Lectura 213 de 365
Eclesiástico 4-5 · Apocalipsis 20
Eclesiástico 4
1Hijo, no prives al pobre del sustento, ni seas insensible a los ojos suplicantes.
2No hagas sufrir al hambriento, ni exasperes al que vive en su miseria.
3No perturbes un corazón exasperado, ni retrases la ayuda al indigente.
4No rechaces la súplica del atribulado, ni vuelvas la espalda al pobre.
5No apartes los ojos del necesitado, ni le des ocasión de maldecirte.
6Porque si te maldice lleno de amargura, su Creador escuchará su imprecación.
7Hazte amar por la asamblea, y ante un grande baja la cabeza.
8Inclina tu oído hacia el pobre, y respóndele con suaves palabras de paz.
9Arranca al oprimido de la mano del opresor, y no seas débil cuando hagas justicia.
10Sé como un padre para los huérfanos y como un marido para su madre. Así serás como un hijo del Altísimo, y él te amará más que tu madre.
11La sabiduría educa a sus hijos y se cuida de los que la buscan.
12El que la ama, ama la vida, y los que madrugan por ella se llenarán de gozo.
13El que la adquiere heredará la gloria y dondequiera que vaya, el Señor lo bendecirá.
14Los que la sirven, sirven al Santo, y a los que la aman, los ama el Señor.
15El que la escucha, juzgará a las naciones, y el que a ella se aplica, vivirá seguro.
16Si confía en ella, la recibirá en herencia, y sus descendientes la tendrán en posesión.
17Porque al principio lo lleva por caminos tortuosos; le infunde miedo y temblor, lo atormenta con su disciplina, hasta que pueda confiar en él, y lo pone a prueba con sus exigencias.
18Pero luego vuelve a él por el camino recto, lo colma de alegría y le revela sus secretos.
19Si él se desvía, lo abandonará y lo dejará a merced de su propia ruina.
20Ten en cuenta las circunstancias y guárdate del mal, pero no te avergüences de ti mismo.
21Porque hay una vergüenza que conduce al pecado, y hay una vergüenza que es honor y gracia.
22No tengas miramientos en perjuicio propio, ni sientas vergüenza por tu caída.
23No dejes de hablar cuando sea necesario, ni escondas tu sabiduría por la belleza.
24La sabiduría se revela en la palabra, y la educación en la forma de hablar.
25No contradigas a la verdad y avergüénzate de tu ignorancia.
26No te avergüences de confesar tus pecados, ni te opongas a la corriente del río.
27No te sometas al insensato, ni tengas miramientos con el poderoso.
28Hasta la muerte lucha por la verdad, y el Señor combatirá por ti.
29No seas arrogante con tu lengua, ni perezoso y negligente en tus obras.
30No seas como león con tu familia, ni un cobarde con tus servidores.
31No tengas tu mano abierta para recibir y cerrada para dar.
Eclesiástico 5
1No confíes en tus riquezas, ni digas: «Con esto me basta».
2No sigas tu instinto y tu fuerza, secundando las pasiones de tu corazón.
3Y no digas: «¿Quién puede dominarme?», porque el Señor ciertamente te castigará.
4No digas: «He pecado, y ¿qué me ha pasado?», porque el Señor sabe esperar.
5Del perdón no te sientas tan seguro, mientras acumulas pecado tras pecado.
6Y no digas: «Es grande su compasión, me perdonará mis muchos pecados», porque él tiene compasión y cólera, y su ira recae sobre los malvados.
7No tardes en convertirte al Señor, ni lo dejes de un día para otro, porque de repente la ira del Señor se enciende, y el día del castigo perecerás.
8No confíes en riquezas injustas, porque de nada te servirán el día de la desgracia.
9No avientes el grano con cualquier viento, ni camines por cualquier sendero; así lo hace el pecador que habla con doblez.
10Mantente firme en tus convicciones, y no tengas más que una palabra.
11Sé pronto para escuchar y tardo en responder.
12Si sabes algo, responde a tu prójimo, pero si no, mano a la boca.
13Hablar puede traer gloria y deshonra, y la lengua es la ruina del hombre.
14Que no te tachen de murmurador, ni pongas emboscadas con tu lengua, porque sobre el ladrón cae la vergüenza, y una severa condena sobre el que habla con doblez.
15En lo grande y en lo pequeño no faltes,
Apocalipsis 20
1Vi también un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una cadena grande en la mano.
2Sujetó al dragón, la antigua serpiente, o sea, el Diablo o Satanás, y lo encadenó por mil años;
3lo arrojó al abismo, echó la llave y puso un sello encima, para que no extravíe a las naciones antes que se cumplan los mil años. Después tiene que ser desatado por un poco de tiempo.
4Vi unos tronos y se sentaron sobre ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en la frente ni en la mano. Estos volvieron a la vida y reinaron con Cristo mil años.
5Los demás muertos no volvieron a la vida hasta pasados los mil años. Esta es la primera resurrección.
6Bienaventurado y santo quien tiene parte en la primera resurrección; sobre ellos no tiene poder la muerte segunda, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.
7Y cuando se cumplan los mil años, Satanás será soltado de la prisión.
8Y saldrá para engañar a las naciones de los cuatro lados de la tierra, a Gog y Magog, y congregarlos para la batalla; serán innumerables como las arenas del mar.
9Avanzaron sobre la anchura de la tierra y cercaron el campamento de los santos y la ciudad predilecta, pero bajó fuego del cielo y los devoró.
10El diablo que los había engañado fue arrojado al lago de fuego y azufre con la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.
11Vi un trono blanco y grande, y al que estaba sentado en él. De su presencia huyeron cielo y tierra, y no dejaron rastro.
12Vi a los muertos, pequeños y grandes, de pie ante el trono. Se abrieron los libros y se abrió otro libro, el de la vida. Los muertos fueron juzgados según sus obras, escritas en los libros.
13El mar devolvió a sus muertos, Muerte y Abismo devolvieron a sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras.
14Después, Muerte y Abismo fueron arrojados al lago de fuego —el lago de fuego es la muerte segunda—.
15Y si alguien no estaba escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.