijo, no multipliques tus ocupaciones, porque si mucho abarcas, no quedarás impune; y por más que corras, no alcanzarás, y por más que quieras huir, no escaparás.
11Hay quien trabaja, se fatiga y apresura, y a pesar de esto está más necesitado.
12Hay quien es débil y necesita ayuda, carece de bienes y le sobra pobreza, pero el Señor lo mira con benevolencia, lo rescata de su humillación,
13le hace levantar la cabeza y muchos se asombran al verlo.
14Bien y mal, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del Señor.
15La sabiduría, la ciencia y el conocimiento de la ley vienen del Señor, el amor y la buena conducta son de él;
16la insensatez y la oscuridad han sido creadas para los pecadores; los que se complacen en el mal, envejecerán en él.
17El don del Señor permanece con los piadosos, y su benevolencia los guiará siempre hacia el éxito.
18Hay quien se hace rico a fuerza de trabajar y ahorrar, y esta es la parte de su recompensa:
19cuando dice: «Ahora ya puedo descansar y disfrutar de todos mis bienes», no sabe cuánto tiempo pasará, hasta que tenga que dejarlo todo a otros y muera.
20Sé fiel en tu deber y dedícate a él, y envejece en tu tarea.
21No admires las obras del pecador, mas confía en el Señor y sé constante en tu esfuerzo, porque es cosa fácil para el Señor enriquecer al pobre de repente, en un instante.
22La bendición del Señor es la recompensa del piadoso, en un instante hace florecer su generosidad.
23No digas: «¿Qué necesito?, o ¿qué bienes podría conseguir todavía?».
24No digas: «Ya tengo bastante, ¿qué mal puede sucederme ahora?».
25En día de bienes, se olvidan los males, en día de males, se olvidan los bienes;
26porque es fácil para el Señor, en el día de la muerte, pagar a cada uno según su conducta.
27El mal momentáneo hace olvidar el gozo, pero cuando el hombre se acerca al fin se descubren sus obras.
28Antes de la muerte no felicites a nadie, porque solo en su final se conoce a la persona.
29No metas a cualquiera en tu casa, pues son muchas las mañas del astuto.
30Perdiz cautiva en jaula es el corazón del orgulloso: un espía al acecho de tu caída.
31Trama insidias cambiando el bien en mal, y deshonra las cosas más dignas.
32Una chispa enciende un brasero, así el pecador acecha en busca de sangre.
33Guárdate del malvado, que maquina el mal, no sea que te deshonre para siempre.
34Mete en casa a un extraño y te causará problemas, te hará sentir extraño con tu propia familia.
Salmo 1
1Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos;
2sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.
3Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.
4No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento.
5En el juicio los impíos no se levantarán, ni los pecadores en la asamblea de los justos.
6Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.