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Lectura 211 de 365

Sabiduría 19 · Eclesiástico 1 · Apocalipsis 18

Letra: Normal

Sabiduría 19

1Pero sobre los impíos descargó hasta el fin una ira despiadada, porque Dios sabía de antemano lo que iban a hacer:

2que, tras dejarlos marchar y urgirlos con prisas, cambiarían de parecer y saldrían a perseguirlos.

3De hecho, aún estaban en los funerales y llorando sobre las tumbas de los muertos, cuando concibieron otro plan disparatado, y a los que antes habían suplicado para que se fueran, los persiguieron como fugitivos.

4Su merecido destino los arrastraba a tales extremos y los hacía olvidarse del pasado, para que completaran el castigo que aún faltaba a sus tormentos

5y, mientras tu pueblo realizaba un viaje maravilloso, encontraran ellos una muerte insólita.

6Porque toda la creación, obediente a tus órdenes, cambió radicalmente su misma naturaleza, para guardar incólumes a tus hijos.

7Se vio una nube que daba sombra al campamento, la tierra firme que emergía donde antes había agua, el mar Rojo convertido en un camino practicable y el oleaje impetuoso en una verde llanura,

8por donde pasaron en masa los protegidos por tu mano, contemplando prodigios admirables.

9Pacían como caballos, y retozaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador.

10Todavía recordaban lo sucedido en su destierro: cómo la tierra, y no los animales, produjo mosquitos, y cómo el río, en lugar de peces, arrojó multitud de ranas.

11Más tarde vieron también un nuevo modo de nacer las aves, cuando, acuciados por el apetito, pidieron manjares exquisitos

12y, para satisfacerlos, salieron del mar las codornices.

13Y los castigos cayeron sobre los pecadores, no sin el previo aviso de violentos rayos, pues justamente sufrían por sus propias maldades y por haber albergado el odio más feroz contra los extranjeros.

14Hubo quienes no acogieron a unos visitantes desconocidos, pero estos esclavizaron a unos huéspedes bienhechores.

15Más aún —y de eso se les pedirá cuentas—, acogieron hostilmente a los extranjeros;

16pero estos, después de recibir con agasajos a los que gozaban de los mismos derechos que ellos, los maltrataron con trabajos terribles.

17Y también fueron heridos de ceguera, como aquellos que a la puerta del justo Lot, envueltos en densas tinieblas, buscaban cada uno la entrada de su puerta.

18Los elementos se intercambiaban sus propiedades, igual que los sonidos del arpa pueden cambiar el ritmo, manteniendo la misma tonalidad. Y esto se deduce claramente a la vista de lo sucedido;

19pues los seres terrestres se volvían acuáticos, y los que nadan se paseaban por la tierra.

20El fuego aumentaba en el agua su propia fuerza y el agua olvidaba su poder extintor.

21Las llamas, por el contrario, no consumían las carnes de los débiles animales que entre ellas caminaban, ni derretían aquella especie de manjar divino, parecido a la escarcha y tan fácil de derretir.

22En todo, Señor, engrandeciste y glorificaste a tu pueblo, y no dejaste de asistirle en todo tiempo y lugar.

Eclesiástico 1

1Toda sabiduría viene del Señor y está con él por siempre.

2La arena de los mares, las gotas de la lluvia y los días del mundo, ¿quién los contará?

3La altura de los cielos, la anchura de la tierra y la profundidad del abismo, ¿quién las escrutará?

4Antes que todo fue creada la sabiduría, y la inteligencia prudente desde la eternidad.

5La fuente de la sabiduría es la palabra de Dios en las alturas y sus canales son mandamientos eternos.

6La raíz de la sabiduría, ¿a quién fue revelada? y sus recursos, ¿quién los conoció?

7La ciencia de la sabiduría, ¿a quién fue revelada? y su mucha experiencia, ¿quién la conoció?

8Uno solo es sabio, temible en extremo: el que está sentado en su trono.

9El Señor mismo creó la sabiduría, la vio, la midió y la derramó sobre todas sus obras.

10Se la concedió a todos los vivientes y se la regaló a quienes lo aman. El amor del Señor es sabiduría digna de honor; a los que se revela, se la distribuye para que lo vean.

11El temor del Señor es gloria y honor, alegría y corona de júbilo.

12El temor del Señor deleita el corazón, da alegría, gozo y larga vida. El temor del Señor es un don del Señor, pues se asienta sobre los caminos del amor.

13El que teme al Señor tendrá un buen final y el día de su muerte será bendecido.

14El comienzo de la sabiduría es temer al Señor; fue creada con los fieles en el seno materno.

15Entre los humanos estableció su asiento eterno, y con su descendencia se mantendrá fiel.

16Plenitud de la sabiduría es temer al Señor; embriaga a sus fieles con sus frutos.

17Les llena de tesoros toda la casa y de sus productos los graneros.

18Corona de la sabiduría es el temor del Señor; ella hace florecer la paz y la buena salud. Ambas son dones del Señor para la paz, extienden la gloria a los que lo aman.

