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Lectura 214 de 365

Eclesiástico 6-7 · Apocalipsis 21

Letra: Normal

Eclesiástico 6

1ni de amigo te vuelvas enemigo. Porque la mala reputación trae vergüenza y desprecio; así le sucede al pecador que habla con doblez.

2No te dejes llevar por el impulso de tu pasión, no sea que tu ardor te desgarre como un toro,

3devore tus hojas, destruya tus frutos, y al final te quedes como un tronco seco.

4La pasión desenfrenada arruina a quien la posee y lo convierte en irrisión del enemigo.

5Una palabra amable multiplica los amigos, y la lengua afable multiplica los saludos.

6Sean muchos los que estén en paz contigo, pero tus confidentes, solo uno entre mil.

7Si haces un amigo, ponlo a prueba, y no tengas prisa en confiarte a él.

8Porque hay amigos de ocasión, que no resisten en el día de la desgracia.

9Hay amigos que se convierten en enemigo, y te avergüenzan descubriendo tus litigios.

10Hay amigos que comparten tu mesa y no resisten en el día de la desgracia.

11Cuando las cosas van bien, es como otro tú, e incluso habla libremente con tus familiares.

12Pero si eres humillado, se pone contra ti y se esconde de tu presencia.

13Apártate de tus enemigos y sé cauto incluso con tus amigos.

14Un amigo fiel es un refugio seguro, y quien lo encuentra ha encontrado un tesoro.

15Un amigo fiel no tiene precio y su valor es incalculable.

16Un amigo fiel es medicina de vida, y los que temen al Señor lo encontrarán.

17El que teme al Señor afianza su amistad, porque, según sea él, así será su amigo.

18Hijo, desde tu juventud acepta la instrucción, y hasta la vejez encontrarás sabiduría.

19Como quien ara y siembra, acércate a ella y espera sus buenos frutos. Pues cultivándola te fatigarás un poco, pero pronto comerás de sus productos.

20Es muy dura para los ignorantes, y es insoportable para el insensato;

21como piedra pesada lo oprime, y él no tardará en sacudírsela.

22Pues la sabiduría hace honor a su nombre, y no se manifiesta a muchos.

23Escucha, hijo, acepta mi opinión y no rechaces mi consejo.

24Mete los pies en sus cepos, y el cuello en su yugo.

25Doblega la espalda y carga con ella, y no te rebeles contra sus cuerdas.

26Acércate a ella con toda tu alma, y con toda tu fuerza custodia sus caminos.

27Síguela, búscala, y se te manifestará, y, una vez alcanzada, no la sueltes.

28Porque al final hallarás su descanso, y se convertirá en tu alegría;

29sus cepos serán tu baluarte, y sus cuerdas, un vestido de gloria;

30adorno de oro será su yugo, y sus coyundas, cintas de púrpura.

31Como vestido de gloria te la pondrás, y como corona de júbilo te ceñirás con ella.

32Si quieres, hijo, serás instruido, si te aplicas totalmente, serás hábil.

33Si te gusta escuchar, aprenderás, y si inclinas tu oído, serás sabio.

34Acude a la reunión de los ancianos, y si hay uno que sea sabio, únete a él.

35Escucha con interés toda palabra que viene de Dios, y que no se te escapen los proverbios agudos.

36Si ves a un hombre prudente, madruga en su busca, y que tus pies desgasten el umbral de su puerta.

37Reflexiona sobre los preceptos del Señor y medita siempre sus mandatos. Él mismo fortalecerá tu corazón, y te será concedida la sabiduría que deseas.

Eclesiástico 7

1No hagas el mal, y el mal no te alcanzará,

2sepárate del injusto, y él se alejará de ti.

3Hijo, no siembres en surcos de injusticia, no sea que coseches siete veces más.

4No pidas al Señor el poder, ni al rey un puesto de honor.

5No te hagas el justo delante del Señor, ni te las des de sabio ante el rey.

6No aspires al puesto de juez, no sea que no puedas erradicar la injusticia, te acobardes ante el poderoso y pongas una mancha en tu rectitud.

7No peques en la asamblea de la ciudad, ni te rebajes en la comunidad.

8No cometas dos veces un pecado, porque ni una sola quedarás impune.

9No digas: «Él tendrá en cuenta mis muchas ofrendas, y el Dios altísimo las aceptará, cuando se las presente».

10No seas pusilánime en tu oración, ni te olvides de hacer limosnas.

11No te burles del afligido, pues hay uno que humilla y exalta.

12No trames engaños contra tu hermano, ni tampoco contra tu amigo.

13Proponte no decir mentira alguna, pues el hábito de mentir no lleva a nada bueno.

