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Lectura 217 de 365

Eclesiástico 12-13 · Salmos 2

Letra: Normal

Eclesiástico 12

1Si haces el bien, mira a quién, y sacarás provecho de tus favores.

2Haz bien al piadoso y obtendrás recompensa, si no de él mismo, al menos del Altísimo.

3Ningún beneficio para el que persiste en el mal, ni para quien se niega a hacer limosna.

4Da al que es piadoso, pero no ayudes al pecador.

5Haz el bien al humilde, pero no des nada al malvado; niégale el pan, no se lo des, porque podría utilizarlo para dominarte, y tú recibirías el doble de mal por el bien que le habrías hecho.

6Que también el Altísimo odia a los pecadores, y se vengará de los malvados; los protege en vistas al día de su castigo.

7Da al que es bueno, pero no ayudes al pecador.

8No se conoce al amigo en la prosperidad, ni se oculta al enemigo en la adversidad.

9Cuando uno prospera, sus enemigos se entristecen, pero en la adversidad, hasta su amigo lo abandona.

10No te fíes nunca de tu enemigo, pues su maldad es como bronce que se oxida.

11Aunque se haga el humilde y camine con la cabeza baja, ten cuidado y desconfía de él. Compórtate con él como quien pule un espejo, y verás que la herrumbre no lo corroe del todo.

12No lo pongas junto a ti, no sea que te derribe y te quite el puesto. No lo sientes a tu derecha, no sea que pretenda ocupar tu asiento, y que al final comprendas mis palabras y te pese recordar mis consejos.

13¿Quién se compadece del encantador mordido por la serpiente y de todos los que se acercan a las fieras?

14Lo mismo le ocurre al que anda con el pecador y se enreda con sus pecados.

15Por un tiempo el pecador permanecerá contigo, pero si sucumbes, no te soportará.

16El enemigo habla con labios melosos, pero en su corazón trama cómo arrojarte a la fosa. El enemigo tiene lágrimas en los ojos, pero llegada la ocasión, no se saciará de verter sangre.

17Si te ocurre una desgracia, allí lo encontrarás y, fingiendo ayudarte, te pondrá la zancadilla.

18Meneará la cabeza, aplaudirá, hablará largo rato entre dientes y cambiará de cara.

Eclesiástico 13

1El que toca la pez se mancha, el que se junta a un soberbio acabará siendo como él.

2No cargues un peso superior a tus fuerzas, ni te juntes a uno más fuerte y rico que tú. ¿Cómo se puede juntar el cántaro con la olla? Chocará con ella y se romperá.

3El rico ofende y encima se irrita, el pobre es ofendido y encima se excusa.

4Si le eres útil, te utilizará, y si eres torpe, te abandonará.

5Si tienes bienes, se asociará contigo y te despojará sin que le duela.

6Si te necesita, te engañará, te sonreirá y te dará esperanzas; te hablará amablemente y dirá: «¿Qué necesitas?».

7Te avergonzará en sus banquetes, te despojará dos o tres veces y acabará burlándose de ti. Y después, si te ve, te evitará y meneará la cabeza mofándose de ti.

8Procura que no te engañen, que no te humillen por tu insensatez.

9Si te invita un poderoso, mantente a distancia, así te llamará con mayor insistencia.

10No te adelantes, no sea que te rechace, ni te quedes muy lejos, no sea que te olvide.

11No pretendas hablar con él de igual a igual, ni te fíes de sus muchas palabras, pues con su palabrería te pondrá a prueba y sonriendo te examinará.

12Es un despiadado que no guarda sus palabras y no te ahorrará ni golpes ni cadenas.

13Ten cuidado y pon mucha atención, porque caminas junto a tu propia ruina.

14Si escuchas estas cosas en sueños, despierta; ama al Señor durante toda tu vida e invócalo para que te salve.

15Todo animal ama a su semejante, y todo hombre a su prójimo.

16Todo viviente se une con su especie, y todo hombre se junta a su semejante.

17¿Cómo puede convivir el lobo con el cordero? Lo mismo ocurre con el pecador y el piadoso.

18¿Qué paz puede haber entre la hiena y el perro?, y ¿qué paz puede haber entre el rico y el pobre?

19Los asnos salvajes son presa de los leones en el desierto, así los pobres son presa de los ricos.

20El soberbio aborrece la humildad, y así el rico aborrece al pobre.

21Cuando el rico se tambalea, sus amigos lo sostienen, pero cuando el humilde cae, sus amigos lo rechazan.

22Cuando el rico resbala, muchos lo sujetan, y si dice estupideces, le dan la razón; cuando el pobre resbala, se lo reprochan, y si habla con sensatez, no le hacen caso.

23Habla el rico y todos callan, y ponen sus palabras por las nubes. Habla el pobre y dicen: «¿Quién es este?». Y si tropieza, lo ayudan a caer.

24Buena es la riqueza adquirida sin pecado, mala es la pobreza en boca del impío.

25El corazón de una persona cambia su rostro, sea para bien, sea para mal.

26Un rostro alegre revela un buen corazón; inventar proverbios es un ejercicio difícil.

Salmo 2

1¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso?

2Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías:

3«Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo».

4El que habita en el cielo sonríe, el Señor se burla de ellos.

5Luego les habla con ira, los espanta con su cólera:

6«Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo».

7Voy a proclamar el decreto del Señor; él me ha dicho: «Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy.

8Pídemelo: te daré en herencia las naciones; en posesión, los confines de la tierra:

9los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como jarro de loza».

10Y ahora, reyes, sed sensatos; escarmentad, los que regís la tierra:

11servid al Señor con temor,

12rendidle homenaje temblando; aprended la enseñanza, no sea que se irrite y vayáis a la ruina, porque se inflama de pronto su ira. ¡Dichosos los que se refugian en él!