19Dios vio y midió la sabiduría, hizo llover ciencia e inteligencia y exaltó la gloria de los que la poseen.

20Raíz de la sabiduría es temer al Señor, sus ramas son larga vida.

21El temor del Señor aleja los pecados, el que persevera aleja la cólera.

22El injusto apasionado no puede justificarse, porque la furia de su pasión le hará caer.

23El hombre paciente aguanta hasta el momento oportuno, y al final su paga es la alegría.

24Hasta el momento oportuno retiene sus palabras, por eso muchos alaban su prudencia.

25Entre los tesoros de la sabiduría hay proverbios muy atinados, pero adorar al Señor repugna al pecador.

26Si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos, y el Señor te la concederá.

27Porque el temor del Señor es sabiduría e instrucción, le agradan la fidelidad y la mansedumbre.

28No seas reacio al temor del Señor, ni te acerques a él con doblez de corazón.

29No seas hipócrita delante de los demás y vigila siempre tus labios.

30No te ensalces a ti mismo, si no quieres caer y cubrirte de vergüenza, pues el Señor revelará tus secretos y te humillará en medio de la asamblea, porque no te has acercado al temor del Señor y tienes el corazón lleno de engaño.

Apocalipsis 18

1Después de esto vi otro ángel que bajaba del cielo con gran autoridad, y la tierra se deslumbró con su resplandor.

2Y gritó con fuerte voz: «Cayó, cayó la gran Babilonia. Y se ha convertido en morada de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo, en guarida de todo pájaro inmundo y abominable;

3porque del vino del furor de su prostitución han bebido todas las naciones, los reyes de la tierra fornicaron con ella, y los mercaderes de la tierra se enriquecieron con el poder de su opulencia».

4Y oí otra voz del cielo que decía: «Pueblo mío, salid de ella, para que no os hagáis cómplices de sus pecados y para que no os alcancen sus plagas;

5porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus crímenes.

6Pagadle con su misma moneda, devolvedle el doble de sus obras, mezcladle en la copa el doble de lo que ella mezcló.

7En proporción a su fasto y a su lujo, dadle tormento y duelo. Porque ella decía en su corazón: “Estoy sentada como una reina, no soy viuda y no veré duelo nunca”;

8por eso, en un solo día vendrán todas sus plagas, muerte, duelo y hambre, y será consumida por el fuego, porque es poderoso el Señor Dios que la condena.

9Llorarán y harán duelo por ella los reyes de la tierra que con ella fornicaron y se dieron al lujo, cuando vean el humo de su incendio;

10y desde lejos, por miedo a su tormento, dirán: “¡Ay, ay de la gran ciudad, Babilonia, la ciudad poderosa! ¡Porque en una hora ha llegado tu castigo!”.

11También los mercaderes de la tierra llorarán y harán duelo por ella, porque ya nadie compra sus mercancías:

12mercancías de oro y plata, piedras preciosas y perlas; de lino, púrpura, seda y escarlata, toda clase de madera aromática, los objetos de marfil, instrumentos de madera preciosa, de bronce, hierro y mármol;

13cinamomo y plantas olorosas, perfumes, mirra e incienso, vino y aceite, flor de harina y trigo, vacas y ovejas, caballos y carros, esclavos y personas humanas.

14Y los frutos maduros, tan apetecidos por ti, se alejaron de ti, todo lo precioso y espléndido se ha acabado para ti, y ya nunca volverán.

15Los que comerciaban con estos productos, que se hicieron ricos a costa de ella, se quedarán lejos por miedo de su tormento, llorando y lamentándose así:

16“¡Ay, ay de la gran ciudad! La que se vestía de lino, púrpura y escarlata y se enjoyaba con oro, piedras preciosas y perlas.

17¡Porque en una hora ha quedado asolada tanta riqueza!”». Y todos los pilotos, los que navegan de puerto en puerto, los marineros y cuantos bregan en el mar, se quedaron lejos

18y gritaban al ver el humo de su incendio: «¿Qué otra ciudad tan castigada como la gran ciudad?».

19Se echaron polvo en la cabeza y gritaban llorando y haciendo duelo: «¡Ay, ay de la gran ciudad, a cuya costa se hicieron ricos todos los que tenían barcos en el mar; que en una hora ha quedado asolada!».

20¡Regocíjate, cielo, por ella, y también vosotros, los santos, los apóstoles y los profetas! Porque Dios, al condenarla, ha reivindicado vuestra causa.

21Un ángel vigoroso levantó una piedra grande como una rueda de molino y la precipitó al mar diciendo: «Así, con este ímpetu será precipitada Babilonia, la gran ciudad, y no quedará rastro de ella.

22No se escuchará más en ti la voz de citaristas ni músicos, de flautas y trompetas. No habrá más en ti artífices de ningún arte; y ya no se escuchará en ti el ruido del molino; ni brillará más en ti luz de lámpara;

23ni se escuchará más en ti la voz del novio y de la novia, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra y con tus brujerías embaucaste a todas las naciones.

24Y en ella se encontró sangre de profetas y de santos y de todos los degollados en la tierra».