Lectura 215 de 365
Eclesiástico 8-9 · Apocalipsis 22
Eclesiástico 8
1No disputes con el poderoso, no sea que caigas en sus manos.
2No pelees con el rico, no sea que te venza con su influencia, porque el oro ha perdido a muchos y ha pervertido corazones de reyes.
3No disputes con un charlatán, y no eches más leña a su fuego.
4No bromees con el insensato, no sea que se burle de tus padres.
5No reproches al que se arrepiente del pecado, recuerda que todos somos culpables.
6No te burles del anciano, pues también nosotros envejeceremos.
7No te alegres de la muerte de nadie, recuerda que todos moriremos.
8No desdeñes los discursos de los sabios, sino ocúpate en meditar sus proverbios, porque de ellos aprenderás instrucción y el arte de servir a los grandes.
9No desprecies los discursos de los ancianos, que también ellos aprendieron de sus padres; porque de ellos aprenderás inteligencia y a responder cuando sea necesario.
10No atices las brasas del pecador, no sea que te quemes en sus llamas.
11No te encares con el insolente, para que no tienda una trampa a tu boca.
12No prestes a uno más fuerte que tú, y si le prestas, dalo por perdido.
13No salgas fiador por encima de tus posibilidades, y si lo haces, piensa en cómo pagar.
14No entres en pleito con un juez, ya que, dada su condición, sentenciarán a su favor.
15Con un temerario no vayas de viaje, no sea que te complique la vida, pues él actuará según su capricho y a causa de su locura tú te perderás.
16No pelees con el violento, ni atravieses con él el desierto, porque para él la vida no tiene valor y, cuando estés indefenso, te matará.
17Con un necio no te aconsejes, pues es incapaz de mantener la palabra.
18Delante de un extraño no hagas nada secreto, pues no sabes lo que sacará a la luz.
19No abras tu corazón a cualquiera, ni le dejes que te arrebate la felicidad.
Eclesiástico 9
1No tengas celos de tu propia mujer, no sea que la incites a portarse mal contigo.
2No te entregues del todo a tu mujer, no sea que te llegue a dominar.
3No te acerques a una cortesana, no sea que caigas en sus redes.
4No tengas trato con una coplera, no sea que te enredes en sus artimañas.
5No te fijes demasiado en la doncella, no sea que te castiguen por causa suya.
6No te entregues a prostitutas, no sea que pierdas tu patrimonio.
7No andes fisgoneando por las calles de la ciudad, ni deambules por sus parajes solitarios.
8Aparta tus ojos de una mujer hermosa, y no te fijes en belleza ajena. Por la belleza de una mujer muchos se perdieron, y a su lado el amor se inflama como el fuego.
9Jamás te sientes junto a una mujer casada, ni disfrutes del vino con ella, no sea que tu alma se vaya tras ella y por tu pasión resbales hacia la ruina.
10No abandones a un viejo amigo, pues el nuevo nunca será igual. Vino nuevo es el amigo nuevo, cuando sea añejo, lo beberás con alegría.
11No envidies el auge del pecador, pues no sabes cuál será su fatal desenlace.
12No te dejes fascinar por el éxito de los impíos, recuerda que no llegarán impunes al abismo.
13Aléjate de quien tiene poder para matar, y no tendrás que temer a la muerte. Si te acercas a él, no te descuides, no sea que te quite la vida. Mira que caminas entre emboscadas y paseas sobre la muralla de la ciudad.
14En cuanto puedas, atiende a tu prójimo y aconséjate con los sabios.
15Conversa con los inteligentes y habla siempre de la ley del Altísimo.
16Hombres justos compartan tu mesa, y sea tu orgullo el temor del Señor.
17La obra es loada por la destreza del artista y el gobernante, por su palabra sabia.
18El charlatán es temido en su ciudad, y el deslenguado se hace odioso por sus palabras.
Apocalipsis 22
1Y me mostró un río de agua de vida, reluciente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero.
2En medio de su plaza, a un lado y otro del río, hay un árbol de vida que da doce frutos, uno cada mes. Y las hojas del árbol sirven para la curación de las naciones.
3Y no habrá maldición alguna. Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le darán culto.
4Y verán su rostro, y su nombre está sobre sus frentes.
5Y ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol, porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos.
6Y me dijo: «Estas son palabras fieles y veraces; el Señor, Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel para mostrar a sus siervos lo que tiene que suceder pronto.
7Mira, yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras proféticas de este libro».
8Yo, Juan, soy el que oí y vi esto; y cuando oí y vi, caí a los pies del ángel que me mostraba esto para adorarlo.
9Y me dijo: «Mira, no lo hagas. Yo soy un compañero de servicio tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios».
10Y me dijo: «No selles las palabras proféticas de este libro, porque el tiempo está cerca.
11Que el injusto siga cometiendo injusticias y el manchado siga manchándose; que el justo siga practicando la justicia y el santo siga santificándose.
12Mira, yo vengo pronto y traeré mi recompensa conmigo para dar a cada uno según sus obras.
13Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.
14Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener acceso al árbol de la vida y entrar por las puertas en la ciudad.
15Fuera los perros, los hechiceros, los lujuriosos, los asesinos, los idólatras y todo el que ama y practica la injusticia.
16Yo, Jesús, he enviado a mi ángel para dar testimonio de esto a las iglesias. Yo soy la raíz y la descendencia de David, la estrella radiante de la mañana».
17El Espíritu y la esposa dicen: «¡Ven!». Y quien lo oiga, diga: «¡Ven!». Y quien tenga sed, que venga. Y quien quiera, que tome el agua de la vida gratuitamente.
18Yo declaro a todo el que oye las palabras proféticas de este libro: Si alguien añade algo a estas cosas, Dios añadirá sobre él las plagas que están escritas en este libro.
19Y si alguien quita algo de las palabras de este libro profético, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritas en este libro.
20Dice el que da testimonio de estas cosas: «Sí, vengo pronto». Amén. ¡Ven, Señor Jesús!
21La gracia del Señor Jesús esté con todos.