14No hables demasiado en la asamblea de ancianos, ni repitas las palabras en tu oración.

15No desprecies el trabajo duro, ni la labranza, pues los creó el Altísimo.

16No te unas a la multitud de pecadores, recuerda que la ira no tardará.

17Humíllate profundamente, porque el castigo del impío es fuego y gusanos.

18No cambies a un amigo por dinero, ni a un hermano verdadero por el oro de Ofir.

19No repudies a una mujer sabia y buena, pues su gracia vale más que el oro.

20No maltrates al criado que trabaja fielmente, ni al jornalero que pone el alma en su faena.

21Ama al siervo inteligente como a ti mismo, y no le niegues la libertad.

22¿Tienes rebaños? Cuídalos; y si te dan ganancias, consérvalos.

23¿Tienes hijos? Edúcalos, doblega su cerviz desde la juventud.

24¿Tienes hijas? Vigila su cuerpo, y no les pongas cara muy risueña.

25Casa a tu hija y habrás concluido una gran tarea, pero dásela a un hombre prudente.

26¿Tienes una esposa que te gusta? No la despidas; pero si no la amas, no confíes en ella.

27Honra a tu padre con todo tu corazón, y no olvides los dolores de tu madre.

28Recuerda que ellos te engendraron, ¿qué les darás a cambio de lo que te dieron?

29Teme al Señor con toda tu alma, y respeta a sus sacerdotes.

30Ama a tu Creador con todas tus fuerzas, y no abandones a sus ministros.

31Teme al Señor y honra al sacerdote, dale su porción tal como te fue prescrito: las primicias, los sacrificios de reparación, la pierna de los animales sacrificados, el sacrificio de santificación y las primicias de las cosas santas.

32Tiende también tu mano al pobre, para que tu bendición sea completa.

33Sé generoso con todos los vivos, y a los muertos no les niegues tu generosidad.

34No te retraigas ante los que lloran, y aflígete con los que se afligen.

35No dejes de visitar al enfermo, porque con estas obras te harás querer.

36En todas tus acciones ten presente tu final, y así jamás cometerás pecado.

Apocalipsis 21

1Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe.

2Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.

3Y oí una gran voz desde el trono que decía: «He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios».

4Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido.

5Y dijo el que está sentado en el trono: «Mira, hago nuevas todas las cosas». Y dijo: «Escribe: estas palabras son fieles y verdaderas».

6Y me dijo: «Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente.

7El vencedor heredará esto: yo seré Dios para él, y él será para mí hijo.

8Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, impuros, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda».

9Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me habló diciendo: «Mira, te mostraré la novia, la esposa del Cordero».

10Y me llevó en espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios,

11y tenía la gloria de Dios; su resplandor era semejante a una piedra muy preciosa, como piedra de jaspe cristalino.

12Tenía una muralla grande y elevada, tenía doce puertas y sobre las puertas doce ángeles y nombres grabados que son las doce tribus de Israel.

13Al oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, al poniente tres puertas,

14y la muralla de la ciudad tenía doce cimientos y sobre ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero.

15Y el que hablaba conmigo usaba como medida una caña de oro para medir la ciudad, sus puertas y su muralla.

16La ciudad se asienta sobre un cuadrado: su longitud es igual a su anchura. Y midió la ciudad con la caña: doce mil estadios; su longitud, anchura y altura son iguales.

17Y midió su muralla: ciento cuarenta y cuatro codos, con medida humana, que era la del ángel.

18Y el material de su muralla es de jaspe y la ciudad es de oro puro semejante al vidrio puro.

19Y los cimientos de la muralla de la ciudad están adornados con toda clase de piedras preciosas: el primero es de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de calcedonia, el cuarto de esmeralda,

20el quinto de sardónica, el sexto de cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de ágata, el undécimo de jacinto, el duodécimo de amatista.

21Y las doce puertas son doce perlas, cada una de las puertas hecha de una sola perla. Y la plaza de la ciudad era de oro puro como vidrio translúcido.

22Y en ella no vi santuario, pues el Señor, Dios todopoderoso, es su santuario, y también el Cordero.

23Y la ciudad no necesita del sol ni de la luna que la alumbre, pues la gloria del Señor la ilumina, y su lámpara es el Cordero.

24Y las naciones caminarán a su luz, y los reyes de la tierra traerán su gloria hasta ella;

25sus puertas no cerrarán, pues allí no habrá noche,

26y llevarán hasta ella la gloria y el honor de las naciones.

27Y no entrará en ella nada profano, ni el que comete abominación y mentira, sino solo los inscritos en el libro de la vida del Cordero.